
El día de ayer, en un operativo para regularizar motocicletas, se dio un evento de estrés ciudadano y de estrés de la autoridad.
A la conductora de una motocicleta los agentes de Vialidad le quitaron su unidad y se desató un pleito que fue filmado por ciudadanos desde diferentes ángulos.
Hubo golpes de ambos lados, lo que se vio como un desbordamiento por parte del ciudadano y de la autoridad. Esto se puede interpretar como un desbocamiento de reacciones intensas ante un evento de la autoridad intentando regularizar la propiedad de un ciudadano, pero las formas alteraron los ánimos desde ambas partes.
Sin duda, la situación en la que estamos viviendo nos está ocasionando un excesivo desorden emocional que se puede generar en conductas de estrés postraumático. El estar a la expectativa a cada rato por la calle nos ha vuelto cada vez más desconfiados, y esa desconfianza nos ha obligado a proteger nuestras propiedades, lo que se vio en la situación de la ciudadana y de la autoridad: un estrés por prevalecer la propiedad de la motocicleta.
Ahora bien, con cifras de INEGI, en 2005 había 14 mil motocicletas, para 2015 había 36 mil motos en Sinaloa y en el 2022 pasó a 142 mil motocicletas. Esto se explica con los servicios de envío de comida en plataformas más los servicios de vigilancia de la criminalidad, por lo que la moto se volvió un dispositivo de desplazamiento en trabajos emergentes.
Ahora bien, ¿Cuántas motos hay que no tienen placas? Es por ello que el Gobierno del Estado implementó una serie de descuentos para poder emplacar las motos. Como diría una poderosa actriz del cine de oro: “a mí me gusta circular con placas”.
Lo cierto es que lo de ayer fue un desbordamiento de emociones de los ciudadanos y de la autoridad policial. Por un lado, los ciudadanos que andan en moto tienen la oportunidad de regularizar sus motocicletas y la autoridad debe de regular sus emociones y mejorar el abordamiento a los ciudadanos.
La autoridad debe sensibilizar sus modos haciendo valer su posición y nosotros los ciudadanos debemos de cumplir con lo solicitado, pero, en medio, puede aparecerse el abuso y ahorita nadie está para aguantar brutalidad por parte de la autoridad.
Cuando se reestablezca la paz, la gente está esperando una policía más empática, más cercana y que sepa atender a la ciudadanía. Nadie quiere abusos. Cuando la paz llegue, queremos eso:
Vivir tranquilos y que la policía no nos detenga sin motivo… y que vivir en Culiacán siga siendo una bendición de la tierra, un lugar donde a todos nos pueda ir bien.
