
Con la intención de impulsar la industria interna en sectores cruciales como la defensa, la electrónica y el automotor, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha comunicado la implantación de un arancel del 50% sobre el cobre a partir del 1 de agosto.
Esta medida se suma a una serie de aranceles sectoriales previamente impuestos por Trump para fomentar la producción nacional, generando preocupaciones sobre un posible aumento de costos para los consumidores estadounidenses.
Los principales proveedores de cobre a Estados Unidos en 2024, como Chile, Canadá y México, se perfilan como los países más perjudicados por este nuevo arancel.
De acuerdo con la Oficina del Censo de Estados Unidos, estos países suministraron la mayor cantidad de cobre refinado, aleaciones de cobre y productos de cobre al territorio estadounidense el año pasado.
Trump justificó la imposición de estos aranceles mencionando la importancia del cobre en diversas industrias como la fabricación de semiconductores, aviones, sistemas de defensa y armamento, entre otros.
La dependencia de Estados Unidos de las importaciones de cobre refinado es significativa y, en 2024, el país importó 810 mil toneladas métricas de esta materia prima, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos.
Es importante destacar los acuerdos de libre comercio que Chile, Canadá y Perú tienen con Estados Unidos, comunicando que las importaciones provenientes de sus países no representan una amenaza para la nación norteamericana y, por ende, no deberían estar sujetas a aranceles.
Además, la extracción de cobre en Arizona, estado donde se extrae más de dos tercios del cobre del país, se ha visto obstaculizada por el estancamiento en el desarrollo de una nueva mina planificada por Rio Tinto y BHP que lleva más de una década sin avanzar.
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