Reinventando la Política

El pasado domingo dos titulares consecutivos en un medio nacional captaron la atención: “Ejército masifica el servicio militar” y “Recluta narco a jóvenes como carne de cañón”.

Ante este panorama surge una interrogante fundamental: ¿quién recluta mejor?

Es innegable que el marco legal exige a los jóvenes cumplir con el Servicio Militar Nacional. Sin embargo, la reciente masificación implica que un mayor número de jóvenes asista al entrenamiento militar, el cual se intensificará a 13 sesiones, equivalentes a tres meses. Esto dará lugar a dos grupos: el primero de febrero a mayo y el segundo de agosto a octubre, donde el sorteo será prácticamente de puras bolas blancas, obligando así a la mayoría de los jóvenes a marchar.

Resulta especialmente llamativa esta medida tras la movilización de la generación “Z”. ¿Por qué la Secretaría de la Defensa Nacional modifica sus criterios respecto al servicio militar? Es posible que busque obtener información de los jóvenes, monitorearlos de manera más efectiva y así contar con herramientas de control y contención a este grupo poblacional.

Por otro lado, respecto a la estrategia de reclutamiento del narcotráfico, cabe cuestionar: ¿no favorecerá esta masificación del servicio militar a la especialización de mano de obra para el crimen organizado? Si el Ejército Mexicano no logra contener el proceso de reclutamiento criminal, donde las redes sociales y la ausencia de un marco legal que sancione el reclutamiento infantil en actividades ilícitas facilitan la captación de jóvenes para el sicariato, el problema podría agravarse.

De acuerdo con estudios de la Red por los Derechos de la Infancia (REDIM) y el Seminario sobre Violencia y Paz de El Colegio de México, los factores que propician el narcorreclutamiento son la presencia criminal, la falta de ingresos, el bajo nivel educativo y el escaso acceso a servicios de salud.

El Ejército Mexicano está obligado a implementar un proceso de formación cívica para los jóvenes, aunque es incierto el uso final de la información recabada, que probablemente será destinada a fines de vigilancia y control.

Mientras tanto, nuestros diputados federales, quienes recibirán un generoso aguinaldo, no han abordado el tema del narcorreclutamiento juvenil, y no se percibe voluntad política para hacerlo.

Por ahora, el Ejército continuará con la masificación del Servicio Militar Nacional, mientras que el crimen organizado parece avanzar sin obstáculos en sus estrategias de captación.

El reclutamiento de jóvenes y menores de edad por parte del crimen organizado ya muestra sus consecuencias, aunque aún no figura en la agenda pública.

¿Hay alguien ahí?