Recientemente, el empresario agrícola sinaloense Arturo Paredes Peimbert asumió la presidencia de la Comisión para la Investigación y Defensa de las Hortalizas, la CIDH, y ese relevo merece atención. Estamos frente a un cambio que refleja como una nueva generación empieza a tomar posiciones clave en los organismos del campo sinaloense, justo cuando la horticultura enfrenta uno de sus momentos más delicados en décadas.

 

Hoy producir hortalizas exige mucho más que saber sembrar y cosechar. Hoy hay que lidiar con barreras comerciales, reglas sanitarias, exigencias laborales, costos crecientes y mercados cada vez más sensibles a la política. En ese terreno, la defensa del sector dejó de ser una tarea secundaria. Se volvió una función estratégica.

 

Aunque es un organismo de la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa, la CAADES, el trabajo de la CIDH ha servido durante años como punto de articulación técnica, legal y estadística para respaldar al sector hortícola mexicano. La comisión brinda asistencia técnica, legal, fiscal, contable, financiera y administrativa; además elabora estadística hortícola, recaba información estatal, nacional e internacional, y funge como órgano de consulta para autoridades y productores.

 

El mejor ejemplo está en el caso del tomate. Desde 1997, cuando inició la investigación por dumping, y hasta 2025, la CIDH jugó un papel clave para evitar que se impusiera un arancel compensatorio que golpeara de lleno al sector. Durante los distintos acuerdos de suspensión, la interlocución técnica con las autoridades estadounidenses fue determinante para sostener el acceso al mercado más importante para la horticultura mexicana.

 

Durante esos años, la CIDH llevó la administración del acuerdo de suspensión con todos los productores de tomate a nivel nacional y fue el interlocutor principal con el Departamento de Comercio de Estados Unidos. No era un asunto menor. Se trataba de regular un mercado binacional gigantesco, sensible y altamente politizado, donde cualquier error podía traducirse en pérdidas millonarias para ambos lados de la frontera.

 

A esa labor de defensa comercial se suma otra tarea que muchas veces pasa desapercibida, aunque tiene un enorme valor estratégico: la apertura de nuevos mercados. La CIDH encabezó el trabajo de investigación, gestión e interlocución al más alto nivel con el gobierno japonés para abrir en 2012 el mercado de Japón al tomate mexicano. Más recientemente, ese mismo esfuerzo rindió frutos con la apertura para el chile bell mexicano.

 

Ese dato dice mucho sobre la dimensión real del organismo. La CIDH no se ha limitado a responder a crisis o a reaccionar cuando aparece una amenaza. También ha trabajado para ampliar horizontes comerciales, abrir puertas y construir condiciones de acceso a mercados exigentes, donde cada autorización sanitaria y cada negociación institucional pueden tomar años de paciencia, disciplina técnica y persistencia diplomática.

 

Todo ese esfuerzo, sin embargo, terminó chocando con la política proteccionista de Donald Trump. En 2025 se vino abajo una arquitectura institucional que durante años había permitido ordenar el comercio del tomate entre México y Estados Unidos. Con esa decisión, se echó por la borda una labor muy amplia de defensa, negociación y coordinación que buscaba dar certidumbre a un mercado fundamental para ambos países.

 

El impacto es enorme porque el tomate sigue siendo una potencia exportadora. En 2025, México exportó alrededor de 2 millones de toneladas de tomate, con un valor cercano a 3 mil 200 millones de dólares. La mayor parte de ese volumen tuvo como destino el mercado estadounidense. Estamos hablando de una cadena que mueve divisas, empleo, inversiones, empaques, transporte y miles de decisiones de siembra en regiones como Sinaloa.

 

Por eso el nuevo liderazgo importa tanto. Arturo Paredes llega a la presidencia de la CIDH en un momento donde se necesita entender operación, logística, inocuidad, administración, defensa comercial y relación institucional. Ese perfil es precisamente el que empieza a distinguir a una nueva generación de dirigentes agrícolas en Sinaloa.

 

Ese relevo generacional puede convertirse en una ventaja real. Muchos de estos nuevos perfiles crecieron dentro de empresas más profesionalizadas, con procesos más ordenados y una visión más integral del negocio agrícola. Saben que la competitividad moderna nace en el campo, pero también en la oficina, en la trazabilidad, en el cumplimiento y en la capacidad de reaccionar con inteligencia cuando se cierra una puerta en el exterior.

 

Sinaloa necesita dirigentes que puedan sentarse con productores, empacadores, exportadores, autoridades mexicanas y funcionarios estadounidenses con el mismo nivel de soltura. Necesita liderazgo capaz de leer una crisis comercial con la misma precisión con la que se lee un ciclo de mercado o una ventana de cosecha. ¿Qué tan preparado está el sector para esa nueva etapa? Esa es una pregunta que vale la pena hacernos desde ahora.

 

El sector hortícola requiere unidad, preparación técnica y visión de largo plazo. Porque frente a mercados cada vez más tensos, la defensa del campo no puede descansar en la improvisación. Necesita instituciones fuertes, datos firmes y liderazgos que entiendan que cada embarque exportado también lleva detrás años de organización y de trabajo colectivo.

 

También necesita una visión más amplia del momento histórico. El campo sinaloense ya no puede pensar únicamente en producir más. Tiene que producir con calidad, cumplir con estándares cada vez más estrictos, defender sus mercados tradicionales y, al mismo tiempo, abrir nuevas rutas comerciales que reduzcan riesgos. Ahí está una de las claves del liderazgo que hoy comienza a tomar forma.

 

Al final, el campo sinaloense sigue teniendo una enorme fortaleza productiva. Pero conservarla exige algo más que talento agrícola. Exige conducción, estrategia y representación. Arturo Paredes llega a la CIDH en ese punto exacto donde producir bien sigue siendo esencial, pero defender bien al sector puede definir el éxito de los ciclos agrícolas futuros, la participación en las exportaciones y el lugar que México conservará en el mercado hortícola de Norteamérica.

 

Esto fue Ruta Agrícola, donde cosechamos información.