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Internacional.- Los huracanes son sistemas de tormentas de gran tamaño que pueden provocar lluvias torrenciales, vientos destructivos, inundaciones y deslaves. Sin embargo, la intensidad de sus efectos no es igual en todas sus zonas.
El paso del huracán Simón, que recientemente se mantuvo como categoría 1 frente a las costas del Pacífico mexicano, volvió a poner atención sobre la estructura de estos fenómenos y las áreas donde pueden concentrarse los mayores riesgos.
¿Cuáles son las partes de un huracán?
De acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), un ciclón tropical está compuesto principalmente por bandas nubosas, el ojo y la pared del ojo.
Las bandas nubosas forman espirales alrededor del centro y pueden generar fuertes lluvias, ráfagas de viento e incluso tornados. Además, pueden extenderse a cientos de kilómetros del centro del sistema.
En el centro se encuentra el ojo del huracán, una zona caracterizada por menor presión, aire descendente y condiciones relativamente tranquilas. Generalmente presenta poca nubosidad y vientos mucho más débiles que los registrados alrededor.

Partes de un huracán
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¿Cuál es la zona más peligrosa de un huracán?
La pared del ojo es considerada la zona más peligrosa, debido a que concentra los vientos más fuertes y tormentas eléctricas intensas. En esta región también pueden registrarse lluvias torrenciales.
Además, existe una diferencia dependiendo de la trayectoria del fenómeno. En el hemisferio norte, el lado derecho del huracán respecto a su dirección de desplazamiento suele ser más peligroso, porque la velocidad de los vientos que giran alrededor del sistema se suma a la velocidad con la que avanza el propio huracán.
Por ejemplo, si un huracán avanza hacia el oeste, los vientos más intensos pueden concentrarse en su lado norte.
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¿El ojo del huracán es realmente seguro?
Aunque el ojo suele presentar condiciones de calma, no significa que el peligro haya terminado.
La NOAA advierte que durante el paso del ojo pueden presentarse cielos despejados y una disminución repentina de los vientos, pero poco después puede regresar la pared del ojo con condiciones extremadamente peligrosas y vientos provenientes de la dirección contraria.
Por ello, una aparente calma durante un huracán no debe interpretarse como una señal para salir de un refugio o abandonar un lugar seguro.
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