
Redacción.- Con el amanecer del Domingo de Resurrección, también conocido como Domingo de Pascua, culmina la Semana Santa y comienza un tiempo de alegría y renovación espiritual para millones de creyentes alrededor del mundo.
Este día, considerado el más importante dentro del calendario cristiano, conmemora la resurrección de Jesucristo, tres días después de su crucifixión.
Lejos de ser solo una fecha religiosa, el Domingo de Resurrección simboliza la victoria de la vida sobre la muerte, de la luz sobre la oscuridad, y marca el inicio de un nuevo ciclo para los fieles.
Según los Evangelios, Jesús fue crucificado un viernes, conocido como el Viernes Santo, y su cuerpo fue colocado en un sepulcro.
El domingo, al amanecer, un grupo de mujeres encontró la tumba vacía. Un ángel les anunció: “No está aquí, ha resucitado”.
Este evento no solo es la piedra angular del cristianismo, sino también la razón por la cual los cristianos celebran sus misas dominicales cada semana, recordando la resurrección como símbolo de salvación y redención.
“El Domingo de Resurrección nos recuerda que la fe vence al miedo y que el amor es más fuerte que la muerte”, explica el padre Juan Carlos Méndez, párroco en la Ciudad de México.
“Es un día para celebrar la esperanza viva que nace con Cristo resucitado”, agrega.
En muchas partes del mundo, incluyendo México, el Domingo de Pascua se celebra con una misa solemne y procesiones acompañadas de cantos y flores.
Las iglesias, que durante la Semana Santa permanecen en recogimiento, se llenan de luz, incienso y campanas para celebrar la Resurrección.
En países como México, España, Italia o Colombia, se realizan actos religiosos especiales, comidas familiares y expresiones populares de fe. Las vestiduras del altar cambian al color blanco, símbolo de pureza y gloria.
También existen tradiciones más familiares principalmente en países anglosajones, como la búsqueda de huevos de Pascua y la presencia del conejo de Pascua, que le dan un tono festivo al día.
Más allá de la religión, el Domingo de Resurrección lleva consigo un mensaje profundamente humano y universal: el poder de empezar de nuevo.
En un mundo afectado por conflictos armados, desigualdad y crisis, la resurrección invita a reflexionar sobre la esperanza, la paz interior y la solidaridad.
“Este día es un llamado a mirar con nuevos ojos la vida, a perdonar, a sanar, y a construir desde el amor”, comenta la teóloga Laura Benítez.
“No es solo un recuerdo de algo que pasó hace siglos, es una experiencia que se puede vivir hoy”, añade.
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