Post partido
Apenas han pasado dos días de que terminó la Serie Mundial de Beisbol 2025, y en este particular caso, el mote de “clásico” se ha acuñado desde el primer segundo que cayó el 32 de este cardiaco séptimo y último juego de la Serie entre los Dodgers de Los Ángeles y los Azulejos de Toronto, la cual se la terminó robando en el último instante el equipo californiano, y casi casi como si se la arrebataran de las yemas de los dedos a los canadienses que desde la octava entrada ya se encontraban celebrando su éxito, el equipo angelino se convirtió en el primer plantel bicampeón en el nuevo milenio, y ganando su tercer “Clásico de Otoño” en cinco años.
Decimos que se convirtió en un auténtico clásico este enfrentamiento porque han pasado bastantes años desde que tuvimos una Serie Mundial de auténtico alarido, ya que en todos y cada uno de los encuentros disputados durante esta semana, las emociones y el estrés estuvieron hablándose de tú entre los aficionados de ambas novenas. Y en el terreno se jugó un beisbol de altísimo nivel, con jugadas bastante vistosas y enfrentamientos entre superestrellas que dejaron a todos los aficionados parciales e imparciales al borde de sus asientos.
Y no conformes con ello, vimos una de las actuaciones más legendarias en la historia de este deporte a cargo del lanzador nipón Yoshinobu Yamamoto, quien a la postre se erigió con el título de Jugador Más Valioso de la Serie Mundial; y con justa razón, porque “El Almirante” decidió que era una gran idea cargar a todo su equipo en sus hombros, y entregando tres actuaciones de escándalo que hicieron enmudecer un muy ruidoso Rogers Centre.
La Serie fue de toma y daca, unos Azulejos que mostraron sus garras desde un inicio apaleando a los Dodgers en el mismísimo primer juego, con un bateo sumamente explosivo cortesía de Daulton Varsho, Addison Barger, Vladimir Guerrero y Ernie Clement. Y qué decir de su abridor Trey Yesavage, quien no junta ni una decena de aperturas en Grandes Ligas en su carrera y en su primera audición en el máximo escenario enmudeció a los poderosos bates de los Dodgers.
La respuesta vino rápido por parte de Los Ángeles en el segundo partido, quienes pusieron sus esperanzas en el guante del abridor Yoshinobu Yamamoto. Y el nipón sin arrugarse en lo absoluto se echó al hombro a sus compañeros lanzando la ruta completa donde apenas recibió una carrera y lanzando poco más de 100 lanzamientos; por su parte, la ofensiva hizo más que suficiente para llevarse el partido y emparejar la serie.
Una vez que las acciones se mudaron a California, vivimos el segundo juego más largo en la historia de la Serie Mundial, donde Azulejos y Dodgers tuvieron que medir fuerzas durante ¡18 entradas!, es decir, dos juegos completos en una misma noche, y que Freddie Freeman, emulando lo hecho el año pasado contra Yankees en el juego 1 de esa Serie Mundial, lo terminó con un cuadrangular que puso fin a 6 horas y 34 minutos de partido, en donde los héroes anónimos del bullpen Dodger se llevaron la noche, como Will Klein que lanzó casi 70 lanzamientos en cuatro entradas de trabajo, algo inédito para un relevo corto.
Los juegos 4 y 5 fueron un poema de buen beisbol por parte de Azulejos, que mostraron una superioridad muy clara por encima de unos Dodgers que olvidaron como batear, y prueba de ello fue que el promedio de bateo colectivo apenas superaba el .200; bastante anémico para alguien que buscaba repetir el campeonato.
Con la moral por los aires del lado de Toronto, y con la consigna de matar o morir en el intento por el lado de Los Ángeles, se tuvo que regresar al Rogers Centre para conocer al campeón de este año, y los juegos 6 y 7 no decepcionaron, sobre todo por el hecho de que Azulejos estuvo cerca de rematar a los Dodgers en ambos partidos, pero la suerte decidió que favorecería al monarca reinante, y si usted busca el doblete de terreno de Addison Barger de ese juego 6, no creería cómo la pelota se atoró en la barda. De esas cosas que nos hacen decir “la suerte del campeón”, ya el cierre del juego fue cardiaco, pero muy bien jugado por los californianos.
El juego 7 se antojaba para ser muy reñido, y fue así, primero con un Shohei Ohtani abriendo el encuentro de mayor presión de su carrera y que se fue apaleado por un Bo Bichette que soltó su bomba en el juego más importante de la Serie Mundial, obligó al Unicornio a salir del juego y destruyendo la moral Angelina… o eso parecía.
Dodgers llegó a la novena entrada preparado para ser fusilado, pero Miguel Rojas de manera increíble, y contra todo pronóstico conectando el cuadrangular del empate que enmudecía a un Rogers Centre que se quedó petrificado al ver cómo el campeonato se les escapaba de las manos, y esa estupefacción se convirtió en terror cuando miran cómo Yoshinobu Yamamoto, quien una noche antes había tirado 6 entradas y 98 lanzamientos se subía al montículo, una auténtica pesadilla.
La novena entrada en su parte baja tuvo a los Dodgers en par de ocasiones de nueva cuenta en la lona, abatidos más no derrotados, y desde el fondo del mar, par de jugadas muy vistosas mandaron el encuentro al alargue, dándole un envión anímico a los azules y presionando demasiado a los canadienses.
Will Smith en el onceavo rollo marcó la ventaja que ya no perdería Dodgers, y cerrando el juego con un doble play bastante cruel en los spikes del mexicano Alejandro Kirk, Los Ángeles revalidó su campeonato de manera histórica.
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Se podría decir que es un resultado injusto, porque al final de cuentas, Toronto hizo más que los Dodgers: bateó mejor promedio, conectó más jonrones, anotó más carreras, ponchó a más rivales, e hizo más jugadas importantes, ¿pero entonces qué salió mal?
Si podemos encontrar algún pecado en la dirección de John Schneider, nos debemos remontar al juego tres que se jugó en Dodger Stadium, ese maratónico tercero de la serie que se fue a 18 entradas, y que de haberlo ganado, nos atrevemos a mencionar que no hubieran hecho falta los juegos seis y siete de este enfrentamiento.
Schneider sacó varios bats encendidos y empezó a debilitar su line-up desde la séptima entrada de ese maratónico partido, y creemos que ese es el único error que podríamos achacarle al mánager.
Por su parte, Dodgers no tuvo la mejor de las series en su historia, PEEEERO confió hasta el final en sus hombres, y los jugadores respondieron cada uno a su manera, tanto a la ofensiva como a la defensiva, cada uno tuvo su momento de brillo en momentos importantes, y bien podemos destacar los jugadores más flojos en esta Serie Mundial:
- Mookie Betts tuvo una pésima Serie Mundial, pero en el juego 6 impulsó las dos carreras de la diferencia y en el juego 7 hizo el doble play del triunfo.
- Andy Pages que bateó para .080 en la postemporada, hizo la atrapada del juego 7 que permitió a los Dodgers estar vivos y mandar el juego a extrainnings, esa pelota botaba y el juego terminaba.
- Kiké Hernández en el juego 6 hizo un doble play clave con el que forzó el juego decisivo.
- Max Muncy de discreta actuación conectó el home run que acercó a los Dodgers en el marcador y le dio un envión anímico al equipo.
- Miguel Rojas de pésima temporada, conectó el vuelacercas del empate en la novena entrada cuando todo estaba perdido.
¿Qué es lo que vemos aquí? La experiencia de estos jugadores en partidos de alta presión, y sobre todo, que Dave Roberts increíblemente empezó a dirigir con el corazón más allá de la estadística, y vaya que ha rendido frutos.
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Para concluir, unos cuantos comentarios interesantes sobre esta Serie Mundial que dará mucho de qué hablar durante muchos años:
- Addison Barger conectó un grand slam como bateador emergente.
- Dos partidos se fueron a entradas extras.
- Un partido completo lanzado por Yamamoto.
- El juego 5 arrancó con dos cuadrangulares espalda con espalda.
- Shohei Ohtani llegó a primera base en nueve ocasiones durante un partido.
Ni qué decir de las emociones que vivimos durante estos partidos, fue una linda Serie Mundial.
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A manera de conclusión, y entrando en el plano estrictamente personal, esta temporada fue la número 20 como aficionado a los Dodgers de Los Ángeles; aún recuerdo esa mañana de agosto de 2005 cuando mi papá me dijo emocionado que iríamos al Dodger Stadium para ver un juego del equipo al que apoyaba desde joven cuando un tal Fernando Valenzuela era la estrella de aquellos Dodgers.
El haber ido al coloso de Chávez Ravine y ver la emoción de mi papá marcó algo especial en mi persona, y ahí me di cuenta que gracias a su ejemplo, elegí al que sería mi equipo favorito de beisbol para toda la vida.
20 años después, donde han sido más las temporadas frustrantes que las exitosas, el experimentar una situación como la actual que marca un bicampeonato de Grandes Ligas, algo sumamente difícil de lograr, hace que lo disfrute a sobremanera, y siempre recordando con mucho cariño a la persona que me enseñó que existe un equipo de beisbol que viste de azul y tiene una LA en la gorra.
Gracias papá, por hacerme fanático de los Dodgers de Los Ángeles.
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Con esto cerramos por hoy, les deseamos una excelente semana.
Hasta la próxima.
