No es regla escrita, pero si en Sinaloa cambian al Director de C4 lo que sigue es el cambio del Secretario de Seguridad Estatal.
Y así pasó en los últimos días de diciembre, como bien lo explicó el genial Arturo Vargas, el gran Avecé, en su “Tarjeta Negra” de hace 15 días titulada “Regalo insuficiente”, en la cual se ve a un general Mérida con binoculares y descubre a Santa en su trineo y al preguntarle: ¿Qué me trajiste de regalo? El viejo del polo norte se lo echa al hombro y le dice: mi regalo para Culiacán es sacarte de aquí…

La crónica gráfica no solo fue lapidaria, era un clamor muy bien interpretado.

El general retirado Gerardo Mérida se fue sin un solo éxito en su labor. Se había convertido en una loza pesada no solo para el gobierno, sino también para la Defensa Nacional.

Por eso, el Secretario de Seguridad Federal, acantonado y en campaña (policial no política), operó -así se puede leer- la salida de la antigüedad del exsecretario Crescencio Sandoval. Tan fue operado, que llegó en su lugar el exjefe de la primera zona militar en CDMX y compañero de mesa de seguridad del nieto del general García Barragán: el General de Brigada Diplomado de Estado Mayor, Oscar Rentería Schazarino.

Salió un general retirado y entró uno en activo, de ese tamaño es la magnitud de la decisión de seguridad en Sinaloa.

Pero ¿Quién es Oscar Rentería? Es General de Brigada, de esos de águila y dos estrellas que va por su tercera. Es joven y busca ser visionario, tiene presidenta de cabecera, secretario de seguridad amigo y el titular de la Defensa Nacional lo conoce a lo largo de sus respectivas carreras. Fue jefe de la sección tercera de la Defensa y viene de Apatzingán. Algo nos debe decir eso.

Ahora bien, Rentería nombró, con la ayuda del gobernador, al Subsecretario de Seguridad, al General Brigadier de un águila y una estrella, a un viejo conocido de Sinaloa: Humerto Zerón Martínez, excomandante del 94 Batallón de Infantería instalado en el Sauz.

Zerón Martinez, siendo coronel, fue Director de Normatividad en la Oficialía Mayor de la Defensa Nacional cuando la Auditoría Superior de la Federación solicitó información del software Pegasus. ¿Lo recuerda, amable lector? Decir “pegasus” en el gremio periodístico nacional es decir espionaje.

El General Zerón apareció uniformado como policía el día de su designación, como no queriendo perder el tiempo y queriendo tomar el control, algo que tal vez en el pasado no lo habían hecho por desidia, por flojera o por falta de convicción de poder o las tres anteriores.

Parece que los militares que vienen se quieren ganar rápido su siguiente estrella y quieren quedar bien con la presidenta, ya que los ubica bien.

Cabe señalar que los militares que hoy están en Seguridad Pública Estatal no quieren correr el riesgo de salir a reflectores, no quieren tener los errores de su antecesor.

La situación en Sinaloa continua, los militares traen prisa por quedar bien porque estamos a 14 días que en Estados Unidos Donald Trump se juramente como el presidente número 47 (ya fue el número 45), quien trae en jaque al comercio chino, desde autos chinos hasta precursores, y todo eso le pega a nuestro país.

Los militares en Sinaloa son garantes, en parte, de que la afilada espada de Damocles que sostiene Trump no caiga sobre el estado mexicano en forma de aranceles o filtraciones, por eso traen prisa y tienen que dar resultados. Ya nos lo merecemos.

Y Culiacán tiene que ser una ciudad restaurada.