¿Por qué cada vez es más difícil comprar una vivienda digna en Culiacán?
Hoy hablar de vivienda en Culiacán ya no es hablar solo de metros cuadrados, urbanización y ubicación. Es hablar de una generación completa que, con salarios promedio —de entre 15 mil a 35 mil pesos al mes— ve cada vez más lejos la posibilidad de acceder a una casa o departamento que cumpla con dignidad y calidad de vida.
Precios fuera de mercado y exceso de efectivo que en los últimos años hemos visto cómo los precios de las viviendas han subido mucho más rápido que los ingresos. Factores como la especulación inmobiliaria y el exceso de liquidez en ciertos sectores han inflado los valores, especialmente en zonas urbanas consolidadas. Esto ha distorsionado el mercado, haciendo que incluso viviendas de calidad media sean inaccesibles para la mayoría de las familias.
Los sueldos no alcanzan; si bien un ingreso de 25 mil a 60 mil pesos mensuales puede parecer competitivo en algunos sectores, en la práctica no rinde lo suficiente para cumplir con los requisitos que exigen los bancos o las instituciones financieras. Los créditos hipotecarios suelen requerir enganches elevados, tasas que suben junto con los precios y condiciones que muchas veces excluyen a quienes no tienen otro patrimonio o historial crediticio sólido. Esto coloca a muchas personas —especialmente jóvenes, familias pequeñas y profesionistas recién egresados— en una situación sin muchas alternativas: No alcanzar el monto necesario para el enganche, no cumplir con los criterios de crédito, o bien, acceder a viviendas de interés social que no siempre cumplen con calidad, espacio o ubicación adecuados.
La presión fiscal sigue creciendo, el gobierno, frente a la necesidad de aumentar la recaudación, ha impulsado mayores impuestos, derechos y contribuciones al sector construcción y suelo urbano. Si bien la recaudación es necesaria para servicios públicos y obras, no debería convertirse en una carga que encarezca aún más el acceso a la vivienda como lo son: mayores impuestos sobre la propiedad, cuotas y costos asociados a trámites municipales y estatales, carga fiscal que termina trasladándose al precio final de las viviendas
El resultado: una generación sin acceso a vivienda digna. La combinación de estos factores ha creado una barrera casi infranqueable para muchas personas que trabajan, pagan impuestos y construyen día a día la economía local. No se trata solo de tener un ingreso estable: se trata de que ese ingreso realmente permita acceder a un bien fundamental como lo es la vivienda.
La situación actual de la vivienda en Culiacán no solo es un reflejo de los precios del mercado: es un espejo de nuestras prioridades como sociedad. Si queremos una ciudad más justa, competitiva y equitativa, es urgente replantear cómo se recauda, hacer comparativas con otras ciudades, como se construye, regula y financia el acceso a la vivienda digna y sobre todo revisar los valores ante la autoridad catastral.
