Y así como llegó la final de la Liga Mexicana del Pacífico, también se fue, tras cuatro partidos donde vimos una medición muy desigual de fuerzas entre los ahora bicampeones Charros de Jalisco y los ahora bisubcampeones Tomateros de Culiacán, la temporada ha llegado a su fin, pero eso también significa que viene el análisis de lo que fue otra campaña más para el equipo guinda, y un fracaso deportivo más para la era moderna de esta administración de los Ley.

Muchísima expectativa fue la que se gestó en torno a lo que sería la tercera edición de este choque en la antesala del título, dado que ambos equipos no tardaron mucho en despachar a sus rivales de semifinal, y con varios días de descanso cargados de análisis, comparaciones y demás contenido relacionado a la serie, simple y sencillamente fue un desperdicio de material porque en el campo la realidad fue más que distinta.

Hablamos en la entrega del viernes pasado lo que fueron los primeros dos partidos de la final en Culiacán, pero la verdad nada nos tenía preparados para lo que se presenció en el Estadio Panamericano de Zapopan, con unos Charros determinados a aplastar a unos Tomateros que, a fuerza de ser sinceros, llegaron completamente derrotados a este par de compromisos jugados en Guadalajara.

Con un picheo abridor completamente débil y sin carácter, sumándole a ello los errores infantiles de jugadores “clave” como Ramón Ríos o Luis Roberto Verdugo, así como lo poco que aporta un pelotero como Román Alí Solís y que increíblemente ahí sigue al pie del cañón, la verdad es que fue duro (desde la óptica de un aficionado a los Tomateros) de ver el desempeño de los guindas en la final.

De este viaje de temporada que terminó en el juego cuatro de la serie final, solamente podemos rescatar el desempeño de Manny Barreda como abridor, a quien no hay nada qué reprocharle; al relevo del equipo guinda que mostró una solidez la cual no se veía en varios años; y también de aplaudir la entrega de beisbolistas como el cubano Orlando Martínez, quien fue el único que demostró carácter y ganas de revertir la situación, a diferencia de otras “estrellitas” como Joey Meneses, que de “CabaJoey” nomás está su apodo, porque si uno trata de decirlo en voz alta, notará que no es posible terminar la palabra.

Muchas cosas se pueden concluir además de lo que hemos mencionado en los párrafos anteriores, pero si nos vamos a lo deportivo, empiezo a considerar el hecho de que si la base de estos nuevos “Tomateros” son los Luis Roberto Verdugo, los Ramón “Pulpa” Ríos, los Luis Cessa o los Ichiro Cano, me parece que la sequía de títulos, que por cierto ya va en cinco años, se va a extender un buen tiempo más, dado que estos jugadores transmiten todo menos carácter.

Simple opinión, pero cimentada en los 25 años que tengo viendo desfilar jugadores por esta organización.

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Ahora bien, vamos a pasar al tema de directiva, y por supuesto que no iba a dejar pasar esta oportunidad de seguir criticando a la oficina de los Tomateros de Culiacán, quienes, y a reserva de lo irónico que suene, siguen “cosechando” los frutos de sus decisiones al frente de la organización.

Lo hemos dicho mil veces, y lo seguiremos diciendo mil veces más, el error más grande que ha hecho esta directiva es el cepillar, ningunear y mandar a la calle por la puerta de atrás, al único mánager que conoce, comprende y representa lo que es el Club Tomateros de Culiacán; y junto con Francisco “Paquín” Estada, Benjamín Gil es, hasta la fecha, el mejor prototipo de manejador para esta organización, y si no me creen, los títulos hablan por sí solos.

Es muy triste que una directiva haya decidido quitar al entrenador que imprimió su sello mejor que nadie en el equipo, e incluso, me atrevo a decir, ha sido el único en deducir cómo sacarles provecho a las dimensiones del Estadio de los Tomateros, y para muestra, busque el pisa y corre que se aventó Billy Hamilton en la final de la temporada 2024-2025 con el que Charros consiguió el título en Culiacán.

Benjamín Gil quiere mucho al equipo, y el equipo, junto con la afición también lo quieren a él, entonces, ¿por qué correrlo cuando ha sido, ahí que sí, la gallina de los huevos de oro?, ¿saben lo difícil que es conseguir una comunión perfecta entre mánager, jugadores y afición?

¡Pero cómo!, Benjamín Gil no puede brillar más que los nombres de apellido Ley al momento de hablar de los Tomateros de Culiacán, y eso déjenme decirles, estoy seguro que Juan Manuel Ley López jamás le hubiera incomodado, es más, en un descuido y hasta lo hace socio de los supermercados.

El personal de la oficina lo tiene claro hoy en día: nos interesa más vender gorras y casacas, artículos que lo vuelvo a decir, son de pésima calidad y carente de identidad o arraigo a lo que representa Tomateros. Y si usted piensa que Orlando Martínez o el propio JP Martínez, baluartes ofensivos del equipo en esta temporada y que lograron hacer sinergia con el aficionado, van a estar de vuelta el próximo mes de octubre defendiendo la causa “culichi”, váyase olvidando de eso.

Lo que me queda claro es que esta directiva lo que menos quiere es pagarles dignamente a sus mejores activos que son sus jugadores, ¿tiene dudas?, revise los rosters de los últimos años y dígame si encuentra algún pelotero que haya repetido temporadas con los Tomateros, ¡claro que no es necesario!, siempre van a encontrar jugadores que cobren mucho menos que aquellos que alzan la voz, como si venderle casacas a la afición villamelona de Culiacán no dejara ingresos.

Y sí, el aficionado de Culiacán tiene la culpa, porque vamos, al final de cuentas permiten este tipo de prácticas, no dejemos de lado el cambio de boletera a Ticketmaster con sus altos cargos por servicios y comisión, que son una auténtica burla para el fiel seguidor de los guindas; no se les olvide que con tal de “aparentar” la gente en esta ciudad paga lo que sea, y bueno, si el flujo de gente yendo al estadio y consumiendo no para, no pasa nada. Qué decir lo de andar comprando y comprando casacas y souvenirs que al rato los están rematando, y sin dejar de mencionar que hoy en día, la “afición” a lo que va es a buscar pareja con la ayuda de la pantalla gigante del estadio, porque ¡hey!, no capea no capea no capea.

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Ya para irnos, como lo mencioné en su momento, Tomateros llegó muchísimo más lejos de lo que se esperaba esta temporada si somos francos, desde que inició esta campaña no se veía un equipo contendiente y con las tablas suficientes para conseguir el ya maldito campeonato número 14; el haber alcanzado la final es muchísimo premio para una directiva y un equipo que no fue armado para conseguir el campeonato.

Sí, duele muchísimo que sea de nueva cuenta Charros el victimario del sueño guinda, pero al final de cuentas, viendo quién es el mánager y tomando en cuenta las prácticas del club, que se ha empeñado en ir matando al aficionado fiel y de muchos años, lo que queda es aplaudirle a Jalisco el resultado obtenido, porque de nuevo, se cosecha lo que se siembra, y estoy más que seguro, que los directivos en estos momentos se andan retorciendo del coraje por perder de nuevo contra el equipo que más detestan, y peor aún, contra el mánager que trataron con la punta del pie.

Y la verdad, qué bueno.

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Nos leemos el próximo viernes, que tengan una excelente semana.

Hasta la próxima.