Sábado 28 de marzo del 2009, tenía entonces 14 años, me había quedado dormido una noche antes viendo las luchas de la WWE en la televisión, como al siguiente día no tenía la necesidad de madrugar, no tenía el pendiente de dormirme temprano. A eso de las 5 de la madrugada, mi mamá abre la puerta de mi cuarto y me empieza a mover para despertarme, solo recuerdo que me dijo: “despierta hijo, que ya se van al aeropuerto”; yo sin entender mucho de lo que pasaba, recuerdo que mi mamá me dio una mochila con ropa y me alcanzó mi camiseta de la selección mexicana de fútbol esa que era color verde rana y su manga era de tres cuartos de longitud.

Todavía dormido, pero ya cambiado, recuerdo haber bajado a la sala y ver a mi papá sentado, ya cambiado y con una maleta, en cuanto me mira, me dice que ya nos íbamos al aeropuerto, porque iríamos al Estadio Azteca a ver el partido entre México y Costa Rica, correspondiente al hexagonal final rumbo a la Copa del Mundo del 2010.

Yo sin entender mucho de lo que pasaba, pero visiblemente emocionado, inicié dicho viaje que hasta la fecha recuerdo perfectamente. Una jornada que inició en el museo del Templo Mayor del Centro Histórico de la Ciudad de México y que hacia la media tarde continuó con el traslado hacia el Coloso de Santa Úrsula.

Finalmente llegamos, la cabecera sur del estadio en la zona 300 fue la que me dio un lugar para ver el México 2 – 0 Costa Rica, con goles de Omar Bravo y de Pavel Pardo, en un partido que marcó el principio del fin de la era de Sven-Göran Eriksson como el entrenador del tricolor, dándole la estafeta a Javier Aguirre para calificarnos en la penúltima fecha a Sudáfrica 2010.

Un recuerdo muy bonito que tengo con mi padre, sobre todo por el esfuerzo que hizo para ir a un partido que estoy seguro él tampoco ha olvidado.

Y esto nos lleva al presente, al año 2026; la semana previa a la reapertura del Estadio Azteca me encontraba cazando una entrada para el partido en la odiosa reventa de nuestro país, me encontraba dispuesto a desembolsar hasta 1,700 pesos en un boleto para asistir al México – Portugal, tomando en cuenta las variables que había híper inflado los precios a un nivel completamente ridículo.

Y de repente, mi buen amigo Javier Llausás me manda mensaje diciéndome que parara con eso, porque tenía dos boletos para el juego y nos los regalaría a mi amigo Jaír y a mí, un auténtico milagro de Navidad. Y fue así como Jaír y yo partimos el sábado 28 de marzo del 2026 rumbo al Estadio Azteca, a eso de las dos con treinta de la tarde, para poder cubrir trayectos con total calma, puesto que el viaje en transporte público era de alrededor de una hora con treinta. Tomamos el Metrobús de la Ciudad de México, el Metro, y finalmente el renovado Tren ligero, el cual, para esta Copa del Mundo, estrena un servicio directo entre estación Tasqueña y el Estadio Azteca, reduciendo el tiempo de viaje a apenas 15 minutos entre estaciones.

A eso de las cuatro de la tarde llegamos finalmente al recinto, el Coloso a la distancia lucía digamos similar a lo que era antes de su renovación, salvo unas mamparas rojas y el nombre de su patrocinador principal en grande, pero al menos la entrada a la explanada fue sin contratiempos y bastante ágil; faltaban tres horas para el partido, pero ya estábamos ahí, y con tiempo de sobra para turistear y poder comer algo, sin prisas y sin la presión de que íbamos tarde.

La estructura exterior del Azteca se ve exactamente igual, salvo algunas pantallas nuevas para publicidad en forma de anillo adornan la cara del recinto, eso sí, mal clavadas en la infraestructura, porque con el viento pudimos ver cómo se movían, además de que las rampas de acceso y baños lucían exactamente igual a antes de la famosa remodelación, pero bueno, nosotros íbamos al juego, no a juzgar la calidad del trabajo.

Ya en nuestros lugares la cosa cambió, el interior del Coloso sí se notaba distinto, con nuevas estructuras para palcos de transmisión y prensa, además de butacas nuevas que eran ciertamente más cómodas que las anteriores, pero con el punto negativo de estar sumamente juntitas unas de otras, dando una sensación de estar apretado en tu lugar, sin embargo, la iluminación, pantallas y sonido sí tuvieron una mejora significativa, ofreciendo un mejor producto al aficionado. Lo que definitivamente quedó a deber fue el hecho de que una vez en el estadio, la atención de la Policía local fue muy deficiente, pidiéndole al aficionado mostrar su boleto en la app que se cerraba por seguridad, y para volver a tener el boleto visible era una hazaña, porque al haber un exceso de personas, la señal telefónica era inexistente, lo que generaba cuellos de botella y mucha frustración; qué decir de la flamante señal de wifi en el recinto, la cual falló completamente al grado de que los concesionarios tuvieron que aceptar efectivo pese a que se anunció con bombo y platillo que el estadio era 100 % libre de dinero físico, una vergüenza.

Ya en nuestros lugares, la experiencia fue complementada por una toalla conmemorativa del estadio, una pulsera de luces que formaba parte del espectáculo de medio tiempo que la verdad fue sumamente emotivo y bien elaborado, y la emoción de estar una vez más en la zona 300 del estadio, pero esta vez desde la cabecera norte del Azteca. El partido fue un 0-0 donde México dejó grandes sensaciones en cuanto a juego colectivo ante una selección como Portugal, candidata a ganar la Copa del Mundo, y que tuvo en el campo a sus mejores hombres, dejando de lado las ausencias de Bernardo Silva y de Cristiano Ronaldo.

El camino a casa fue con mucha satisfacción, quizás faltó un gol en el terreno de juego, pero el hecho de haber formado parte de uno de los eventos históricos del fútbol mexicano y su templo mayor es de esas experiencias que se quedan grabadas para siempre… al menos por 90 minutos vivimos algo que se asemeja muchísimo a un ambiente de Copa del Mundo.

=0=

Ya nos aventamos la experiencia personal, ahora vamos con el análisis del aficionado que se dio cita en el partido, porque aquí es donde las cosas se van a voltear bastante, y el rumbo de esta columna va a cambiar en demasía.

No es ajeno para nadie la polémica y sumamente turbia que fue la venta de boletos para este partido, la cadena boletera Fanki demostró no estar a la altura de lo que representaba este partido de altísimo calibre para un país tan grande como México, poblacionalmente hablando.

Con sus movimientos raros, y con la reventa a precios de risa, el juego México – Portugal estuvo viciado desde un principio, y el malestar de la afición se hizo más que evidente en los meses previos; luego vino la noticia de que Cristiano Ronaldo no podría jugar y el partido que otrora fuera digno de 20 mil pesos según los revendedores, vio como ese precio se esfumaba, cayendo a los 1,600 pesos en la zona más alta.

Sin embargo, si bien esto acercó a mucho aficionado de a pie al partido, esto no quedó exento de personas que pagaron cantidades exorbitantes por su entrada, y de igual forma, la cantidad increíble de “influencers”, lo peor de lo peor de la sociedad, estuvieron en el estadio, todos haciendo el mismo chiste sin gracia y grabando absolutamente todo. ¿Qué se logró con esto?, más allá de generar un vínculo con sus seguidores, lo que sucedió fue que los aficionados mexicanos que de verdad van al estadio a ver el partido atacaron a los creadores de contenido, mencionando que a esto ha llegado la selección mexicana, a alejar al aficionado fiel para darle lugar a “influencers” que no saben un ápice de lo que es el deporte y el equipo.

De igual forma, el aficionado se hizo presente con un abucheo sonoro hacia la selección por el resultado de 0-0, lo que desató una serie de críticas y lloros por parte de los periodistas y los propios jugadores del equipo nacional, haciendo ver al fanático mexicano como malagradecido con su selección, pero aquí es donde todo se le ha estado viniendo encima a los dos gremios previamente mencionados.

El lado del periodista soltó un llanto en redes sociales asegurando que el aficionado con estas actitudes desprestigia la carrera de periodismo y su labor como reporteros, pero aquí es donde muchísimos personajes que se han encargado de polarizar la opinión del mexicano han recogido lo que cosechan. Campañas ridículas para desprestigiar a ciertos jugadores y enaltecer a otros porque son de “x” o “y” equipo; cuando estamos hablando del combinado nacional, donde los colores de los clubes quedan de lado.

Y por otro lado tenemos a la selección, con jugadores tan tibios como “Rafita” Márquez que sale a criticar y recriminar a los aficionados con sus abucheos, cuando son precisamente ellos, con sus constantes giras a los Estados Unidos donde juegan más cómodos porque los pochos aplauden cualquier actuación mediocre. Vamos, en los últimos 10 (diez) años, México solamente ha jugado en 3 (TRES) ocasiones en el estadio Azteca un partido amistoso. En 2014 contra Israel, en 2018 contra Escocia, y en 2020 contra Guatemala. En las 84 ocasiones restantes que la FEMEXFUT pudo decidir donde jugar su partido, solamente en esos partidos eligieron el “Azteca” como su casa, el resto, el 95% se jugaron en Estados Unidos.

¿Cómo esperan que la gente les aplauda? Somos la única selección mundial que juega como local en Estados Unidos, porque claro, allá apapachan cada ridículo y fracaso de este equipo, total, pagaron en dólares y ahí las arcas se llenaron, pero los mexicanos de a pie nos alejamos más y más de este producto que cada vez es menos atractivo de consumir.

Y con este tipo de acciones, donde ponen boletos en Fanki con muchísimos puntos grises a la venta, y donde se invitan a influencers que no dan risa y que solamente perjudican más de lo que benefician a la sociedad, es más que evidente el porqué el aficionado abuchea a su equipo, ¿no creen?

=0=

Ya para irnos, hay algo que sí debemos rescatar, y es que después de esta fecha FIFA, la selección mexicana ya puede ir asegurando varias plazas en el once inicial que enfrentará a Sudáfrica el próximo 11 de junio. Siendo francos y estrictamente apegados a lo visto en la cancha, el equipo de Javier Aguirre mostró un buen nivel colectivo con las nuevas piezas que se sumaron a esta convocatoria.

De entrada, es importante mencionar que la portería con el “Tala” Rangel está asegurada, no hay que buscarle más; mismo caso con la línea defensiva, donde la pareja de centrales con Johan Vázquez y César Montes nos brinda tranquilidad como una dupla sumamente sólida, de igual forma las bandas con Jesús Gallardo e Israel Reyes no deben por qué tener cambios o movimientos raros, ya quedó.

El medio sector también ya tiene dos lugares asegurados, tanto Erik Lira como Álvaro Fidalgo son inamovibles en la media cancha, solamente resta averiguar quién será el jugador que los acompañe; el español ahora mexicano le brindó un mayor dinamismo al equipo nacional, y ante dos rivales de peso como Portugal y Bélgica, el ex americanista demostró por qué no hay nadie similar a su talento en nuestro país.

La delantera no tiene cambios con Raúl Jiménez, y, al menos para mí, el caso de Julián Quiñones es para ser titular indiscutible en la Copa del Mundo, el delantero del Al-Qadisiyah mostró una excelente asociación con Fidalgo y el “Lobo”, por lo que solamente quedan dos espacios en el once para ser rellenados con quien mejor juegue. Ahí es donde lleva ventaja el jugador de Chivas Brian Gutiérrez, quien mostró buen entendimiento con sus compañeros Lira y Fidalgo, además de ser sumamente talentoso y con buena llegad al área rival.

Aguirre dio en la tecla con varios futbolistas en estos últimos encuentros, y si mantiene el 4-3-3, solamente están dos posiciones a la espera de conocer a quienes serán sus dueños, pero lo demás ya quedó perfectamente.

=0=

Aquí cerramos el espacio, nos leemos la próxima semana, que ya se nos atravesó la Semana Santa, descanse, y no olvide que viva Cristo Rey.

Hasta la próxima.