En el recién establecido centro de detención ‘Alligator Alcatraz’ en los Everglades de Florida, decenas de migrantes han descrito una situación angustiosa y deplorable.

Las condiciones infrahumanas son evidentes en las carpas improvisadas donde se encuentran alojados, sufriendo un calor y una humedad asfixiantes, junto a la escasez de agua y alimentos en pésimo estado.

Las declaraciones de testigos, detenidos y sus familiares desmienten las afirmaciones oficiales que indican que el lugar cumple con los estándares necesarios.

Testimonios como el de Vladimir Miranda, migrante cubano detenido, y su pareja Eveling Ortiz, revelan la cruda realidad de no poder bañarse adecuadamente, escasez de alimentos y la falta de acceso a servicios legales básicos.

Situaciones similares han sido reportadas por otros detenidos, como Leamsy “La Figura” Izquierdo y la esposa de un migrante guatemalteco.

Los abogados de los detenidos han comparado el trato recibido con el de “ratas en un experimento”, mencionando la presencia de comida en mal estado, baños desbordados, mosquitos constantes y la supuesta confiscación de biblias.

Trump visita Alligator Alcatraz

La organización World Relief ha alertado sobre la prohibición de practicar la religión dentro de la instalación.

La estructura precaria del centro, construida rápidamente en un humedal, ha levantado preocupaciones adicionales. A pesar de un presupuesto inicial de 450 millones de dólares, documentos filtrados indican un incremento en los costos.

La alcaldesa de Miami-Dade ha exigido medidas de monitoreo y evacuación en caso de huracanes, dada la ubicación de alto riesgo climático.

En medio de las controversias, las autoridades locales defienden la condición del centro, mientras que los testimonios de los afectados plantean una situación alarmante que requiere una pronta solución y supervisión constante.

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