Siempre que hay un sismo de altas magnitudes, las réplicas son inevitables. Las rocas cercanas a la ruptura sufren un reacomodo y readecuaciones de la corteza terrestre. En Sinaloa, el “sismo inicial” se sintió el miércoles a mediodía con el anuncio del distrito sur de Nueva York, el cual fue viralizado por el Embajador Ronald Johnson minutos después. Sin duda, la onda expansiva no tardó en sentirse y en sacudir el tablero político cuando -en menos de 72 horas del anuncio- el gobernador Rocha Moya solicitó licencia temporal al cargo de titular del Ejecutivo Estatal.

Ahora bien, en geología, las réplicas ocurren en el área de ruptura de la falla. A un lado queda el epicentro, lo que implica que puede haber una propagación muy asimétrica de la ruptura. En política, ocurre algo parecido: los efectos no golpean a todos por igual.

En esta situación que pasó el viernes pasado, el mero Día del Trabajo por la noche, los sinaloenses vivimos historia política en tiempo real: un gobernador no solicitaba licencia desde hacía 68 años, cuando el entonces gobernador Sánchez Celis, por temas de salud, solicitaría licencia provisional. 16 años antes, en 1952, el Congreso del Estado removía al gobernador Enrique Pérez Arce por un tema de salud mental.

Es posible que estemos próximos a otra réplica, posiblemente hoy con la reunión del Gabinete de Seguridad en la IX Zona Militar, pues una visita con tanta premura augura algo. Va a ser poderosísimo el anuncio que se vayan a dar. Está reciente todo, y lo que se vaya a comunicar desde una instalación militar lleva un mensaje: la readecuación y acomodo del poder civil y de su clase política se hace estrictamente desde lo militar. No será cualquier cosa.

Pudiera pensarse que la regeneración de Morena no es guinda, sino verde olivo. Hace tiempo vengo sosteniendo que la sucesión en los estados pasaría por las carpetas del secretario Omar García Harfuch y del general secretario Ricardo Trevilla. Bajo la actual situación ya no es lógico, es a la fuerza.

Lo cierto es que se está escribiendo historia política y, para los jóvenes, guiones de Netflix.

Aquí la pregunta ya no es si habrá más movimientos, sino: ¿qué y quién sigue?