El día de ayer se cumplieron 20 años de la más grande hazaña que el fútbol mexicano ha podido conquistar en sus 103 años de historia.
Parece que ha pasado poco tiempo desde aquel 2 de octubre de 2005 cuando la Selección Mexicana sub-17 se midió a su similar de Brasil en el Estadio Nacional de Lima, Perú. Y contra todo pronóstico, o tal vez no tanto para el desempeño del equipo tricolor en aquel torneo, derrotaron tres goles a cero a la imponente selección sudamericana que tanto intimida con solamente mostrar la camiseta amarilla.
Nombres como Héctor Moreno, Carlos Vela, Giovanni Dos Santos, Éver Guzmán, César Villaluz y Efraín Juárez; pasaron a la memoria del colectivo como los nuevos “Niños Héroes” que esta nación había entregado a sus aficionados al balompié.
El techo futbolístico del equipo nacional se disparó a la estratósfera, y la pregunta de si nos encontrábamos ante lo que sería una generación dorada destinada a llevar la bandera de México más allá de un hipotético quinto partido de una Copa del Mundo.
El desenlace de aquel pasaje en la historia futbolística de México ya lo conocemos, de esos futbolistas campeones solamente queda en pie de guerra Héctor Moreno jugando con el Monterrey, el resto de los jugadores mencionados ya están retirados y poco o nada pasó con sus carreras que pintaban para figurar en las principales potencias del fútbol internacional. ¿Y la Selección Mexicana? Bueno, cuatro mundiales consecutivos quedándose en octavos de final, y el último jugado en Qatar ni siquiera sorteó la fase de grupos.
Hoy, 2025, nos encontramos de nuevo en la antesala de lo que será una Copa del Mundo celebrada en nuestro territorio, por tercera ocasión el Estadio Azteca se erigirá como el anfitrión del partido inaugural de la justa mundialista, y todo es jijijí jajajá, pero, ¿Qué podemos esperar de nuestros jugadores?
Tenemos los mismos nombres de siempre con las mismas “vacas sagradas” que no se crean ni se destruyen, solamente se transforman. Un plantel sumamente limitado y cuyos jugadores más desequilibrantes son intermitentes, o bien, el entrenador en turno no les tiene la suficiente fe para enviarlos al campo y buscar marcar diferencia. Y menos de ocho meses de que empiece el torneo, el equipo se ve completamente a la deriva.
Pero algo se asoma en el oscuro horizonte donde actualmente navega nuestro fútbol, alguien que sostiene una linterna que parece iluminar nuestro futuro en la máxima justa de fútbol, y ese alguien está actualmente disputando el mundial sub-20 en Chile: Gilberto Mora.
Un completo extraño al ritmo futbolístico del mexicano promedio, alguien que con tan solo 16 años rompió completamente el molde de lo que estamos acostumbrados a ver en este país, un jugador que se saltó todos los “procesos” y los “es que está joven y necesita tiempo” para poder debutar en el primer equipo de Xolos de Tijuana y con la camiseta de la Selección Mayor, pero que ahora se encuentra apoyando a sus compañeros una categoría por arriba de la que se supone debe estar compitiendo.
¿Quién es este alienígena que está revolucionando al fútbol mexicano? ¿Por qué con 16 años está haciendo todo lo que se supone un jugador de 24 años en promedio apenas está empezando a demostrar en esta nación? ¿Acaso es él quien debe echarse al hombro a los especímenes que debemos llamar jugadores, en el próximo Mundial?
Gilberto Mora con su cortísima edad ya demuestra carácter, tiene velocidad, tiene buenos frenos, sabe cambiar de ritmo y dirección, pide la pelota sin miedo, tiene visión de campo, sabe asociarse, no se achica ante ningún rival así le saque 30 o 40 centímetros de estatura y encima les pinta la cara y con movimientos sumamente escurridizos se sale con la suya; claramente no es algo que estemos acostumbrados a ver en México.
Por lo pronto con México sub-20 y con Xolos, Mora está llevando un proceso de maduración muy acelerado que ya lo está colocando en la agenda de muchos equipos de Europa, no es común producir un jugador de estas características, y ciertamente, ante la falta de ídolos y de certezas, no hay mejor opción en la baraja de referentes que pueden comandar a nuestro plantel durante el verano de 2026.
Pero al mismo tiempo es cuando surgen las dudas: ¿Será acaso un brillo fugaz?, ¿soportará la presión que conlleva ir creciendo en un entorno tan tóxico como el mexicano?, ¿soportará la carga mental que conlleva ser un jugador profesional con todo lo que implica?, ¿lo respetarán las lesiones que están a la orden del día?, ¿Javier Aguirre aplicará otra de sus decisiones sin sentido y no lo llevará al Mundial?, o, ¿acaso es el Cometa Halley de México, es decir, ese jugador que solamente se produce cada 75 años?
El tiempo nos dará las respuestas, pero por lo pronto, veamos cómo se desenvuelve en estos próximos meses, porque en él, en él están puestas las esperanzas del futuro de la Selección mexicana de fútbol.
Hasta la próxima.
