Reinventando la Política
En política y en seguridad pública, no todos los movimientos significan caída. A veces, por el contrario, son señales de reacomodo, de ascenso o de reconfiguración de poder. La salida del general Óscar Rentería Schazarino de la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa puede leerse precisamente en ese registro: el de los movimientos que responden más a la lógica estratégica del Estado que a una crisis local. Habrá que ver el relevo y a donde va.
Si algo quedó claro en la reciente gira por Sinaloa de la presidenta Claudia Sheinbaum fue el reconocimiento público al trabajo del General Rentería Schazarino. Y en política —y más aún en el lenguaje del poder— los elogios presidenciales no suelen anteceder a una destitución. Más bien funcionan como una señal de cierre institucional o como el preámbulo de un nuevo encargo.
Por ello, una de las lecturas posibles es que la salida del General responde a un reacomodo dentro del aparato de seguridad nacional. No sería extraño que su destino esté en alguna Región Militar o incluso dentro de la estructura de la Guardia Nacional, donde ha venido consolidándose un nuevo esquema de coordinación. En ese espacio, además, se menciona la cercanía operativa que ha tenido con el general Guillermo Briseño Lobera, con quien habría hecho equipo aquí en Sinaloa.
Ahora bien, hay un segundo elemento que ayuda a entender el movimiento. Dentro de la Secretaría de la Defensa Nacional se están produciendo ajustes que apuntan a fortalecer la estructura del Estado Mayor Conjunto y a articular de forma más estrecha la coordinación estratégica con el United States Northern Command. La lógica de esta reingeniería es clara: empoderar a los mandos regionales y construir una red de control territorial donde las regiones militares funcionen como verdaderos centros de mando.
Esto pudiera leerse como un cambio en las estructuras de mando policial civil, con el fin de compartimentar el flujo de información para futuros operativos de alto impacto. En ese contexto, los movimientos de Generales no deben leerse como episodios aislados, sino como piezas dentro de una reorganización mayor del sistema de seguridad.
Sinaloa, por supuesto, también tiene su propia lógica política. Cuando un mando militar deja la conducción de la seguridad estatal, inevitablemente se abre un espacio para redefinir el control operativo de las corporaciones policiales. Y ahí entran las dinámicas de poder locales.
En ese sentido, dentro del entramado militar existen equilibrios que deben respetarse. Si el general Rentería Schazarino se mueve hacia otra responsabilidad dentro del sistema de seguridad nacional, se abre la puerta para que nuevos mandos —ya sea cercanos a la estructura militar o directamente vinculados al mando superior— ocupen el espacio que deja. El relevo puede ser directamente a petición del Jefe de la III Región o directamente por el General Secretario. Es Sinaloa, pues.
Dicho de otro modo: más que una salida abrupta, lo que estamos viendo es un movimiento dentro del tablero. En el México actual, donde las Fuerzas Armadas han adquirido un papel cada vez más central en la seguridad pública, estos ajustes son parte de un proceso mayor de reorganización del poder territorial. Los generales se mueven, las regiones se fortalecen y los estados se convierten en puntos conectados de una estrategia nacional más amplia.
Trump está pidiendo más trofeos, desde el sábado, los cambios explican eso, se necesita cambiar las estructuras para nuevos operativos y los jefes operativos necesitan cambiar los mandos en el territorio.
Habrá que recordar que cuando el operativo Mongoose Azteca cambiaron los jefes de zona y de Región. ¿No será la misma lógica la salida del General?
Pero falta saber quién viene en relevo, si es gente del General Ávila o del Secretario Trevilla, además si fue mando capacitado por los nuevos elementos de los militares norteamericanos, si el mando es Murciélago y qué tipo de operativos vienen para Sinaloa. La presión de Trump es muy fuerte y habrá que recordar que en las carpetas donde declaran a los narcotraficantes como terroristas hay el nombre de dos estados de la República Mexicana: Jalisco y Sinaloa.
El cambio desde la élite militar en el mando policial en el estado de Sinaloa se da en los inicios de la disputa por el poder y el monopolio de la violencia en todas sus formas, quien venga en relevo a Sinaloa explicará lo que viene en territorio y en política.
Se está preparando la pacificación en Sinaloa y la pregunta es, ¿según la Defensa y la SSPC qué perfil político puede ensamblarse al futuro que le están trazando a Sinaloa?
La sucesión en Sinaloa va de la mano con estas decisiones desde la milicia.
