Reinventando la Política
Existen decisiones políticas que, aunque no generan gran estruendo, resultan sumamente reveladoras. En ocasiones, lo relevante no es tanto lo que se aprueba, sino el momento en que se elige hacerlo.
En política, los tiempos siempre son causales. El posible aplazamiento de la elección del Poder Judicial hasta el año 2028 puede interpretarse justamente así: como una señal de que el tema de la justicia ha dejado de ser un asunto meramente jurídico para convertirse en un eje profundamente político, el cual no salió bien en el 2024, por eso lo dejaron para más delante: un año posterior a la elección de la renovación de la Cámara de Diputados.
Una reforma de tal envergadura no es menor: aplazar la elección de la otra parte de jueces y ministros que quedaron pendientes. No se trata solo de modificar leyes, sino de alterar el equilibrio mismo del Estado mexicano. Por ello resulta llamativo que, tras meses de discursos apresurados, surja ahora la prudencia. Tal vez es la señal que la primer reforma no salió como el poder quería.
La interpretación inmediata podría ser técnica: falta organización, reglas claras, mecanismos de selección y condiciones que eviten una elección caótica. Sin duda, hay algo de eso. Sin embargo, en política, los aplazamientos suelen esconder cálculos estratégicos. Trasladar la discusión a 2028 traslada el tema al siguiente ciclo presidencial, disminuye tensiones inmediatas y otorga margen para reorganizar fuerzas.
Además, evita que una reforma tan sensible se lleve a cabo en un ambiente polarizado, donde cualquier resultado sería cuestionado por una parte significativa del país. Existe, además, una lectura más sutil: el poder ha comprendido que reformar la justicia no genera el mismo consenso que modificar programas sociales o impulsar obras públicas.
Así surge la gran interrogante de fondo: ¿se pretende democratizar la justicia o politizarla?
La independencia judicial siempre ha resultado incómoda para cualquier gobierno. Los jueces representan, en teoría, el último muro frente al poder político. Sin embargo, en México tampoco existe una confianza plena en el sistema judicial actual. Entre corrupción, nepotismo y sentencias controvertidas, la narrativa del cambio ha encontrado terreno fértil. Así como los perfiles de jueces y magistrados que resultaron electos en la primer zafra y que presuntamente contaban con vínculos con el crimen organizado.
En el fondo, este debate revela algo más profundo sobre el México actual. El país atraviesa una etapa en la que las instituciones ya no se transforman lentamente; ahora se disputan políticamente día tras día.
La Corte, el INE, el Ejército, las policías, entre otros: todos se han convertido en escenarios de confrontación pública.
Y cuando esto sucede, el tiempo se convierte en una herramienta de poder.
Porque, en ocasiones, gobernar no consiste en mover piezas rápidamente, sino en elegir con precisión el momento adecuado para hacerlo.
En el 2027 Morena va por todo: quiere la mayoría absoluta sin aliados y el 2028 quiere la totalidad del Poder Judicial y de la revocación no hablamos… esa se va a definir en los próximos días…
Si es que la presidenta se logra quitar al ala dura del movimiento en estos días, pero se ve difícil… mas no imposible.
