En nuestro país, como en cualquier otro, las marchas son mecanismos de expresión social y política ante alguna situación que afecta a un grupo de la población. Esto, al menos, en la historia de los movimientos sociales que casi siempre están vinculados a sectores de la izquierda mexicana, esa izquierda que supo construir la democracia del México de finales del siglo XX y las primeras décadas del siglo actual.

Hoy, parte de esa izquierda, así como las corrientes nacionalistas que fueron desplazadas en el período de la transición y en las últimas décadas del PRI hegemónico, dieron vida a este movimiento que hoy gobierna, el cual se ha denominado la Cuarta Transformación.

Pues bien, el día de anteayer (sábado), el régimen constató una marcha, la cual se dijo que era convocada por la ultraderecha, pero fue, en realidad, convocada, al menos en un principio, por jóvenes de la generación Z. Sin embargo, al final, terminó yendo gente de todas las edades. Al final, fue una marcha de expresión social, de denuncia de las fallas del actual régimen.

Desde hace tiempo, tal vez una década, el capitalismo, la forma en como se hace la riqueza, ha ido desplazando a los jóvenes de contar con un proyecto de vida decoroso: el hacer la universidad, salir a la vida laboral y poder adquirir un vehículo, una casa, los enseres. Poco a poco, pareciera que eso que muchos sí pudimos hacer, a los jóvenes de hoy se les está dificultando y no hallan respuestas en las reglas actuales del capitalismo. No se ve por dónde, y los jóvenes lo están resintiendo y resistiendo.

Además, súmele que, en este proceso social de la lucha contra el narcotráfico, son los jóvenes los que están siendo los mayores afectados entre desapariciones y homicidios. Esa es una gran herida de nuestro país, la cual viene desde la transición, cuando Felipe Calderón declaró en Michoacán la guerra contra el narco.

Hoy, da vuelta la rueda del destino y la tierra de los Cárdenas sigue ardiendo e ingobernable.

Los discursos y las palabras ahí están, ahí seguirán. Los hechos y las palabras son lo que juzgan a los gobernantes y después caen las vendas, aunque en algunos casos siguen firmes.

Independientemente de que los jóvenes alcen la voz, eso demuestra que hay futuro y tal vez ellos sí lo construyan con verdad porque, como dijo el padre Roux en el informe de la comisión de la verdad de Colombia ante la ONU: “con verdad hay futuro”.

Reza un refrán popular: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. En política, la ceguera se volvió viral…y es una ceguera que no admite voces diferentes. Eso es lo peligroso en nuestro país.

La verdad única y con ceguera viral. 1984 de Orwell, ahí te vamos.