No es una novela de Gabriel García Márquez, aunque bien podría serlo. En pleno trópico, un patriarca, López Obrador, reaparece para presentar un libro y proclamar, con énfasis, que la presidenta es la presidenta. Asegura que solo abandonaría su retiro por tres razones: para defender a la presidenta, para salvaguardar la democracia (esa misma que él ha ido moldeando a conveniencia) y para proteger la soberanía. En resumen: saldría a las calles únicamente para preservar su legado, en caso de que alguien intentara arrebatárselo.

Esta semana, el régimen se vio sacudido por un movimiento político que repercutió en múltiples frentes: Tailandia, Tabasco, la FGR, Guatemala y Alemania. La salida del exfiscal Alejandro Gertz Manero fue una reacción ante el escándalo de las carpetas de investigación y la posterior conversión de Raúl Rocha Cantú, empresario que pasó de ser casinero en los gobiernos de la transición a, presuntamente. y según las investigaciones, traficante de armas y combustible. Gertz lo convirtió en testigo protegido, pero surgen las preguntas: ¿para iniciar una investigación?, ¿contra quién?, ¿en qué terreno jugaba Gertz?

Quizá nunca sepamos las respuestas a esos cuestionamientos, pero sí fuimos testigos de las consecuencias: su destitución y el nombramiento de una nueva fiscal, quien ya venía trabajando en equipo y que ahora cierra filas en torno a la agenda de seguridad desde la Fiscalía General de la República.

En política, nada es casualidad: el patriarca reapareció en otoño para reafirmar que la presidenta es la jefa del gobierno, pero el simple hecho de que él salga a decirlo revela dónde reside realmente el poder, en dónde se asienta la autoridad popular.

La semana pasada, el orden político e institucional se tensó por la irrupción de un bróker transexenal y casinero – ¿huachicolero? – que había escalado hasta esferas internacionales. Al concluir el fin de semana, el líder máximo del movimiento se vio obligado a dar la cara y lanzar una arenga. ¿El interior estará tan fracturado, que tuvo que salir a poner orden y exigir obediencia a la presidenta? Al seguir sus palabras, él mismo se convierte en la señal de disciplina y firmeza. ¿Quién más podría hacerlo?

A siete años de haber asumido el poder, y a un año de su expresidencia, López Obrador reaparece sereno para defender su legado. Su mensaje es claro: aquí sigo.

El video no deja lugar a dudas. Explica las decisiones que se tomarán rumbo a 2027. Como se decía en tiempos del salinismo: “no se hagan bolas”.

El patriarca salió a calmar las tempestades internas.