El día de hoy sale a la venta el libro Ni venganza ni perdón del abogado Julio Scherer, hijo del fallecido periodista del mismo nombre. Sin duda, el exconsejero jurídico busca lanzar un obús a la Cuarta Transformación.

El libro reconstruye la relación entre Scherer y el entonces presidente López Obrador. No es un ajuste de cuentas ni un ejercicio de autoexculpación, pareciera que es un testimonio de cómo el poder cambia vínculos.

Todo parece indicar que el testimonio de Scherer sostiene que la ruptura de la relación no fue accidental, sino consecuencia de una lógica de poder que no admite cercanía sin ser sometido.

“Cuando salgas del gobierno, irán contra ti”. Esa fue la advertencia que López Obrador le habría hecho antes de su salida del gobierno

¿Por qué el hombre más poderoso del país, y quien controla y somete al gobierno, le dice eso a un excolaborador? Muy probablemente porque es él el que irá o permitirá ir contra su otrora amigo. Así es el poder, avisa advirtiendo.

El libro, según, explica el papel de los obradoristas radicales como el Fiscal Gertz, el propio Adán Augusto y la exministra Olga Sánchez Cordero, gente que ya no está en el primer círculo del poder.

Presumiblemente, en el libro se habla de que el hoy jefe de asesores de presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, entonces jefe de prensa del presidente López Obrador, sería un enlace con Sergio Carmona, acusado de presuntos narconexos, asesinado en Nuevo León en 2021 cuando, dicen, negociaba impunidad con EE. UU. Según, fue el presunto financiador de campañas de Morena con recursos producto del huachicol.

Esta acusación contra un funcionario de primer orden del Gobierno Federal es directa y lo evidencia. Scherer da el golpe en un momento sensible y donde la presidenta está pasando por severas acusaciones de no tener el control de todo el territorio.

Contar es resistir, dice Scherer. Independientemente, lo que busca el exconsejero es lavar su nombre, y suelta el golpe en medio de un proceso en donde la presidenta no atina a salir de los temas de seguridad.

Aun así, la historia alcanza para incomodar. No es que el Cadillac morenista pierda brillo —eso sería lo de menos—, sino que el operador de costos descomunales, alianzas incómodas y amistades peligrosas no fue expulsado ni reciclado. Sigue ahí, intacto, moviendo piezas al amparo del poder presidencial.

La declaración de Scherer impacta directamente en la línea de flotación de la gobernabilidad de la presidenta Sheinbaum. Eso sí, se va a intentar aminorar, pero la acusación a Ramírez Cuevas, un incómodo del obradorismo en Palacio Nacional, le pone una diana en el tema de investigaciones de Estados Unidos.

Parece que la declaración de Scherer le cae a la presidenta como anillo al dedo. Se quitará a otro obradorista. Serían tres en menos de dos meses. Lleva prisa la presidenta, pero va tarde. Eso sí, está limpiando la casa.

Los duros siguen perdiendo posiciones, pero la presidenta quiere hacer una reforma cuando las fosas parecen confundir a la gobernabilidad del país.
Scherer, sin duda, buscó el momento más propicio para limpiar su nombre y abrir otro escándalo al poder, al que tanto sirvió.

Como decía Borges : “Yo no hablo de venganzas ni perdones. El olvido es la única venganza y el único perdón”.

Al parecer, Julio Scherer no olvidó…parece que esta historia continuará.