El exfutbolista argentino Jorge D’Alessandro, popular presentador de la televisión española y quien participa en el muy reconocido programa de polémica futbolística “El Chiringuito de Jugones”, acuñó una frase legendaria que hoy en día es motivo de “n” cantidad de memes en la red. D’Alessandro, en uno de los programas y completamente fuera de sí, soltó la frase: “Yo no sé nada, lo único que sé es que amo al fútbol”; una simple oración que más de una persona en este mundo usa como mantra y carta de presentación al momento de socializar.
El autor de estas líneas es uno de esos que coincide plenamente con esa frase, y, de igual forma, ha encontrado en ese amor por el fútbol una oportunidad de conocer diferentes lugares del mundo y de México a través de profesar esta afirmación, a veces solo, y otras veces en compañía de varios amigos.
La Ciudad de México me ha abierto un sinfín de experiencias y opciones de entretenimiento, tanto intramuros como en sus alrededores, con bastantes ciudades a proximidad, y, desde el punto de vista futbolístico, varios equipos de la Primera División que se encuentran a un par de horas en autobús de la capital del país.
Un reconocido periodista, Ernesto Campos, apodado “El Trotaestadios”, acuñó una frase muy curiosa que tiene una pizca de verdad: “La mejor manera de conocer el mundo, es a través de sus canchas”, y, ciertamente coincidimos con él al pie de la letra. Lo que nos lleva a la historia de hoy, una excursión de un día para conocer una nueva ciudad en la República, y de paso, marcar en la casilla de “check” al estadio que alberga a su equipo de fútbol.
Unos amigos y su servidor planeamos lo que sería una aventura de un día hacia el Estado de Hidalgo (entidad número 18 de su servidor). El objetivo era explorar la que se denomina como “la cuna del fútbol mexicano”: la ciudad de Pachuca de Soto, aprovechando que se jugaría el partido entre los Tuzos del Pachuca y los Camoteros del Puebla.
Ciudad de tradición minera, conocida por su reloj monumental que cuenta con su maquinaria traída expresamente desde Londres, Inglaterra, y que comparte el mismo mecanismo interno con el popular “Big Ben”; además de su paisaje árido y montañoso, sin dejar de lado su apodo de “La Bella Airosa” por sus fuertes vientos, y, por supuesto, su alimento tradicional como lo son los pastes.
Apenas a 90 kilómetros de la Ciudad de México, Pachuca era el destino ideal para echar a andar esta seguidilla de aventuras por los alrededores de la capital, y pusimos camino un sábado a las nueve con treinta rumbo a Hidalgo, con la emoción de conocer una nueva latitud de México, y de paso, explorar los orígenes y las entrañas de la casa del Pachuca Fútbol Club, equipo mediano con aspiraciones de grande, pero con una historia muy rica en cuanto a éxitos y tradición en nuestro balompié, y peleando el mote del equipo más viejo de México junto a los Albinegros de Orizaba. Además, con el simpático dato de ser el único equipo que ha celebrado dos veces su centenario al tener discrepancias en su fecha de nacimiento, pero vamos, ambas muy bien festejadas.
Con un paisaje en transición hacia la modernidad en sus afueras, Pachuca guarda muy bien sus orígenes y su historia en el casco principal de la ciudad, y donde todavía se conserva la tradición de pasear por la plazuela del reloj monumental; nos topamos con una ciudad pequeña, arraigada a su identidad minera, y, sobre todo, su estrecho vínculo con el club de la ciudad, dado que vimos una gran alegoría a los “Tuzos”, tanto en sus calles como en su transporte público.
La zona donde se encuentra el Salón de la Fama del fútbol y su museo didáctico es uno de los lugares más modernos y bonitos de la localidad, con un museo que queda un poco a deber, e incluso resulta cómico que un recinto como el dedicado a los inmortales del deporte más popular del mundo se encuentre en un sitio tan recóndito como Pachuca. Pero bueno, es una bonita experiencia que entretiene tanto a los chicos como a los grandes.
Un buen amigo que trabaja en los Xolos de Tijuana, al saber que asistiríamos a esta improvisada aventura, decidió contactar al jefe de comunicación de los Tuzos, vendiéndonos como sus hermanos y unos enamorados del deporte que disfrutamos conociendo sus canchas, y preguntando si podían darnos descuento o una cortesía en las entradas para el Estadio Hidalgo; la respuesta superó todas las expectativas posibles ante esta tan insólita petición.
Citándonos a las cinco de la tarde en el restaurante anexo al “Huracán”, llegamos puntuales pensando en que recibiríamos unos boletos para ver el partido. Sin embargo, el buen “Chema”, director de comunicación y marketing, nos comentó que tendríamos la experiencia del “Tuzocio”, es decir, nos pasarían al campo para ver la salida de los jugadores al calentamiento, así como también presenciar desde la línea de banda el entrenamiento final antes del partido.
Como si fuéramos una especie de celebridades, el equipo comercial de Pachuca nos llevó a la sala de trofeos donde nos permitieron alzar los títulos que han conseguido los Tuzos en su historia, destacando la Copa Sudamericana y los trofeos de la Copa de las Américas y la Copa Challenger de la FIFA, obtenidos apenas en diciembre de 2024. Acto seguido, bajamos al túnel de vestuarios donde pudimos saludar de mano a los jugadores del Tuzo, para luego ya salir al césped del recinto hidalguense, el cual, es uno de los más bonitos de todo México, en cuanto a comodidad, vista y cercanía con el campo.
Finalmente, nos llevaron a uno de los palcos del Hidalgo, donde vimos el partido con toda la comodidad del mundo, y preguntándonos si habíamos soñado toda la experiencia o de verdad sucedió, porque la atención de todos durante toda la experiencia fue de primer nivel, y en el terreno de juego, una gran actuación del Pachuca para llevarse el triunfo por 2-1 ante Puebla, donde los locales se quedaron con uno menos apenas iniciando el encuentro, dándole doble mérito a la conquista.
Así, tras un día bastante agradable y con experiencias irrepetibles, partimos de vuelta a la Ciudad de México, con una sonrisa en el rostro de haber amasado una gran anécdota para el futuro, conociendo México a través de sus canchas.
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Ya para irnos, la selección de México, pero de béisbol, está firmando hasta el momento lo que es una participación acorde a sus expectativas en el Clásico Mundial de Béisbol. En este primer par de encuentros ante Gran Bretaña y Brasil, la novena que comanda Benjamín Gil ha logrado llevarse el triunfo en ambas contiendas, teniendo un arranque lento y tambaleante, pero cerrando a tambor batiente los partidos y llevándose grandes conquistas.
Hasta el momento México ha demostrado que ese salto de calidad hacia la cima mundial se ha dado, y ahora se sienta en la mesa de quienes aspiran ganar el campeonato; es cierto, Gran Bretaña y Brasil no representan mucho en el tablero beisbolero, pero con mayor razón el equipo nacional debía demostrar su poderío, y vaya que lo lograron.
Hoy lunes es el primer gran desafío para Benjamín Gil y compañía en este viaje, se trata de nada más y nada menos que los Estados Unidos, la selección favorita a ganar este Clásico Mundial, y que vienen con la espina muy clavada ante México, dado que en tres de las cuatro contiendas entre ambos países han sido los mexicanos quienes se han llevado el triunfo, marcando una “paternidad” en ese sentido.
Estados Unidos ha mostrado soberbia y hasta cierta presión de cara al encuentro contra México, asegurando que en la caseta de las barras y las estrellas se encuentran los 30 mejores jugadores del mundo, pero creemos que se equivoca al decir eso porque, que yo sepa, ni Yoshinobu Yamamoto ni Shohei Ohtani son norteamericanos.
México hizo su tarea, llegar 2-0 al encuentro más difícil de la fase de grupo, y con la consigna de ganar uno de los últimos dos partidos que tiene, porque todavía hace falta enfrentarse a Italia el día de mañana, plantel que históricamente ha hecho la vida de cuadritos al tricolor.
Estaremos al pendiente de lo que suceda, pero tenemos la confianza de que este México llegará hasta las semifinales del Clásico Mundial de Béisbol.
Así sea.
Nos despedimos por hoy, les deseamos una excelente semana.
Hasta la próxima.
