Se cuenta que, en los inicios de la apertura democrática de nuestro país, el secretario de Gobernación, Jesús Reyes Heroles, le pide la opinión a su subsecretario, Fernando Gutiérrez Barrios, sobre la reforma política, y el viejo guardián del sistema le dice: “Me parece bien, secretario”. A lo que el jurista y liberal le contesta: “Arguméntelo, por favor”, y el policía caballero —como le decía Fidel Castro— le soltó: Mire, secretario, me parece bien porque con esta reforma habrá más gritos en las Cámaras que bombas en las calles.

En esa etapa se pacificó al país, se dieron las reglas de la convivencia desde la hegemonía y se dio entrada a voces disidentes, y había orden en la seguridad nacional y en la seguridad interior. Había policías y había un Ejército que entraba y salía de las calles, que tenían años que los habían bajado del Cadillac de la Revolución y lo habían metido al cuartel.

Hoy, en este país con un modelo de hegemonía política como la de los 70’s, se están fijando las reglas políticas desde el poder —como siempre ha sido—, pero ahora las reglas se fijan para ir modulando la participación de las oposiciones, y la comprensión del gobierno y del partido mayoritario es dominar la conversación. El problema es que apenas están reestructurando una policía, y el Ejército está cansado de patrullar las calles, sobre todo las de Culiacán. La reforma política que viene no le dará respiro a la oposición, ni siquiera a sus aliados satélites.

La reforma  viene va a instaurar la conformación de un Estado policial-militarista, para allá va el tercer piso de la Transformación. Por eso, solamente hay que voltear a ver cómo, dentro de Morena, se están limpiando de voces que se volvieron lastre, contradictorias a ese movimiento. Se los están llevando al baile con todo y barredora.

El México que viene seguirá en la hegemonía desde la patrulla del Ejército, la Guardia Nacional y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Será la seguridad.

La economía y los acuerdos comerciales pasarán por las estrategias operativas de la seguridad. Por eso es que tenemos a un embajador americano en nuestro país opinando, y pareciera —pareciera, en algunos casos— que también está direccionando los esfuerzos de las fuerzas castrenses en temas de la agenda de ambos países.

Las reglas para la competencia política que vienen serán pensadas desde la hegemonía no sólo de Morena, sino de las Fuerzas Armadas y de nuestro socio comercial. Por ende, lo que viene serán gobiernos civiles de gobernación militar-policial. El orden, para que siga el comercio. Por eso, las decisiones en política serán tamizadas por estas fuerzas, guste o no.

El país, sin duda, necesita a la izquierda que fijó las reglas democráticas por las que pudo llegar al poder y también poner un freno constitucional a las Fuerzas Armadas.

A diferencia del post-echeverriato, en los 70’s, en este momento, en nuestro país, en las Cámaras no sólo no hay gritos: hay golpes; y en las calles no sólo hay bombas, hay balazos y dronazos. Cómo hemos cambiado… Y, sin embargo… hay futuro