Reinventando la Política

Guardia Nacional

Lo que se juega en la reforma a la Guardia Nacional es la eliminación de la prohibición constitucional de que los militares realicen tareas ajenas a la disciplina militar, esta disposición está desde las leyes de Reforma de 1857. Esta reforma dejará a criterio presidencial la forma y cantidad del uso del poder de las Fuerzas Armadas para tareas de seguridad pública sin pasar por los controles de nuestra Carta Magna. Además, argumentan especialistas, el fuero militar continuará funcionando como un manto de protección para los efectivos que realicen violaciones a los derechos humanos.

Sin duda, esta reforma va a terminar de militarizar los controles de seguridad pública, pero aquí la pregunta es válida: si un miembro de la Guardia Nacional ya pasada a la Sedena golpea a un joven o detiene arbitrariamente a alguien, ¿en qué tribunal será procesado? ¿En uno civil o en uno militar?

Sin duda nadie votó para que los militares tuvieran patente de corso para violar derechos humanos y no quiere decir que lo van a hacer, pero si ante los eventos violentos de alto impacto, las Fuerzas Armadas pueden llegar a violaciones flagrantes de los Derechos Humanos. ¿Y a dónde los van a acusar? ¿Quién impartirá justicia, si están bajo jurisdicción militar? Lo más seguro es que los protejan.

Casos como el de Ayotzinapa que cumplirá mañana 10 años nos muestra cómo las Fuerzas Armadas pueden llegar a operar impunemente.

En el país se están desapareciendo personas, diario la maquinaria de desaparición está multiplicando el número de desaparecidos y en esta nación no hay culpables.

Antes había a quien echarle la culpa: era el Estado, pero al privatizar la violencia el Estado se quitó la máscara y se la puso al crimen organizado.

Y ahora ya nadie sabe quien desaparece personas y como nadie sabe no hay culpables.

Las fosas de desapariciones humanas nos develan que nuestra democracia no se construyó bien y como dijo una maestra: los desaparecidos son un pie de página en el  relato de la democracia mexicana.

Somos una nación que no camina sobre el perdón, sino sobre el dolor y sobre ese dolor vamos dejando resabios sociales, porque no hay justicia.

Los desaparecidos son arriba de 100 mil en el país, tenemos cientos de miles de familias llorando por uno o más seres queridos y sobre esa bancarrota social del país vamos transitando.

En Argentina en 1985 llevaron a juicio a los militares que desaparecieron sistemáticamente a por lo menos 30 mil ciudadanos y de repente un juez emitió una sola frase que caló hondo en ese pueblo que supo contener a sus Fuerzas Armadas a un sólo golpe de mállete: YA NUNCA MÁS.

La tranquilidad es la plusvalía del crimen organizado, el patrón a medida que extrae plusvalía del trabajador más acumula ganancia y con ello capital, en cambio el crimen organizado entre más tranquilidad extrae de la población más gana porque impone sus reglas del juego al implantar el miedo en los territorios.

Aquí en México 39 años después nos han desaparecido el triple que la Argentina de la Junta Militar y no hay nadie que detenga a esa maquinaria del horror, no hay nadie que diga: YA NUNCA MÁS.

Y se siguen llenando las fosas porque no hay perdón y mucho menos justicia, pero eso sí, le damos más poder al Ejército.

Todavía nos falta mucho como país, porque nadie quiere, puede o sabe como bajarle el switch a las desapariciones. El cuerpo se volvió negocio y desaparecerlo una herramienta para instaurar miedo y con ello una estrategia de dominación de los territorios.

Los militares saben de controlar territorios (cuando quieren)… y todavía les van a dar más poder.