lunes octubre 25 2021 - día 298
publicidad
De olvidos a ‘olvidos’
Editor General
04/10/2021 10:00am
#Columnas de opinión#Opinión y Política

Apunte/Jorge Guillermo Cano

Luego de los hechos brutales del dos de octubre de 1968, en Tlatelolco (el sábado que pasó se cumplieron 53 años) donde perdieron la vida cientos de estudiantes a manos de fuerzas regulares del ejército mexicano y el tristemente célebre “Batallón Olimpia”, el movimiento estudiantil se replegó y muchos pensaron que jamás volvería a tomar las calles. Así de traumático había sido el desenlace.

A poco menos de tres años después, el 10 de junio de 1971, una manifestación estudiantil fue brutalmente reprimida por un grupo paramilitar, los “halcones”, en las inmediaciones del Casco de Santo Tomás, en la ciudad de México.

Era regente del Distrito Federal Alfonso Martínez Domínguez (“halconso”, lo apodaron en lo sucesivo) y presidente de México Luis Echeverría Álvarez, el de las 40 giras internacionales y los aviones fletados repletos de intelectuales partidarios de la llevada y traída “apertura democrática”.

Echeverría prometió castigar a los culpables de la matanza del “jueves de corpus” y, pese a que se contaba con testimonios fílmicos, una gran cantidad de fotos y grabaciones, nunca cumplió su promesa, como tantas otras que han hecho los presidentes mexicanos.

HEROÍSMO EN RETIRADA

Pero el impacto de Tlatelolco (cuando Echeverría era Secretario de Gobernación, en el gabinete de Gustavo Díaz Ordaz) sumado a la condena por el 10 de junio, obligaron al presidente a plantear un giro que, aunque relativo, derivó en la liberación de presos políticos durante 1971 y 1972.

En el último año de su gobierno, Echeverría fue expulsado a pedradas de la UNAM. La memoria estaba fresca aún, pero la promesa oficial de castigar a los responsables de la masacre del 10 de junio de 1971 nunca se cumplió.

El heroísmo, por lo demás, hace tiempo que salió corriendo de las universidades y los tiempos en que los políticos oficiales mejor pasaban lejos de los campus, ya se fue. Ahora entran como a su casa.

Y QUEDARON IMPUNES

En estos días, reinstitucionalizado el 2 de octubre (la connotación de “movimiento estudiantil popular” todavía algo retirado en la “prudencia” del recuerdo, aunque cualquier día se le integra al discurso) no faltaron voces estridentes que en su momento estuvieron en silencio o en la complicidad.

El saldo de muertos y desaparecidos, en la tristemente célebre masacre de Tlatelolco, aún no se conoce con exactitud, pero, sin duda, asciende a centenares. En 1993 se constituyó la “Comisión de la Verdad” que poco o nada avanzó, mientras en la mente de nuestra generación siguen resonando los nombres de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, los criminales represores impunes.

Quien esto escribe, sobreviviente del dos de octubre de 1968, cuando la barbarie nos marcó para siempre, sólo espera que el sacrificio de aquella juventud de genuina rebeldía tenga algún el día la recompensa de un México distinto.

DESPUES DE TLATELOLCO

Hasta finales de los años sesenta, México vivía un clima de aparente estabilidad y había logrado un avance económico importante durante el llamado período del “desarrollo estabilizador”. Sin embargo, los beneficiarios del crecimiento económico, entonces como ahora, eran las minorías privilegiadas y el tamaño de las asimetrías comenzaba a expresarse con marcada contundencia.

El movimiento estudiantil-popular de 1968 operó como detonante de una inconformidad social que se mantenía en estado latente; expresó el rechazo a las formas tradicionales, verticales y autoritarias que caracterizaron al sexenio de Díaz Ordaz y puso en cuestión, por primera vez en mucho tiempo de manera abierta, la naturaleza fragmentaria de los beneficios derivados del desarrollo relativo.

EL MÉXICO QUE PERMANECE

Luego de cincuenta y tres años, los referentes de la inequidad permanecen y los signos de la inconformidad están presentes, en mayor o menor medida, a lo largo y ancho del país. Los tiempos, ciertamente, en algo han cambiado pero ningún análisis serio de la situación actual puede marginar los riesgos evidentes, si la esperanza es de nuevo marginada.

Por nuestra parte, como miembros de la generación del 68 que vivimos la tragedia que todavía nos asalta, la reiteración del dolor profundo y el compromiso de una juventud que permanece pegada a nuestras entrañas (y la vida sigue)  (cano.1979@live.com).

menu