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En la era de la hiperconectividad, donde cada búsqueda, publicación o registro deja una huella, el derecho al olvido digital se ha convertido en una herramienta clave para proteger la privacidad y la dignidad personal.

Este derecho permite que cualquier persona pueda solicitar la eliminación de información personal que aparece en internet, especialmente cuando los datos son irrelevantes, inexactos, obsoletos o afectan la reputación sin justificación legal. Aunque no implica borrar la historia, sí busca equilibrar el acceso a la información con el respeto a la vida privada.

El concepto fue reconocido por primera vez en 2014 por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en el caso de Mario Costeja vs. Google, donde se ordenó al buscador eliminar enlaces que afectaban la imagen del ciudadano español. Desde entonces, el derecho al olvido se ha incorporado en legislaciones como el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) en Europa.

En México, aunque no existe una ley específica que lo regule con ese nombre, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) reconoce el derecho de cancelación de datos personales, que permite solicitar la eliminación de información en posesión de empresas, instituciones o plataformas digitales.

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Para ejercerlo, se puede presentar una solicitud ARCO (Acceso, Rectificación, Cancelación y Oposición) ante el responsable del tratamiento de datos. En el caso de buscadores como Google, existe un formulario específico para pedir la desindexación de enlaces que contengan información personal.

Este derecho cobra relevancia en casos de difamación, errores judiciales, exposición de datos sensibles, o simplemente cuando una persona desea reiniciar su vida digital sin que su pasado la persiga en cada búsqueda.

Sin embargo, no es absoluto. Las solicitudes pueden ser rechazadas si la información tiene interés público, está relacionada con figuras públicas, o forma parte de registros oficiales. El reto está en encontrar el equilibrio entre libertad de expresión, derecho a la información y protección de datos personales.

En un contexto donde la reputación digital puede afectar desde oportunidades laborales hasta relaciones personales, el derecho al olvido se vuelve una herramienta esencial para recuperar el control sobre la propia identidad en línea.

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