El día de hoy nos vamos a salir un poco de nuestro papel como opinólogos del deporte, y vamos a pasar a hablar en primera persona solamente por esta ocasión.

Soy originario de esta bella ciudad llamada Culiacán, y como fanático del béisbol, naturalmente mi equipo preferido son los Tomateros. Desde hace 25 años me he dado cita en el estadio, primero en el General Ángel Flores de feliz memoria, y actualmente en el ya no tan “Nuevo” Estadio Tomateros; eso sí, algunas temporadas yendo a más juegos que otras, pero siempre presente en sus gradas siguiendo las acciones de los guindas.

En esos 25 años he visto un sinfín de jugadores y momentos inolvidables que para bien y para mal, han marcado la historia y la identidad de lo que son los Tomateros, el equipo que representa a Culiacán, y de nuevo, para bien y para mal.

Como en pocos lugares del mundo, la relación entre la ciudad y su equipo deportivo es simbiótica, y los resultados en el campo son un fiel reflejo del termómetro social de la localidad. Si a uno le va bien, a su complemento también le va de maravilla.

Yo crecí viendo a unos Tomateros que orgullosamente representaban a una ciudad que se esforzaba por salir adelante y demostrarle al mundo que somos algo más que los estigmas existentes sobre Culiacán (los cuales tristemente hoy se están comprobando). De octubre a enero, la capital de Sinaloa era un lugar mucho más feliz porque sabías que irías al estadio de béisbol y una vez en el estadio te encontrarías a viejos amigos que tenías bastante tiempo sin ver, y ese “vecino de butaca” que solamente veías durante 3 meses, automáticamente se convertía en tu amigo más entrañable.

La mayor diversión era ir a ver al equipo y pasar un rato agradable con tus amigos, vecinos de butaca y familia, además de que por meses te antojabas de la comida y bebida que ibas a degustar durante los partidos, desde un simple vaso de cebada hasta una torta o una dona “de las del estadio”.

 

Es cierto con la llegada de la remodelada fortaleza guinda ese ambiente se vio disminuido, pero aún era mayoría la gente que iba a ver el juego y meterse de lleno en las incidencias dentro del campo. Pero algo sucedió en el camino, tras el lamentable fallecimiento de Juan Manuel Ley López, el cambio en el timón dentro de la directiva de la “Nación Guinda” se empeñó en enterrar todo ese proyecto que el “Chino” construyó par más de cinco décadas.

Llegaron los cambios a nivel directivo, y ese lugar que mucha gente amaba empezó a cambiar drásticamente, alejándose de lo que por medio siglo representó: una sociedad culiacanense unida y entregada a sus Tomateros.

Con la nueva directiva empezamos a ver una sobreexplotación de la marca “Tomateros”, a tal grado de dejar relegada a la ciudad que representan, como si no quisieran formar parte de ella. Y no conformes con eso, empezó a llegar un uso excesivo de mercadotecnia con la salida a la luz de un sinfín de uniformes de pésima calidad y de colores nada apegados a la identidad del club, y por supuesto, sin el “CULIACÁN” en el pecho que por tantos años ha impuesto respeto en nuestra liga.

Hoy en día vemos hasta 10 uniformes por temporada, como si el equipo fuera una obra de teatro o un show circense que requiere de múltiples vestuarios, y de “guindas” simplemente quedó el mote, porque los Tomateros salen al campo vistiendo de diferentes colores y en diferentes idiomas incluso, pero jamás o muy rara vez del color que nos identifica a nivel nacional.

Esta directiva empezó a explotar esa otra cara de la sociedad culichi, esa gente que gasta lo que sea con tal de estar “a la moda” o demostrar que tienen la manera de comprar el jersey más reciente del equipo, por más feo que esté o poco alineado a la identidad del plantel.

 

Se dieron cuenta que la afición de antaño, la que ha juntado bastantes más años que yo asistiendo cada temporada al estadio, ya no es redituable, y es mejor atacar a aquellos “aficionados” que no conocen a más de 3 jugadores del equipo, que no saben qué es una bola o un strike, pero que van al estadio porque se les hace bien divertido ver qué ocurrencia ponen en la pantalla, ¿y lo que sucede en el terreno de juego? Bien gracias.

Esto último me hace recordar la final pasada que perdimos contra Charros de Jalisco, donde la gente estaba más metida en los memes y ver quién buscaba pareja por medio de la pantalla gigante del estadio, mientras que en el campo el equipo naufragaba y no recibía ese apoyo impetuoso de los aficionados que en años anteriores era una garantía y hacían del fortín guinda una aduana muy difícil de superar.

Los Tomateros están enfrascados en su soberbia, muy metidos en su papel de “Culichis” promedio que ofrecen sus productos en precios exorbitantes porque saben que en Culiacán, con tal de aparentar que se tiene dinero, se paga lo que sea sin chistar, total, quieren que la gente vea que hay con qué.

Negocios sumamente tradicionales con los que crecí como las tortas o las donas, que tienen muchísimos más años existiendo en el estadio que muchos de los nuevos “fieles” aficionados que van al juego, han tenido que decir adiós porque las rentas y las comisiones que pide el equipo por sus ventas diarias, las cuales simplemente son insostenibles, pero de nuevo, al equipo no le importa, porque saben que siempre habrá otro negocio que se muere por estar dentro del estadio.

Y finalmente, la incursión de una nueva boletera que cobra casi la mitad del costo del boleto en puras comisiones, están haciendo de la experiencia de ir al estadio, algo inaccesible para mucho ciudadano promedio, y no conformes con ello, con tal de acceder a mejores ingresos han hecho esta migración en su proveedor de entradas un completo caos y que tanta inconformidad ha causado entre los aficionados. Pero de nuevo, los que nos quejamos y señalamos lo que está mal, somos la minoría, porque en esta sociedad impera el aparentar que se tiene solvencia económica y no importa lo que cueste.

Con esta nueva directiva, Tomateros se ha convertido en el fiel reflejo actualmente de ese Culiacán que no nos gusta, que nos tiene sumidos en esta situación tan compleja desde hace un año con un mes, y, al menos para mí, esto no es lo que deberíamos transmitir como equipo. Al final del día, uno como club tiene un compromiso importante con su gente, y los valores que se transmiten contribuyen a un desarrollo integral de la comunidad en donde te encuentras.

Seguiré yendo al estadio, sí, por supuesto, porque los Tomateros son mi equipo y siempre los voy a apoyar con mi agua de cebada y mis cacahuates, pero no estoy dispuesto a desembolsar tantos cientos de pesos en vivir la “experiencia guinda” que esta directiva está vendiendo, iré cuando pueda, porque esos tiempos de ir a dos o tres juegos por serie, han quedado muy atrás.

Es cierto, en lo deportivo han sido unos años de muchísimos éxitos y de un protagonismo muy importante en la Liga Mexicana del Pacífico, pero el costo que se está pagando por ello, que es alejarte de tu identidad y de lo que por años te esforzaste en cimentar dentro de la cotidianidad de Culiacán, es un precio muy alto a mi parecer.

Con esto cierro por hoy, seguramente tú que me estás leyendo coincides conmigo en lo que escribo, o quizás no, y es válido, pero al final de cuentas, todos estamos de acuerdo en que Tomateros de Culiacán ha cambiado enormidades a lo que solía ser.

 

Hasta la próxima.