marchan por justicia para familia baleada en culiacan basta

La gente salió a protestar para exigir seguridad y a que no se vuelva a repetir el ataque a niños. ¡A los niños no!: gritaba la gente.
Me dicen amigos que había gente que estaba trabajando y, al ver la marcha, se iban sumando, y también hubo gente que se quedó en sus casas o en sus trabajos, pero vistieron de blanco por solidaridad. Algo había en el ambiente que se unificó. Era, tal vez, hartazgo o, tal vez, coraje. El asesinato de los dos hermanitos ha calado hondo en la sociedad, tan hondo que la gente decidió salir a protestar.

Y fue el entramado comunitario, el entorno de estos niños, el tejido de la escuela, sus maestros, directores, madres y padres de familia los que hicieron extensiva la invitación y decidieron salir y manifestarse.

El ambiente era de tristeza, pero podía más la capacidad de expresarse, de decir lo que se sentía, y es que el dolor fue expansivo. La gente decía que la víctima podía ser cualquiera.

La marcha, al llegar al ayuntamiento, después de dejar la ofrenda, se pasó a Palacio de Gobierno. Ahí, al parecer, no hubo operación política para garantizar una reunión con el gobernador. “Esperen 10 minutos o tal vez más”, dijeron, y nadie garantizaba la reunión, lo que hizo que la gente ya en el tercer piso rompiera paredes y continuara gritando arengas. Hubo personas que detuvieron los ánimos y la gente empezó a retirarse.

Todos queremos mejores días. Ya no queremos oír las ráfagas o que las charlas comunes sean los ataques, las balaceras y las muertes. Ya no queremos seguir viviendo con miedo. Algo tiene que pasar a favor, y eso debe ser que recobremos lo que nos pertenece: nuestra tranquilidad.

La marcha de ayer prendió una chispa… Todavía no sabemos qué pasará, pero lo cierto es que ya no queremos sangre en las calles y que la seguridad de los niños se garantice.

Sería bueno que las autoridades fueran a la comunidad educativa de la Primaria Sócrates y hablaran con los niños, los maestros y los padres de familia y, ahí, escuchar, escuchar, escuchar y después actuar con mucha empatía y cercanía.

Eso sería empezar a recomponer el diálogo.