Post partido 28 de noviembre

Se nos acaba el Apertura 2025 y estamos en la antesala de la Gran Final de nuestra muy querida y colorida Liga MX; los semifinalistas están puestos y de nueva cuenta tenemos un choque entre los equipos del centro del país contra los dos planteles regiomontanos que buscan demostrar una vez más su autoridad en el balompié nacional.

 

Toluca, Cruz Azul, Tigres y Rayados son los equipos que estarán disputando las semifinales de este torneo, y los caminos para llegar hasta esta instancia han sido diferentes en cada uno de los 4 protagonistas.

 

TOLUCA: No se despeinó en lo absoluto para llegar hasta la semifinal, si bien no pudo conseguir el triunfo como local en “La Bombonera” y sellar una llave redonda ante el modesto Bravos de Juárez, logró hacer lo necesario para mantener vigente el mote de máximo favorito al título y seguir en caballo de hacienda rumbo a ese bicampeonato.

 

CRUZ AZUL: Se le estaba indigestando el dulce a la máquina cementera en el partido de vuelta. Chivas se le plantó muy bien y demostró que su torneo fue bueno para las limitantes que tiene como plantel y llevó la eliminatoria a favor hasta el minuto 72’ que fue cuando los celestes empataron el duelo. Sin embargo, lo dramático es que Chivas tuvo el pase a las semifinales, pero su máxima figura en la historia, Javier Hernández, falló un penalti decisivo al minuto 90’ y firmó su precario y patético regreso a la institución rojiblanca, donde “el hijo pródigo” del Rebaño perjudicó más allá de contribuir a la causa.

 

TIGRES: El resultado más espectacular de los cuartos de final lo protagonizó el plantel universitario; se comió vivo a unos Xolos de Tijuana que habían conseguido en la frontera un “sentenciable” 3-0 favorable, pero que a su viaje al “Volcán”, se hicieron chiquitos, diminutos y fueron engullidos por los Tigres con marcador de 5-0. Dicen las malas lenguas que el principal beneficiado por este resultado “mata quinielas” fue el propio dueño de Tijuana: Casinos Caliente… ¿Sospechoso, no creen?

 

RAYADOS: Quizás el equipo que menos méritos hizo para llegar a las semifinales puesto que se metió por la puerta del sótano a la siguiente ronda, pero aprovechó las carencias defensivas de un muy desangelado América que cierra así uno de los peores años en su historia deportiva. Con 10 jugadores desde el minuto 84’ por doble amarilla del “Corcho” Rodríguez, parecía que las Águilas lo habían logrado al firmar uno de sus mejores partidos del Apertura 2025 y tener la eliminatoria definida con un 2-0 favorable que empataba el global y por posición en la tabla los enviaba a la siguiente fase, pero una combinación de errores de Luis Ángel Malagón y Kevin Álvarez al minuto 93’ que se cristalizó en un gol de Germán Berterame los mandó a descansar temprano este año.

 

Es así que las semifinales quedan: Toluca – Rayados y Cruz Azul – Tigres; ya le contaremos el viernes cómo quedaron los juegos de ida.

 

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Dejando de lado el análisis de la liguilla, vamos a pasar a una anécdota personal de este América – Rayados que se disputó en el Estadio Azulcrema de la Ciudad de México, partido al cual su servidor tuvo la oportunidad de asistir y presenciar en directo la tragedia griega del equipo que tanto quiere.

 

El sábado transcurrió diferente a un día cualquiera, incluso por el hecho de tener un par de días de recién aterrizado y desempacado en el rumbo y dispuesto a conquistar la capital del país; por primera vez en 23 años vería a las Águilas del América en vivo y a todo color en su propio estadio… bueno eso a medias porque el Azulcrema no es la casa de planta de los emplumados sino el vetusto y próximamente tres veces mundialista Estadio Azteca.

 

Inicié mi caminata rumbo al Estadio Azulcrema ubicado en la Colonia Nochebuena de la capital, una ubicación mucho más que privilegiada para un recinto deportivo, al encontrarse básicamente a tiro de piedra de las opciones de transporte público de la ciudad, siendo bastante accesible desde cualquier punto de la Ciuda de México.

 

Entré con una especie de mezcla entre emoción y ansiedad por la puerta número cinco, y tras un exprés chequeo por parte de las autoridades de la Liga MX y de la CDMX, me encontraba sentado en mi asiento con una de las mejores vistas que existen a un terreno de juego. Es cierto, el Estadio Azulcrema es muy viejo y descuidado, pero la vista que tienes, sin ningún tipo de obstáculo, y la cercanía a la cancha efectivamente la convierten en una de las mejores opciones para ver el fútbol en México y me atrevo a decir que del mundo.

 

Curiosamente y por azares del destino me senté a proximidad de la porra del América, donde todos los estereotipos que existen en torno a la afición de las Águilas se cumplen a rajatabla, y escuchar los cánticos tan cerca y que solamente me eran accesibles a través del sonido de mi televisor, fue una sensación indescriptible, cual animal salvaje rescatado y enviado de nuevo a su hogar… me sentía en mi hábitat.

 

El partido acompañó en todo momento, era muy cómico escuchar al capitalino promedio cantar y gritar toda clase de insultos al terreno de juego con ese tan característico acento “cantadito” que identifica a la chilanga banda en todo el mundo, pero por 90 minutos eran el complemento perfecto para adornar una tarde de fútbol tan entretenida e inolvidable para mí.

Las Águilas hicieron su juego y tuvieron el partido controlado casi en todo momento, y los momentos en que me tocó gritar los goles del azulcrema se tornaron en matices inolvidables para este seguidor del Ave desde hace 25 años. Una cosa es gritarlos, o incluso no gritar desde la comodidad de mi casa en Culiacán, y otra es asistir al estadio y apoyar al equipo de primera mano, por lo que ese par de goles fue la válvula de escape de 23 años sin mirar un gol del América en su casa completamente en vivo.

 

Al final, Germán Berterame y Rayados vinieron a aguadear un poco la fiesta personal que traía con el gol de la eliminación americanista, y a eso sumarle lo sumamente maldita que está la canción “Mi mayor anhelo” que el Estadio Azulcrema suele cantar cuando el América va ganando porque justo cuando el sonido local la estaba transmitiendo vino el tanto definitivo; pero a título personal, esas 3 horas que pasé en la casa de mi equipo favorito no se borran, y salí del inmueble con una sonrisa en el rostro, no triste por la eliminación, sino porque a partir de enero será algo cotidiano para mí asistir a ver los partidos del que ha sido, es y será mi equipo peferido.

 

He tenido el privilegio de ver en vivo a casi todos los mejores equipos de fútbol del mundo así como a los mejores futbolistas en el planeta, y también he conocido una buena cantidad de catedrales de este deporte en el Viejo Continente, pero al final, no hay nada que se compare con ver a tu club favorito jugar en vivo.

 

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Con esto nos despedimos por hoy, les deseamos una excelente semana.

 

Hasta la próxima.