El día de ayer en Mazatlán, integrantes del colectivo Por las Voces sin Justicia denunciaron que les quitaron lonas, las cuales contaban con fotografías de personas desaparecidas, que se habían colocado en diferentes partes del puerto.

Por redes sociales, el colectivo anunció sobre esa indignación:

“Nos retiraron las lonas, pero no nos vamos a quedar callados. Cada una nos costó esfuerzo, tiempo y corazón. Exigimos que nos las regresen porque no se trata de publicidad, se trata de memoria, de amor y de justicia”. Dijeron del colectivo.

¿Quién busca borrar la memoria?, ¿por qué buscan desaparecer el proceso de desaparición de las personas?, ¿a quién no le gustó la verdad?

Para la filosofa Ana María Rabe, la memoria comunitaria nace del seno de personas que han sufrido violencias, injusticias y violaciones de sus derechos. Es por ello que los familiares con personas desaparecidas están forjando una comunidad, la cual, a través de las fotos y la información, sostiene, prevalece y devela una memoria, una memoria que está gritando: “nos están desapareciendo”.

¿Por qué querer borrar la memoria, y más cuando está diciendo una verdad?

El padre Francisco de Roux, cuando presentó el informe final de la verdad de Colombia ante la ONU, concluyó diciendo: “Para Colombia y para el mundo, hay futuro si hay verdad”.

Borrando la memoria no habrá futuro, o el que exista no será para todos, porque no habrá verdad que le dé sentido a nuestra sociedad.
Esa es la trampa de la indiferencia, que no nos importen los demás, porque, entonces, el sentido de nuestra sociedad no será la verdad, sino el individualismo del “ahí te la echas”.

Y eso es muy peligroso. Borrar la memoria es una infamia