En días pasados, tuve la suerte aventurarme en una lectura salida de la pluma del maestro Eduardo Galeano, aquel que con sus venas abiertas desnudaría el complejo tramado social, político y económico que se vive en América Latina. Pues sorpresa me llevo al leer al maestro uruguayo amante del deporte más hermoso del mundo, al punto de llevar su privilegiada pluma a un libro que no solo me cautivo, si no que sacó más de una lágrima tras su lectura (en la próxima entrega les platicaré cómo ha llegado a mí este libro).

Hoy, escribiendo al respecto, y tomando como base el deporte que mueve a millones, y que está a poco menos de jugarse por tercera ocasión una Copa del Mundo en nuestro país, creí buen momento para escribir no del futbol, no del negocio, no de lo que mueve el deporte, ni siquiera de él como el espectáculo en el que se ha convertido. Hoy vengo a hablarles de poco y nada, del amateur soñando con verse como profesional portando la casaca de su selección cual bielsa llevando a la celeste a Walter Domínguez, volviendo realidad lo hoy impensable, cumpliendo el sueño del barrio, pero, al mismo tiempo, topando con un futbol mexicano donde “el rudo y el cursi” hoy quedarían cortos ante lo sucio, corrupto y maloliente del balompié nacional, condicionado con pagos irracionales para poder ser visto por niñas, niños y jóvenes que aspiran a un lugar en el gran circo del futbol. O bien, platicaré más adelante de cómo el negocio y la política del juego del balompié se corrompen para quedarse con los lugares públicos y lucran como privados con ellos, entre más cosas que quizá no alcance en esta entrega a ponerles a ustedes. Mientras tanto, iniciemos:

“El futbol se ha convertido en espectáculo con pocos protagonistas y muchos espectadores, futbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar, sino para impedir que se juegue”:

Eduardo Galeano

En su libro El futbol a sol y sombra, Eduardo Galeano nos ofrecía un cúmulo de anécdotas a título personal sobre sucesos históricos mientras narraba también los sucesos más importantes del futbol. Eso se prestaba para que el escrutinio colectivo formara un pensamiento y una asociación crítica al discernir con naturalidad sucesos como el primer campeonato del futbol o cómo la “Araña negra” Lev Yashin se consagraba como el único arquero en conseguir ser el “mejor jugador del mundo” (y lo que ello significaba), entre otras anécdotas como, por ejemplo, cómo los mundiales en México hacían historia al ser los primeros en el que la redondea rodara con un diseño especial por una marca fabricante o que se televisara por primera vez a color un Mundial, eso sin contar la ebullición política que causaría.

Galeano no alejaba mucho lo que social y políticamente acontecía entorno al mundo futbolero, y es que, para antes del nuevo siglo, hablar de política y futbol estaba muy de la mano, ya fuera para bien o para mal. Desde los nazis queriendo tener al deportista perfecto hasta una monarquía en el 66 queriendo que su selección ganara incluso con goles fantasmas, incluso, más cercano, utilizar a las organizaciones de los mundiales para desarrollar y mitigar las organizaciones políticas que fueran en contra del sistema.

A poco menos de un año del Mundial, y teniendo un verano súper cargado de futbol como prueba para el año próximo, es justo analizar desde lo macro un poco de lo que sucede.

Previa del mundial: Estados Unidos es la sede de la recién culminada Copa Oro de la Concacaf (región a la que pertenece México y de la cual es históricamente líder), así también los Estados Unidos es la sede para el primer Mundial de Clubes de la FIFA bajo un formato de mundial (este último aún en desarrollo). Y si bien el próximo año el mundial es una fiesta para tres países (EUA – México – Canadá), serán los vecinos del norte quienes tendrán la mayor carga del espectáculo. Sí, espectáculo, y lo afirmamos porque el desarrollo y organización del Mundial ha contado a los dirigentes del máximo órgano del futbol, quienes han montado hasta una sede alterna a FIFA en la Florida para darle seguimiento al desarrollo y progreso de las actividades concernientes al Mundial. Para ello, esta prueba de dos torneos. El que pudiera llevarse a cabo ha demostrado dos situaciones:

1.- La afición está por encima de la FIFA y del Gobierno de los Estados Unidos. Estos no pensaron que bajo una política migratoria como la que encabeza el presidente y principal auto asumido presidente del Comité del Mundial (sin tomar en cuenta ni a México ni a Canadá, como es costumbre) las autoridades se llevarían una sorpresa no grata al encontrar estadios vacíos, donde los costos de 300 dls. tendrían que bajar a 25 y aún así no lograrían venderse para muchos encuentros a pesar de las fidelidades que guardan los paisanos latinos a sus clubes y selecciones. La sorpresa fue tanta que las políticas migratorias tuvieron que relajarse, al menos, alrededor de los estadios y comercios que albergaban los Fanfest o actividades relativas a los torneos.

2-. El futbol es el gran negocio de las masas aún en el país menos futbolero del mundo, algo que es sabido por todas y todos, lo que lo vuelve en una gran apuesta, más que en lo deportivo, político o social, en el negocio perfecto para exprimir el mercado de piernas, volviendo al futbolista profesional y a lo que lo engloba en un producto digno de la tauromaquia. Es decir, de algo que alguna vez fue considerado un deporte y que hoy se considera un abuso al llevar a un animal a entregarse hasta su muerte.

Quizá se escuche fatalista y mi estimado lector diga: yo también quisiera ser ese toro ganando la plata que se gana al correr por más de 90 minutos y volverme famoso, sin importar el trasfondo que esto implique. Para ello, uno de los directores técnicos más importantes de nuestra era, el alemán Jurgën Kloop, ha criticado seriamente la carga a la que se está sometiendo a los futbolistas en este año previo al Mundial, pues afirma que es posible que bajo esta carga muchas de las estrellas por las que mucha gente pagará miles de dólares para ver quizá no lleguen a pisar el rectángulo. Quizá por ello, Cristiano Ronaldo no quiso jugar este torneo. Pasará a no terminar como la estrella del Bayern Múnich, Jamal Musiala, o la “Zurda de oro” de la Selección Mexicana, Luis Chávez, quienes minutos posiblemente no veremos en 2026.

Esto poco y nada interesan a Giani Infantino o a Donald Trump mientras los estadios como el SoFi o el Houston Stadium vendan sus entradas millonarias y las derramas económicas impacten en la maltrecha economía americana, pues a Estados Unidos le urge desviar los temas de desempleo, de inflación, de crisis económica y, sobre todo, política, que cada vez lleva más al hartazgo popular. El futbol quiere ser utilizado nuevamente por los “güeros”, como en 1994, para apagar escándalos y desviar la atención mientras regala alegrías efímeras a aficiones cada vez más selectas.

Y eso que solo hemos hablado del Mundial de 2026 y de lo que sucede en Estados Unidos, pero ¿y en México? En nuestro país, las sedes van a pasos forzados sacando la tarea de prepararse. En Monterrey, el “Gigante de acero” pareciera estar más cerca de cumplir con el cometido, seguido del Estadio Akron de Guadalajara y su reconstrucción, el cual se intenta sea el tres veces mundialista y una de las catedrales de este deporte: el Estadio Azteca, que hoy hasta su nombre ha sido puesto a la venta para ahora tener el nombre de un banco con tal de obtener recursos extras.

Pues les cuento que en nuestro país se empieza a poner la atención en el próximo año y en la fiesta que se viene, aunque la crisis de la relación con los Estados Unidos y el pequeño y reservado numero de boletos que tendremos disponibles para ir a los juegos del Mundial hacen sentir a la verdadera afición futbolera desplazada por los dólares, el negocio y lo que representa este Mundial. 10 partidos tendrá México para recibir, entre ellos la inauguración. No obstante, ¿Cuántas y cuántos mexicanos y mexicanas tendrán la oportunidad de ir?, ¿cuándo este deporte se volvió más exclusivo que la Formula 1?, ¿cuándo el deporte más jugado y visto del globo se volvió de unos cuantos, al grado de decidir por quienes aman el juego de la pelota y por los propios que lo ejercen?, ¿cuándo el futbol paso del sol a la sombra dando paso a parecer más un negocio de empresarios y políticos no solo para dominar las masas, si no para controlarlo todo? Don negocio metió sus narices y el palenque, los palcos de F1 y las sillas al pie del ring quedarán cortos con el costo para poder ver a los toros corriendo en el rectángulo de 110 por 70 durante más de 90 minutos luchando hasta ganar o desfallecer, narrando la cultura colectiva desde sus va y vienes y llevando el mensaje de gloria o fracaso a sus seguidores.

“Y yo me quedo con esa melancolía irremediable que todos sentimos después del amor y al final del partido”:

E. Galeano.

La próxima semana hablamos a profundidad sobre el amateur y el profesional en México.