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Ciudad de México.- Cortar cebollas es una de las tareas más comunes en la cocina y, al mismo tiempo, una de las más incómodas. Para muchas personas, basta con partir una cebolla por la mitad para que los ojos comiencen a arder y a llenarse de lágrimas de forma casi inmediata.

Este fenómeno cotidiano tiene una explicación científica clara y, lejos de ser una simple molestia, es el resultado de un sofisticado mecanismo de defensa natural de la planta.

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¿Por qué lloramos al picar cebollas?

Las cebollas contienen en su interior una serie de compuestos químicos diseñados para protegerlas de microbios, animales e insectos. Mientras la cebolla permanece intacta, estas sustancias están separadas dentro de sus células.

Sin embargo, cuando se corta o se pica, las células se rompen liberando enzimas y compuestos que reaccionan entre sí. Uno de las sustancias principales de este proceso es la enzima alinasa, que entra en contacto con precursores de azufre presentes en el vegetal.

Al combinarse, estas sustancias generan un gas volátil rico en azufre. Este gas se libera al aire y llega rápidamente a los ojos de quien está cortando la cebolla. Al entrar en contacto con la humedad natural de la superficie ocular, el gas se transforma en una sustancia irritante que se comporta de manera similar a un ácido débil, relacionado con el ácido sulfúrico.

Esta reacción química es la responsable de la sensación de ardor, picazón y, finalmente, del lagrimeo.

El cuerpo humano responde de manera automática a esta agresión química. El cerebro interpreta la irritación como una amenaza y activa un mecanismo de defensa: aumentar la producción de lágrimas.

El objetivo es diluir y eliminar la sustancia irritante lo más rápido posible para proteger los ojos. Por eso, entre más intenso es el gas liberado o más tiempo se permanece expuesto, mayor es la cantidad de lágrimas que se producen.

Lo que para los humanos es una molestia temporal, para la cebolla es una estrategia efectiva para evitar ser consumida. Así, cada lágrima es el resultado de una batalla química entre la biología vegetal y los sentidos humanos.

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¿Cómo evitar el lagrimeo al cortar cebollas?

Existen formas prácticas de reducir este efecto. Una de las recomendaciones más conocidas es lavar la cebolla antes de cortarla o hacerlo bajo un chorro de agua. El agua ayuda a atrapar parte del gas con azufre antes de que llegue a los ojos, disminuyendo así la irritación.

Otra estrategia eficaz es refrigerar o congelar la cebolla durante unos 10 minutos antes de cortarla. El frío ralentiza las reacciones químicas que generan el gas lacrimógeno, lo que reduce su liberación.

También influyen otros factores, como el tipo de cuchillo. Utilizar un cuchillo bien afilado provoca cortes más limpios y daña menos las células de la cebolla, lo que limita la cantidad de sustancias químicas que se liberan. En contraste, un cuchillo sin filo aplasta el tejido y favorece una mayor liberación del gas irritante.

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