José Antonio Kast asumirá la presidencia de Chile el 11 de marzo de 2026 tras imponerse en las urnas por un periodo de cuatro años. Logró vencer a la candidata de centroizquierda, la militante comunista Jeannette Jara.

Kast, abogado de 56 años, y reconocido por su postura católica conservadora, obtuvo 7.2 millones de votos, superando a Jara por aproximadamente dos millones. Alcanzó el 58.1% de los sufragios frente al 41.8% de su contrincante en una elección que registró una participación del 85% del padrón electoral.

El actual mandatario, Gabriel Boric, quien es de tendencia izquierdista, llamó por teléfono al presidente electo, cumpliendo así con una de las tradiciones republicanas instauradas tras el retorno de la democracia en Chile. Este gesto fue ampliamente difundido en redes sociales, reafirmando el respeto institucional.

En el contexto latinoamericano, varios países han experimentado un giro hacia la derecha: Honduras, en un cambio de último momento; Bolivia; Argentina, que ha transitado hacia la ultraderecha; así como Ecuador y El Salvador, que ya contaban con gobiernos de derecha. Sin duda, el continente atraviesa una transformación política significativa.

No obstante, esta tendencia no necesariamente alcanzará a México, país que históricamente ha seguido su propio curso político debido a la cercanía e influencia de Estados Unidos. Sin embargo, es previsible que las decisiones dentro del movimiento político actualmente hegemónico se distancien progresivamente del centro discursivo de poder.

Ante el inminente colapso del régimen venezolano, surgen interrogantes: ¿qué hará la 4T sin su aliado estratégico?, ¿ofrecerá asilo a Maduro? Si resultara útil políticamente, ¿por qué no? Ya antes se otorgó asilo al Sha de Irán, en referencia a líderes petroleros exiliados.

El continente experimenta movimientos, quizá impulsados por el espectro de la ultraderecha, aunque esto no implica que esa corriente se instale con la misma fuerza en México. Lo cierto es que, cada vez más, las decisiones en materia de seguridad y comercio estarán sujetas al escrutinio y los intereses de nuestros vecinos del norte.

No sería casualidad que para el 2030 Morena postule a un candidato con un perfil más cercano a los líderes de derecha que han emergido recientemente en América Latina.

La ultraderecha avanza en Sudamérica, pero en México los sectores conservadores aún no tienen motivos para celebrar. En cambio, Morena debería estar alerta ante la posibilidad de que estas corrientes surjan desde su interior, tal como ocurrió en su momento con el PRI.

¿Por qué no podría suceder lo mismo en un partido de corte caudillista como Morena? Al final, el expresidente López Obrador comprende bien la realidad política nacional, justo como lo expresó su paisano, el gran Enrique González Pedrero, al referirse a Santa Anna: “México, país de un solo hombre”.

¿Seguirá siendo así?, ¿cuándo cambiará esta condición?