Ciudad de México .- Durante el operativo del alcoholímetro en Semana Santa, 115 personas fueron detenidas y pasaron entre 20 y 36 horas en el Centro de Sanciones Administrativas conocido como El Torito, donde la rutina, el hacinamiento y las anécdotas marcaron la jornada.
La madrugada del sábado, los internos fueron sacados de los dormitorios para rendir honores a la bandera. Desde entonces, el tiempo se volvió interminable: filas para comer, charlas obligatorias sobre adicciones y largas horas de espera en un patio gris, sin celulares ni agujetas en los zapatos.
Las comidas marcaron el ritmo del día: chicharrón en salsa roja por la mañana, pollo en mole al mediodía y longaniza en salsa roja por la noche. Los internos debían lavar sus charolas y vasos, mientras los baños ofrecían un panorama insalubre.
Entre plato y plato, psicólogos y trabajadores sociales ofrecieron charlas y encuestas, aunque pocos prestaron atención. La biblioteca y la tiendita fueron refugio para los más lúcidos.
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El hacinamiento en los dormitorios fue evidente: espacios para cuatro personas llegaron a albergar hasta 20. Entre ronquidos, quejidos y carcajadas, cada quien vivió su propia burbuja de soledad.
Las anécdotas se convirtieron en el alivio del encierro: un taxista que ignoró la advertencia de su hijo, un hombre que juraba haber bebido solo una cerveza, y un ingeniero que confesó tener tres mujeres esperándolo afuera.
La hora de visita trajo escenas de telenovela, como la discusión de una pareja sobre la bebida y el amor. Al final, la rutina se repitió con pases de lista y la pregunta constante: “¿a qué hora te toca salir?”.
¿Cuántas personas fueron detenidas?
115, la mayoría por alcoholímetro.
¿Cómo fue la rutina diaria?
Honores a la bandera, comidas austeras, charlas y largas filas.
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¿Qué condiciones había en los dormitorios?
Hacinamiento, olores fuertes y hasta 20 personas en espacios para cuatro.
¿Qué historias marcaron la jornada?
Anécdotas de taxistas, ingenieros y parejas que discutieron sobre la bebida.
El Torito volvió a ser escenario de penitencia en Semana Santa, donde la soledad compartida, la rutina y las resacas se mezclaron con historias que reflejan la vida cotidiana de quienes cayeron en el operativo del alcoholímetro.
Con información de La Jornada
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