Cuentan que el secretario de Defensa Marcelino García Barragán se fue a quejar con el presidente Díaz Ordaz que en Pemex les surtían muy poca gasolina, solamente para dos o tres días. Díaz Ordaz increpó al titular de petroles mexicanos, quien era Jesús Reyes Heroles y este le contestó algo masomenos así: de eso se trataba: de asegurarse que el Ejército no contara con la capacidad de movilizarse más que pocos días, y que estuvieran conscientes de su debilidad.
Ahora bien, en ese juego de política y milicia: El Senado de la República Mexicana ha decidido posponer la discusión sobre la autorización para el ingreso de efectivos de los Navy SEALs y del Séptimo Grupo de Fuerzas Especiales de Estados Unidos a México. Esta solicitud, presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, sería abordada en una sesión extraordinaria programada para el lunes 5 de enero de 2026, pero se aplazó a febrero.
Hace días durante una conferencia de prensa, la presidenta Claudia Sheinbaum negó cualquier relación entre la suspensión del Senado mexicano y los acontecimientos ocurridos en Venezuela. La revisión de la solicitud del Ejecutivo, que contempla el ingreso temporal a México de elementos de los Navy SEALs y del Séptimo Grupo de Fuerzas Especiales de la Marina de Estados Unidos, así como la salida de contingentes de la Armada de México al extranjero, fue aplazada debido a la importancia y sensibilidad del tema.
Resulta inusual que se haya pausado la autorización para el ingreso de militares extranjeros con fines de capacitación, ya que históricamente el Senado mexicano ha facilitado estos trámites de manera expedita. Sin embargo, en esta ocasión confluyen varios factores relevantes:
Los ejercicios navales se realizarán en Campeche.
Los efectivos involucrados pertenecen a los Navy SEALs.
Recientemente se ha producido la captura de un presidente latinoamericano.
En este contexto, surge la pregunta: ¿Cuál es la distancia entre Campeche y Palenque en un Black Hawk? Se estima que es menos de una hora de vuelo, y además, con total discreción. Cabe destacar que los Navy SEALs son expertos en operaciones de acción directa, como la captura de objetivos de alto nivel y en contraterrorismo, una agenda prioritaria para Trump: extracciones y terrorismo.
¿Y si algún senador o miembro del politburó sospechó? Tal vez pensó que era mejor postergar la decisión, ante la posibilidad de que, estando tan cerca, en el sureste, los Seals pudieran ser enviados a Chiapas por razones que todos conocen.
Con el presidente Trump, siempre se recomienda pensar mal y acertar, y vale más si se puede, anticiparse antes de que ocurra una extracción inesperada. No es casualidad que el Senado haya decidido aplazar la discusión; quizá en febrero el panorama sea distinto.
Por ahora, Trump ya ha sostenido 15 llamadas telefónicas con la presidenta Sheinbaum y, según fuentes oficiales, todo marcha bien. Sin embargo, cada vez que tiene oportunidad, el mandatario estadounidense insiste en la posibilidad de realizar operaciones contra líderes del narcotráfico en territorio mexicano.
Por lo pronto, el Senado se puso el huarache antes de espinarse, no vaya a ser que el Gamer de La Casa Blanca traiga el Joystick caliente y se le antoje mandar por alguien. Ya mandó por Maduro, ¿qué más se le puede ocurrir?
Por eso, tal vez eso explica la suspensión del Senado en tardarse en aprobar el ingreso de los Navy Seals a Campeche es que está cerca de la lumbre.
La ilusión viaja en tranvía y el miedo también en Black Hawk.
Por eso el Senado pateó el balón… para febrero. No vaya a ser.
