A 23 días de la desaparición de Nancy Guthrie, madre de la periodista estadounidense Savannah Guthrie, el colectivo Madres Buscadoras de Sonora se unió a la búsqueda en Tucson, Arizona, aportando su experiencia en rastreos en el desierto.
Con la experiencia acumulada en el desierto mexicano, donde han localizado a más de cinco mil personas desde 2019, las voluntarias iniciaron recorridos en Tucson, Arizona, con la esperanza de aportar pistas que permitan dar con el paradero de la mujer de 84 años.
¿Por qué se sumaron a la búsqueda en Estados Unidos?
Por primera vez desde su creación en 2019, el colectivo participa en una búsqueda fuera de México. Fueron contactadas por una amiga cercana a la familia Guthrie y decidieron aportar su experiencia en la localización de personas desaparecidas.
¿Qué experiencia aportan en el desierto?
Las Madres Buscadoras han localizado más de 5 mil personas en Sonora, entre víctimas con vida y restos humanos. Su método incluye observar señales en el terreno: ramas rotas, cactus pisados o tierra removida, que pueden indicar rastros de desaparición.
¿Qué herramientas utilizan en sus recorridos?
Una de sus técnicas más conocidas es el uso de una cruz de metal que entierran en lugares sospechosos. Si la punta detecta olor a cadáver, marcan el sitio y lo reportan a las autoridades. En Arizona, cuentan con permisos de la Oficina del Alguacil del Condado Pima para colaborar oficialmente.
¿Qué significa esta búsqueda para las familias?
Las integrantes del colectivo destacan que lo más doloroso es la incertidumbre. Prefieren recuperar restos y tener certeza, antes que vivir toda la vida sin saber qué ocurrió. En el caso de Nancy Guthrie, la urgencia aumenta por sus problemas de salud.
¿Cómo reaccionó la comunidad local?
Vecinos de Tucson se han sumado colocando un altar con flores amarillas frente a la casa de Guthrie y recibiendo volantes informativos entregados por las Madres Buscadoras. El caso ha captado atención nacional e internacional.
La participación de las Madres Buscadoras de Sonora en Arizona marca un precedente en su lucha contra la desaparición forzada. Su experiencia, nacida del dolor propio, ahora se convierte en esperanza para una familia estadounidense que enfrenta la misma incertidumbre que miles de familias mexicanas.
