Reinventando la Política

Los acontecimientos que se han presentado a raíz de la propuesta de Reforma Electoral han dejado al descubierto los reflejos políticos dentro de Morena. El partido oficial parece decidido a avanzar sin titubeos, alineado con la presidenta Claudia Sheinbaum y dispuesto a impulsar la reforma, aun cuando ello implique dejar a sus aliados políticos en una posición incómoda o incluso debilitada. El Tiranosaurio quiere comerse a toda la fauna y quedarse solo en el ecosistema.

Tanto el Partido Verde Ecologista de México como el Partido del Trabajo han comenzado a mostrar señales de inconformidad. Cada uno, a su manera, ha levantado banderas de advertencia frente a la iniciativa de Morena.

Mientras el Verde presiona para mantener o ampliar espacios de poder —particularmente gubernaturas y posiciones estratégicas—, el PT enfrenta una realidad distinta: carece de competitividad real en la mayoría de los estados.

Paradójicamente, a pesar de que recientemente se les aprobaron recursos millonarios para los CENDIS, el PT también se ha sumado a la presión política. El problema de fondo es otro: la Reforma Electoral podría terminar afectando directamente la estructura de poder de los partidos.

El núcleo de la propuesta apunta a modificar la manera en que se definen candidaturas y liderazgos internos. En apariencia, podría interpretarse como un intento por empoderar a la militancia; sin embargo, en la práctica implicaría debilitar a las dirigencias partidistas y reducir su capacidad de decisión. Para muchos cuadros políticos, esto significaría perder el control sobre las candidaturas y las rutas de poder que tradicionalmente han administrado.

La oposición ya ha comenzado a advertirlo: más que abrir el sistema político, la reforma podría terminar fortaleciendo de manera desproporcionada a Morena. El riesgo que señalan es claro: el país podría estar transitando hacia una nueva etapa de hegemonía partidista.

En esa línea del tiempo político, Morena no solo busca mantenerse en el poder, sino también redefinir las reglas electorales para consolidar su posición dominante. Si la reforma avanza en los términos planteados, el resultado podría ser un sistema en el que las posibilidades reales de alternancia se reduzcan considerablemente.

La pregunta que queda en el aire es si esta reforma abrirá la democracia o si, por el contrario, terminará cerrando el camino para que nuevos actores o fuerzas externas disputen el poder.

Morena parece tener la respuesta clara: va con todo… y no se quita.