Por: Javier López Acosta
A propósito del futbol, corría el año 2003 cuando el FC Dorados de Culiacán protagonizó una de las gestas más recordadas del deporte sinaloense. El conjunto culichi se coronó campeón del Torneo Apertura 2003 de la Primera División “A”, luego de imponerse al Club Cobras de Ciudad Juárez en una final intensa, disputada con entrega y emoción hasta el último minuto.
El encuentro fue un auténtico duelo de poder a poder. Tras una serie muy cerrada, el marcador global favoreció a Dorados por 4-3. La anotación decisiva llegó en los tiempos extras por conducto de Guadalupe Castañeda, cuyo gol hizo estallar de júbilo a la afición reunida en el entonces estadio Carlos González y González, hoy conocido como Estadio Banorte.
Aquel título significó mucho más que la conquista de un campeonato. Representó el nacimiento de una época dorada para el futbol de Culiacán y fortaleció la identidad de una afición que encontró en Dorados un motivo de orgullo y pertenencia. Ese histórico triunfo sentó las bases para que, tiempo después, el club lograra abrirse paso hasta la máxima categoría del futbol mexicano, hoy Liga MX.
Más de dos décadas después, aquella noche sigue viva en la memoria de quienes fueron testigos de una hazaña que colocó a Culiacán en el mapa del futbol nacional y confirmó que los sueños también pueden cumplirse desde la capital sinaloense.
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