Hay nombres que, cuando se pronuncian en el campo sinaloense, generan una pausa sincera. El de César Campaña Acosta es uno de esos que hace detenerse a pensar en lo que significa trabajar la tierra con pasión y visión. El pasado 12 de diciembre fue su aniversario luctuoso y la memoria no se queda en lo personal, se transforma en reflexión colectiva sobre el rumbo del agro en Sinaloa y en México.
César nació en el corazón del campo. Fue el tercero de los hijos de Horacio Campaña Molina y Lucy Acosta de Campaña, y desde muy joven respiró la tierra como parte de su identidad. Junto con sus hermanos Francisco y Horacio, representó la tercera generación al frente de Agrícola Campaña, la empresa familiar productora y exportadora de granos y hortalizas que se consolidó como uno de los pilares productivos del noroeste de México, con presencia en mercados nacionales e internacionales.
Su vida profesional giró alrededor de la horticultura. Durante más de veinte años fue horticultor con base en Culiacán, y en sus últimos años se desempeñó como directivo de Agrícola Campaña, aportando conocimiento técnico y visión estratégica. Conocía el surco, los números, los mercados y también las tensiones que enfrenta el productor moderno, ese que vive entre la esperanza de una buena cosecha y la presión diaria por sostenerla.
César tenía claro que el liderazgo del campo se construye en colectivo. Por eso asumió responsabilidades gremiales fundamentales para fortalecer la agricultura en México. Fue presidente fundador de la Asociación Mexicana de Horticultura Protegida, AC, la AMHPAC, en un momento en que este modelo productivo comenzaba a marcar un punto de inflexión en la horticultura nacional.
También ocupó cargos relevantes en organizaciones clave del sector. Fue consejero de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán, consejero de la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa y secretario del Consejo Directivo de la Caades en años decisivos para el gremio. Más adelante asumió la presidencia de la Comisión para la Investigación y Desarrollo en la Defensa de las Hortalizas, una responsabilidad que ejerció hasta el final de su vida.
Desde esas trincheras impulsó proyectos con visión de largo plazo, como el Centro de Desarrollo Tecnológico y Humano de Servicios Integrales para la Horticultura Protegida del Noroeste. Su convicción era clara: elevar la competitividad del campo a través del conocimiento, la innovación y la formación de capital humano. Para César, la tecnología y la organización eran herramientas indispensables para sostener al sector en el tiempo.
Él mismo lo expresaba con franqueza: “Si en el campo continuamos teniendo problemas, ha sido porque no hemos sabido incrementar nuestra productividad ni desarrollar tecnología, así como tampoco explotar las ventajas de la horticultura protegida”. Esa reflexión resume su forma de pensar, enfocada en identificar causas y empujar soluciones concretas.
César era un estratega. Observaba tendencias, analizaba mercados y entendía que la horticultura protegida y la inocuidad alimentaria dejarían de ser un valor agregado para convertirse en un requisito básico de permanencia en los mercados. ¿Cuántos productores estaban realmente preparados para asumir ese cambio?
Su formación académica respaldaba esa visión. En diciembre de 1992 egresó como ingeniero agrónomo del Instituto Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey. A esa base sumó experiencias de formación en el extranjero, particularmente en países con agricultura altamente tecnificada. Esa combinación de conocimiento técnico, experiencia empresarial y trabajo gremial le permitió dialogar con distintos actores del sector y construir acuerdos.
Tenía 46 años cuando falleció, su partida, el 12 de diciembre de 2016, dejó un vacío profundo en el sector agrícola, por su trayectoria, por su energía y por la claridad con la que veía el futuro del campo mexicano.
Hoy, al recordarlo, queda una sensación difícil de explicar. Es como mirar un invernadero al amanecer, con la tierra húmeda y la promesa de crecimiento, y pensar en quien ya no está para ver la cosecha. César Campaña Acosta dejó ideas, dejó rumbo y dejó una forma de entender la agricultura que sigue viva en organizaciones, proyectos y decisiones que aún se toman en el sector.
Honrar su memoria implica mantener viva esa visión. Seguir apostando por tecnología, organización y conocimiento. Seguir construyendo un campo más fuerte, más profesional y con futuro. Porque cada paso que se da en la agricultura protegida, de alguna manera, también lleva la huella de quienes dedicaron su vida a sembrar futuro.
Esto fue Ruta Agrícola, donde cosechamos información.
