Columna: Ruta Agrícola

El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2026 tiene asignado al ramo de Agricultura y Desarrollo Rural un monto cercano a los 75 mil millones de pesos, una reducción real de alrededor de 2.5 por ciento respecto al año anterior.

Aunque la cifra parece considerable, pierde fuerza cuando se toma en cuenta la inflación, el incremento en los costos de energía, semilla, fertilizantes, mano de obra y transporte, así como la creciente demanda de apoyo por parte de los productores.

En términos simples, el campo recibirá menos recursos para enfrentar mayores desafíos. Y esto ocurre en un momento donde la rentabilidad agrícola ya está presionada por los precios internacionales, la incertidumbre comercial y los efectos del cambio climático sobre los ciclos de siembra.

La mayor parte del presupuesto se concentra en programas sociales como Sembrando Vida, que absorberá más de 40 mil millones de pesos y Fertilizantes para el Bienestar con cerca de 18 mil millones.

Estos programas están enfocados principalmente en pequeños productores, mientras que la agricultura comercial, que sostiene gran parte de las exportaciones y el empleo agrícola formal no está considerada en la mayoría de estos esquemas de apoyo.

Esta situación ha generado un desequilibrio que muchos de nuestros radioescuchas agricultores y seguidores en redes sociales han resentido directamente en sus propias parcelas. Los apoyos sociales son necesarios para atender la pobreza rural, pero el desarrollo del campo también requiere inversión, información y acceso justo a los mercados.

En estados como Sinaloa, donde la agricultura es intensiva, tecnificada y orientada a la exportación, esta reducción de recursos representa menos apoyo para obras hidroagrícolas, programas de sanidad vegetal, certificaciones, reconversión productiva y mejora de cadenas de valor.

Este presupuesto también significa menos recurso para promoción de las exportaciones y misiones comerciales, lo que afectará la presencia de México en los mercados internacionales y la apertura de nuevas oportunidades para los productores.

En otras palabras, el presupuesto deja en una posición más vulnerable a quienes sostienen la competitividad del campo mexicano frente a los mercados globales. El desafío es grande, 2 pero no imposible, y exige un cambio estructural en las políticas públicas que impulse la productividad, la innovación y la inversión en el campo.

Los gobiernos federal y estatal deberán actuar con mayor creatividad. Cada peso público debe multiplicarse a través de estrategias conjuntas con los productores, el sector privado y las instituciones financieras, para mantener la productividad y modernizar la infraestructura agrícola.

En Sinaloa hay experiencia, conocimiento y capacidad técnica para hacerlo. Lo que falta es una coordinación efectiva con el gobierno que permita aprovechar mejor los recursos disponibles y garantizar que los apoyos lleguen donde realmente se necesitan.

Las próximas semanas serán determinantes para que el Poder Legislativo revise el presupuesto y asigne los recursos que el campo mexicano requiere para seguir cumpliendo con su labor principal: alimentar a los mexicanos. ¿Podrá el Congreso reconocer la importancia estratégica de la agricultura y revertir esta tendencia de recortes al sector primario? Esa es la pregunta que hoy se hacen muchos productores en todo el país.

Los agricultores, por su parte, tendrán que integrarse, adoptar más tecnología, incrementar la eficiencia, buscar mercados diferenciados y mejorar sus contratos de venta. Los compradores, distribuidores e industriales también deben asumir su parte: reconocer el valor del trabajo en el campo y construir relaciones comerciales más justas que ofrezcan estabilidad a quienes producen nuestros alimentos.

La sociedad civil y los medios de comunicación tenemos la responsabilidad de vigilar la ejecución del presupuesto. Es vital saber cuándo y cómo se liberan los recursos, a quién llegan y con qué resultados.

Esa rendición de cuentas es lo que convierte el gasto público en desarrollo real y en bienestar tangible para el sector agrícola. La transparencia, en este contexto, se convierte en una herramienta de productividad.

El mensaje del presupuesto 2026 es claro: habrá menos dinero, pero más presión y más necesidad de estrategia, colaboración e innovación. En tiempos de ajustes, la unión de los productores y la planeación son la mejor cosecha que puede dar el campo mexicano.

Este es un tema muy importante para nuestro estado, por ello, es prioritario que quienes nos ven y nos escuchan en las redes de Los Noticieristas lo conozcan a fondo. Les invitamos a enviarnos sus preguntas y propuestas para que juntos analicemos el rumbo del campo.

Esto fue Ruta Agrícola, donde cosechamos información, muy buen día.