Ya viene el primer informe de la presidenta Sheinbaum, el cual será entregado el próximo primero de septiembre. Según dicho por ella, no hará cambios en el gabinete.
“Si tuviera pensado algún cambio, no se los diría”, bromeó. Seña de que sí habrá ajustes.
El libro de Don Daniel Cosío Villegas, El estilo personal de gobernar, cobra relevancia hoy que volvemos al México de partido hegemónico, que fue la época donde se escribió ese libro. Así pues, sobresalen varias frases de dicha obra:
“Como el presidente de México tenía un poder inmenso, era inevitable que lo ejerciera personal y no institucionalmente”.
“Los defectos del presidente se vuelven características del sistema mismo”.
Sin duda, ambas frases aplican en el primer gobierno de la Cuarta Transformación y también en el segundo; sin duda, el expresidente López Obrador tuvo su estilo personalísimo de gobernar y era tan enorme su poder que lo ejerció con su sello característico. De igual manera, sus defectos fueron los defectos del entramado político que construyó, igual Sheinbaum, pero los defectos de uno no son los defectos de la otra.
Además, el estilo de Sheinbaum, que de frente intenta ser parecido al de López Obrador, en realidad no lo es. Mientras en la mañana alaba al huésped de Palenque, a mediodía truenan los escándalos de Adán Augusto y los viajes de “Andy”; mientras en la mañana niegan cualquier colaboración con la DEA, tres letras que no soporta el exmandatario, en la tarde, Estados Unidos alaba la cooperación de las fuerzas de seguridad mexicanas en materia de tráfico de drogas.
El estilo de Sheinbaum es cuidar las apariencias de frente, pero en lo corto cuidar que la gobernabilidad no se caiga. Por eso, mientras los obradoristas herederos de las decisiones de AMLO siguen enquistados y le juegan las contras a la presidenta, esta los ha ido debilitando paulatinamente. De frente les da su apoyo, pero por abajo deja que se desangren.
Esto no quiere decir que romperá con AMLO; no lo hará, a menos que los sucesos la obliguen. Por lo pronto, ya hay dos marcas en Morena: López y García. Como en la película de Ismael Rodríguez, al final ganan los García.
Y ahorita, los López (Beltrán) suenan a herencia que no se parece en nada a su padre… y los García siguen siendo del Estado.
El estilo personal de la presidenta Sheinbaum seguirá delineando sus decisiones, que de frente son unas, pero la realidad nos dice que son otras.
Por eso, si hace cambios en sus decisiones nunca lo diría. Se lo tienen que adivinar porque le gusta esconder la bola, pero sus pichadas son cada vez más rudas.
El problema con el estilo personal de la presidenta es que los obradoristas quieran calarla, lo cual sería un grave error y más con las condiciones actuales. Podría salir contraproducente.
Previo al primer informe, la presidenta llega con la mano pesada… y algunos de los que que la han querido contradecir llegan bocabajeados, y en Morena esperando señales.
