Reinventando la Política
Era el 9 de marzo, en la Ciudad de México, cuando la militancia de Morena se reunió nuevamente en el Zócalo capitalino. El motivo era escuchar a la presidenta y jefa del Ejecutivo Federal, Claudia Sheinbaum, quien estaba por rendir una asamblea informativa. El tema central giraba en torno a los aranceles y la relación bilateral con Donald Trump, una agenda que, según algunos observadores, parece tener el objetivo de limpiar a ciertos cuadros del movimiento de los principales ejes del poder. El Zócalo se encontraba lleno, con miles de asistentes que buscaban escuchar el mensaje dirigido a la nación y entender las implicaciones de las decisiones políticas que se estaban tomando en ese momento.
En ese ambiente de celebración y expectativa, los principales líderes de Morena ocuparon los lugares de la primera fila del templete instalado frente a Palacio Nacional. Por esa zona, minutos después, desfilaría la presidenta. Claudia Sheinbaum recorrió lentamente el área, pasando por detrás de figuras como Andrés Manuel López Beltrán, Manuel Velasco, Luisa María Alcalde, Adán Augusto López y Alejandro Esquer. En ese instante, estos personajes no se percataron de que el poder estaba literalmente pasando detrás de ellos y, por descuido, le dieron la espalda a la titular de la presidencia de la República. El gesto fue notado por varios asistentes y generó comentarios entre los presentes y en las redes sociales.
Al darse cuenta de la presencia de Sheinbaum, los líderes intentaron apresurarse para saludarla, pero la presidenta ya no se detuvo. Detenerse habría significado perdonar la osadía, lo que podría interpretarse como un signo de debilidad política. Tras este incidente, algunos de los líderes optaron por disculparse públicamente, mientras que otros buscaron minimizar la falta con gestos y acciones que intentaban desviar la atención de lo ocurrido. El episodio fue comentado en redes sociales y en medios de comunicación, donde se analizó el significado político del gesto.
Actualmente, en octubre, siete meses después de aquel evento, se observa cómo el poder y su ejercicio han ido moldeando su forma personal. El poder, según lo que se ha visto, debe llegar a quienes corresponde, especialmente en la celebración del primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum. Aquellos actores políticos que, no solo en fotografías, sino también en las cámaras legislativas, han contrariado a la presidenta, tuvieron que asistir a la celebración, pero ya no ocuparon los lugares principales. Fueron ubicados en una zona delimitada por vallas, dentro de un corral, lo que impidió que destacaran en el evento. La presidenta decidió no tenerlos cerca, por lo que fueron encerrados en ese espacio, lejos de los reflectores y la atención mediática.
Además, Adán Augusto López llega a este primer año de gobierno como una carga difícil para Morena, enfrentando cuestionamientos internos y externos. Andrés Manuel López Beltrán se presenta como un joven político desorganizado, sin una estrategia clara. Ricardo Monreal ha anunciado su retiro de la vida política, mientras que Luisa María Alcalde mantiene un discurso que se percibe cada vez más distante de la realidad, aunque sigue las instrucciones de la presidenta, más por necesidad de sobrevivir políticamente que por convicción o lealtad personal. Estas dinámicas reflejan la manera en que la presidenta gestiona las relaciones internas dentro de su partido y su gobierno, mostrando una forma muy única de poner contra las cuerdas a quienes la contrarían.
La presidenta defiende a todos los miembros de su equipo, pero a quienes no quiere o se le enfrentan, los debilita políticamente, los deja sin respaldo y los expone a las críticas públicas. En este segundo piso de la transformación política, quienes se oponen a la jefa de obra terminan perdiendo influencia y poder. Durante los últimos meses, se ha visto cómo algunos intentaron desafiar a la presidenta, pero el estilo de gobernar es claro: a quien se le oponga, lo despedazan políticamente, lo marginan y lo dejan fuera de las decisiones importantes.
El estilo de gobernar de Claudia Sheinbaum se caracteriza por una gestión directa del poder, donde la lealtad y el alineamiento con su liderazgo son factores determinantes para permanecer en el círculo cercano. Los eventos recientes muestran que el poder se ejerce y que las consecuencias de contradecir a la presidenta pueden ser significativas para los actores políticos involucrados.
Este puede ser un componente para las decisiones del 2027, donde ella tambien irá en las boletas de revocación de mandato y para contar con resultados contundentes necesitará a los gobernadores.
