
El ataque al senador colombiano Miguel Uribe en Bogotá, quien es precandidato de la derecha conservadora, podría abrir la espiral de violencia política en ese país, donde Pablo Escobar dejó una huella difícil de borrar a la hora de someter por la vía del terror.
La ciudad de Bogotá, donde fue el atentado, es gobernada por el hijo del candidato asesinado por Escobar: Luis Carlos Galán. Fernando Galán declaró que Colombia no puede volver a las situaciones de violencia política ¿Pues que les está pasando a los colombianos?
Un joven senador con menos de 40 años se dirige a su base política del Centro Democrático, el cual es el principal partido opositor. Las campañas apenas iniciarán en mayo de 2026. Ahora bien, según las autoridades, el sicario que disparó contra el precandidato presidencial es un menor de edad de 15 años. El político fue trasladado a un hospital y, hasta donde se sabe, está en cuidados intensivos.
En Colombia, un menor de edad cimbró a la clase política nacional: disparó un arma y tiene entre la vida y la muerte a un joven político nieto de un expresidente. En la ciudad donde su alcalde es hijo de un candidato asesinado por Escobar, pareciera que en Colombia también las castas se regeneran y el pasado se repite, pareciera que el horror volvió y nadie sabe el por qué.
Pareciera que en Colombia el fantasma de la violencia política y su vástago el asesinato a candidatos o precandidatos presidenciales se está asomando.
En este episodio, fue por manos que ni siquiera tienen la mayoría de edad, pareciera que la cita en La Virgen de los Sicarios, del gran Fernando Vallejo, se hace presente:
“Los muchachos no son de nadie –dice él–, son de quien los necesita”.
A ese niño lo necesitaba la educación ¿En qué le falló el Estado colombiano?
Mientras, acá en Sinaloa, se busca legislar contra los punteros. Como bien expusiera hace unos días una alumna de maestría: “no hay legislación en nuestra entidad para castigar el reclutamiento de menores de edad por el crimen organizado”.
Colombia siempre ha sido un espejo cultural entre los pueblos latinoamericanos y también un espejo social: mariposas amarillas, ángeles caídos, cárteles, narcotráfico, desapariciones, desplazamientos, asesinatos en política y un largo etcetera.
Colombia siempre avisa. Ahorita nos está avisando cómo puede venir la violencia. Al parecer, es con cara de niño.
