Entramos al segundo mes de 2026 con un tablero político en plena reconfiguración. A mitad de año, comenzarán a perfilarse las candidatas y los candidatos a las gubernaturas de 17 estados. Es decir, la mitad del mapa electoral del país. Sin embargo, estas contiendas no se definirán únicamente en el ámbito local, aunque en algunos casos ese factor será preponderante. Al cierre del día de hoy -como en la bolsa de valores- nada se mueve en solitario: corrientes, grupos de poder y liderazgos nacionales y regionales ejercerán presión para imponer sus ofertas políticas y marcar el rumbo del proceso en cada una de sus entidades.

Veracruz, uno de los principales bastiones electorales de Morena, y una de las entidades con mayor listado nominal, muestra una fractura evidente. La gobernadora no ha logrado generar unidad al interior del movimiento y, paradójicamente, el primer exgobernador morenista parece estar operando no para fortalecer a su sucesora, sino para el Partido del Trabajo, una señal clara de que la cohesión interna ya no puede darse por sentada.

En Michoacán, el escenario no es menos complejo. El gobernador Alfredo Ramírez no está operando políticamente para el senador Raúl Morón, mientras enfrentan un movimiento social emergente con epicentro en Uruapán —el llamado movimiento del Sombrero— que crece al calor del descontento social. A esto se suman los persistentes niveles de inseguridad y una sociedad históricamente politizada e indignada, factores que podrían derivar en una elección cerrada y altamente volátil para el proyecto de la transformación.

Zacatecas expone otro frente de tensión. El senador Saúl Monreal, hermano del líder de la Cámara de Diputados, desafía abiertamente a la presidenta Claudia Sheinbaum al afirmar que ningún estatuto está por encima del pueblo ni de la democracia. Si existe una disposición clara de no permitir candidaturas de familiares en gubernaturas y alcaldías, ¿por qué en Zacatecas se le da la contra a la presidenta? Y si esto ocurre ahí, ¿qué impediría que se replique en Guerrero, con Félix Salgado Macedonio buscando suceder a su hija? Lo que se decide en una entidad no es un hecho aislado: funciona como un efecto mariposa que repercute en todo el entramado político.

Campeche ofrece un caso distinto, pero igual de preocupante. La gobernadora Layda Sansores parece encarnar una herencia política del siglo pasado: silenciamiento de la prensa, confrontaciones con diputados de su propio partido, escándalos con policías estatales y un uso personalísimo del poder que evoca las prácticas más rancias del viejo priismo, ahora bajo nuevas siglas.

En Baja California, las presuntas investigaciones en torno a una persona cercana a la gobernadora Marina del Pilar han obligado a la presidenta a llamar al orden a la clase política local. Mientras tanto, el exgobernador Jaime Bonilla, al igual que en Veracruz, hace política desde el PT, evidenciando que los primeros gobiernos morenistas no siempre juegan hoy para Morena.

El panorama es claro: Morena enfrenta pendientes serios en varios estados que estarán bajo la lupa nacional. Cada decisión, cada ruptura y cada imposición tendrá efectos más allá de sus fronteras.

En ese sentido, habrá que leer estos movimientos. No es un ejercicio de especulación, sino de anticipación política, porque entender lo que hoy se acomoda —o se descompone— en otros territorios es clave para prever lo que mañana puede sobrevenir en Sinaloa.