Clamar mata en tierra caliente. El sábado pasado, corrió por redes como si fuera reguero de pólvora la noticia del asesinato del edil de Uruapan, Carlos Manzo, en pleno Festival de las Velas, un festejo de la comunidad. Ahí, entre el público, una persona no identificada le disparó. En el lugar fueron recogidos 7 cartuchos percutidos de 9 mm.

Los hechos ocurrieron a las 20:10 horas. El presidente municipal fue trasladado de emergencia al Hospital Fray Juan De San Miguel, donde falleció 40 minutos después.

El alcalde Carlos Manzo había llegado a la alcaldía de Uruapan, Michoacán, como independiente. Habría sido diputado federal en la LXV legislatura. Para 2024, al no ver condiciones para su postulación como alcalde, se postuló como independiente, cargo que ganó ese mismo año. Era licenciado en Ciencias Políticas y Gestión Pública por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).

Antes, había sido auditor del IMSS en Michoacán, así como en empresas privadas.

Hace un mes, el alcalde, que patrullaba la ciudad con chaleco antibalas, había pedido ayuda a la presidenta Sheinbaum. Aquí algunos de sus mensajes:

“Si no se pone orden aquí en Uruapan, pronto a nivel nacional se escuchará un levantamiento fuerte, de voz, de justicia y, si es necesario, hasta de armas porque la gente ya está hasta la chingada”.

Michoacán ya no es tierra caliente. Ahorita está hirviendo. ¿De qué sirve alzar la voz?, ¿de qué sirve quemar palacios si no se puede quemar la raíz?, ¿en qué nos estamos convirtiendo como país?, o como dijo un gran amigo: ¿en qué nos convertimos?