En política, los tiempos del partido hegemónico son -o parecen- perfectos, aunque también son de estrategia. Y en Morena, por lo que se está viviendo con Estados Unidos, todo parece indicar que se podrían aplazar las convocatorias para definir coordinadoras y coordinadores de los comités de defensa de la 4T en algunas de las 17 entidades que renovarán gubernatura.

La razón bien podría deberse a conflictos internos —que los hay—, así como a factores externos que podrían alterar por completo el tablero político nacional durante las próximas semanas. Particularmente, el escenario que se observa desde Estados Unidos y las posibles implicaciones judiciales o mediáticas que pudieran surgir en estados sensibles como Baja California o Tamaulipas. Frontera, pues, más los que se sumen.

No sería la primera vez que la política mexicana entra en pausa cuando desde Washington comienzan a moverse expedientes, investigaciones o señalamientos relacionados con seguridad, financiamiento o presuntos vínculos incómodos para actores políticos regionales. En esos casos, lanzar convocatorias apresuradas equivaldría a construir candidaturas sobre terreno inestable. Sería andar sobre arena movediza.

En Morena, entienden que una definición temprana podría convertirse en un problema si semanas después aparece una acusación, una filtración o un nuevo episodio binacional que obligue a replantear perfiles. Dicho de otra forma: nadie quiere nombrar coordinadores hoy para tener que desmontarlos mañana. ¿O acaso en Morena vendrá un desmonte del ala dura? ¿Eso le conviene a la presidenta?

Ahora bien, es probable la posibilidad de recorrer las convocatorias que presumiblemente iniciarían en junio para agosto o septiembre. Sería una manera de ganar tiempo, medir daños, observar el clima en la renegociación del T-MEC y esperar a que se asiente el polvo político en algunas regiones donde cualquier movimiento puede alterar las sucesiones locales.

La lógica sería sencilla: antes de repartir candidaturas, primero habría que confirmar que el tablero no vaya a ser volteado desde fuera porque, en ciertos momentos de la política mexicana, las decisiones ya no se toman únicamente mirando hacia Palacio Nacional, sino también observando con atención lo que ocurre del otro lado de la frontera.

Por eso, la decisión en Sinaloa será una auténtica prueba de fuego: una jugada calculada al milímetro, bajo el riesgo permanente de que el tablero político se mueva inesperadamente. Cada definición será observada con lupa, porque lo que ocurra en Sinaloa no pasará desapercibido. Y es que Sinaloa, Morena desde el centro lo analizará bajo microscopio político.