El día que fui a la inauguración de la Copa del Mundo

Si algo me cuesta trabajo, es quedarme sin palabras, y para esta ocasión, tratar de plasmar en estas líneas todo lo que viví el jueves 11 de junio de 2026 me está resultando en una actividad sumamente complicada, pero haremos el mayor esfuerzo para compartir la que es, hasta la fecha, la experiencia más grande e increíble en mis 31, casi 32 años de existencia.

Podemos empezar este espacio con la afirmación de que hasta hace tres días, yo no tenía planteado ir al Estadio Azteca al juego inaugural, mucho menos a alguno de los encuentros que se van a disputar durante este mes de Copa del Mundo, y de hecho, mi plan era poder usar mi horario de comida para ver en mi teléfono el partido entre México y Sudáfrica, eso sí, bastante emocionado e ilusionado por el gran verano futbolístico que el día de ayer arrancó formalmente.

LUNES 8 DE JUNIO

Mi jefe se acerca conmigo el lunes de esta semana diciéndome que había una ligera posibilidad de hacerme de uno de los boletos para el partido que hicieron llegar a mi oficina, dependía de muchos factores el que pudiera tenerlo en mis manos, y ante esa situación hasta les puedo asegurar que yo lo tomaba como un “no pasará”, y seguir con la planeación de mis actividades mundialistas como las tenía pensadas, total, si se da, qué bueno, y si no, sin problema.

MARTES 9 DE JUNIO

Llega el martes y mi jefe me pide mi correo electrónico para hacerme llegar mi boleto, en ese momento sentí un escalofrío muy fuerte en mi cuerpo y una desesperación por ver mi bandeja de entrada para hacer “clic” en el enlace de la FIFA que me acreditaba como poseedor de una de las 87 mil entradas que había disponibles en el Estadio Azteca (hoy Ciudad de México). Conforme las horas pasaban y yo seguía sin recibir el famoso correo, mi desesperación y ansiedad ya estaban en niveles clínicamente críticos, me sentía como Ícaro volando demasiado cerca del sol y veía cómo mis plumas se iban desprendiendo poco a poco.

Y finalmente, la aplicación móvil de la FIFA me mostró lo que tanto esperaba, una invitación a aceptar el boleto para el México vs Sudáfrica, pactado a iniciar a las 13:00 horas del jueves 11 de junio. A partir de ahí, un escalofrío y temblor permanente se apoderaron de mi cuerpo, y la vigilia rumbo al jueves se hizo eterna, llegando a considerar el miércoles 10 de junio como el día más innecesario de toda mi vida.

MIÉRCOLES 10 DE JUNIO

Pero como si fuera una especie de ironía, o una especie de lección del propio Creador del universo, después de una cena con un gran amigo que también iba al Estadio Azteca al día siguiente donde decidimos la ruta a tomar hacia el Coloso, el verdadero milagro sucedió.

Por simple emoción como había pasado desde el martes, cada determinado tiempo me metía a la “App” para apreciar mi boleto de la Copa del Mundo, el cual todavía dudaba que fuera real por las circunstancias en como llegó a mi poder, apareció algo que me dejó helado, e incluso puedo decir que me trabé porque no comprendía lo que veía.

“Alberto, tienes un boleto adicional para mañana, ¿quieres enviarlo a alguien?”, fue la notificación que me mandó la “App”, y yo asustado porque quizás era algún ajuste de último momento en cuanto a las invitaciones enviadas para el partido y yo me quedaba fuera de la inauguración, deslicé con algo de miedo hacia la derecha para ver de qué se trataba. Y ahí estaba, un boleto “VIP”, con una nueva zona y asiento, además de acceso a un Lounge donde podía estar esperando el arranque de la inauguración. El boleto original seguía en mi poder, y ahora tenía un acceso VIP para ir al juego inaugural de LA COPA DEL MUNDO; por instantes dudé de todo lo que estaba pasando, no sabía si la FIFA se había vuelto loca, o quizás yo había perdido los cabales y alucinaba cosas, pero no, todo era real y tenía dos accesos.

En un comienzo pensé que el boleto VIP era codependiente del acceso original que ya tenía, y no sabía cómo proceder, entonces investigué en línea e incluso en el blog de preguntas y respuestas de FIFA antes estos momentos, ¡y no!, los boletos eran independientes, y de golpe y porrazo tenía DOS accesos al juego inaugural de México.

 

Naturalmente, cuando la vida te regala este tipo de situaciones, lo primero que hace uno es compartir la felicidad, dijera un famoso refresco, y otro gran amigo deseaba asistir al partido y hasta la noche del miércoles su jefe lo obligó a ir a hacer guardia a su trabajo el jueves a pesar de que el Gobierno Federal había anunciado un asueto general por el encuentro; le dije de manera práctica y concisa que ahí estaba la opción y si la tomaba, con gusto le regalaba el boleto para que fuera, no lo pensó dos veces y casi renuncia a su trabajo en ese instante, podemos decir que literalmente tiró todo por ir a la Copa Mundial.

JUEVES 11 DE JUNIO

Conscientes de las miles de manifestaciones y amenazas de bloqueos que imperaban en la Ciudad de México, no quisimos correr riesgos y emprendimos nuestro camino hacia el Coloso de Santa Úrsula en punto de las siete con quince de la mañana. Muchos dirán que es una exageración dado que el partido era hasta la una de la tarde, pero en esta ciudad el tráfico y las aglomeraciones son impredecibles, y bueno, ahí vamos en Metrobús Jaír y yo hacia la estación Félix Cuevas, un par de camisetas verdes en un autobús donde la gente iba a trabajar y nos miraban extrañados por nuestra curiosa vestimenta. Al bajar en Félix Cuevas trepamos el Metro en su estación Insurgentes Sur hacia Ermita, y fue aquí donde nuestro amigo Ángel, beneficiario del milagro mundialista nos esperaba emocionado por la experiencia que viviríamos.

El trayecto hasta Ermita fue más nutrido y animado al toparnos con más aficionados con el mismo rumbo, y fue finalmente el tramo Ermita-Tasqueña donde era una absoluta mayoría el contingente de mexicanos rumbo al recinto deportivo, hasta el operador del Metro de la Ciudad de México tocó la bocina del tren al llegar a la estación para mostrar su buen humor y emoción de cara al juego.

Conforme nos acercábamos a Tasqueña las aglomeraciones eran aún mayores, pero ya era una totalidad de aficionados y turistas con el mismo rumbo que nosotros, al llegar a la estación del Tren Ligero es donde vimos por primera vez manifestantes y un considerable número de policías custodiando el acceso a la estación. Entre personas gritando “fifís” o “privilegiados” y policías gritando que sin boleto en mano no pasábamos al andén del Tren, mi teléfono se iluminó cual árbol de navidad con el boleto del partido ya activo y listo para darme acceso, lo que me hizo soltar un gritito y un saltito de emoción al ver que era algo real y próximo a materializarse.

El operador del Tren Ligero, con una marcada emoción al subir a todos a la unidad, nos dijo por el altavoz: “Próxima estación… ¡ESTADIO AZTECA!”, desatando la histeria colectiva de los viajeros que ya no aguantábamos más la ansiedad de llegar al inmueble. Eso sí, conforme avanzaba el tren, pudimos ver centenares de policías y miembros de la Guardia Nacional custodiar la Calzada de Tlalpan, cumpliendo el anuncio de la presidenta Sheinbaum de que el acceso el estadio estaba garantizado, bueno, eso la podemos dar por buena.

Llegar a la estación del Estadio fue una experiencia surreal, una emoción colectiva y urgencia por entrar a la explanada era lo que cada uno de los aficionados respirábamos en ese momento, y con un muy ágil proceso de ingreso al Estadio, los tres amigos entramos sin contratiempo y nos abrazamos de felicidad al ver que nuestros boletos pasaron, y porque estábamos a punto de presenciar historia; pero, eran las ocho y media de la mañana, ¡¿Y AHORA QUÉ HACEMOS CON LAS CUATRO HORAS Y MEDIA QUE NOS QUEDAN POR QUEMAR!?.

Empezamos a hacer turismo por los alrededores del llamado por la FIFA “Ciudad de México” y disfrutar de las activaciones de los patrocinadores y del ambiente de los más de 40 mil aficionados que para ese momento ya estábamos dentro de las instalaciones. En todos lados se respiraba un aire festivo y emocionante por el juego, por lo que la buena vibra y ese humor que tanto caracteriza al mexicano se respiraban a flor de piel.

EL MOMENTO DEL LOUNGE

Había llegado el momento de separar caminos de mis amigos porque tenía una cita con la historia, mi boleto decía “Zona VIP” y debía averiguar de qué iba todo. No miento, por momentos pensé que era una especie de error y me podía quedar como el perro de las dos tortas, pero al acercarme a una voluntaria del evento y ver mi boleto, con mucha amabilidad me dijo que mi salón estaba enfrente de donde iba a entrar a mi butaca, que me fuera cuando quisiera, yo podía entrar sin problema.

Y así fue, al llegar a mi túnel y ver enfrente el salón que la FIFA habilitó para los aficionados con ese boleto, entré con cierto nervio y todo, pero cuando los recepcionistas me escanearon el boleto y me dijeron “bienvenido Sr. Alberto”, me hicieron pasar a lo que puedo describir como un oasis con aire acondicionado: Comida, desayuno, bebidas alcohólicas, bebidas no alcohólicas, postres, café… lo que uno quisiera.

Hasta recuerdo haberme sentido tonto preguntando si podía tomar algo de la comida, pero los colaboradores de FIFA para este tipo de experiencia fueron de primer nivel, y siempre atendido de la mejor manera, lo que me hizo sentirme sumamente emocionado y agradeciéndole a Dios cada quince minutos porque estaba viviendo algo que es demasiado increíble.

Luego de un abundante desayuno con café y jugo de naranja, y pese a haber desayunado en casa antes de salir, saqué cuentas y reparé en que ya tenía cinco horas despierto, y pese a ser las diez de la mañana, me dediqué por una hora con quince minutos a disfrutar de una botella de vino tinto Marqués de Murrieta mientas apreciaba lo que sucedía a mi alrededor; la inauguración era a las once y media, entonces solo quedaba disfrutar de esta agradable vigilia.

Al salir rumbo a mi lugar, una persona del salón me dijo que volviera más tarde porque la FIFA me tenía un regalo de agradecimiento por haber ido al estadio, y yo con una sonrisa en el rostro me fui a mi sitio, no lo niego, ya bastante relajado y alegre luego de una botella completa en mi récord.

 

 

LA BUTACA EN EL ESTADIO.

Al ir bajando por el túnel rumbo a mi lugar, una emoción muy fuerte entró en mi cuerpo, me sentía como en un viaje en el tiempo hacia México 86, al momento de entrar a la zona de butacas, vi una imagen que vivirá por siempre en mi memoria: el Estadio Azteca completamente lleno, adornado por las banderas de todos los países afiliados a la FIFA, en un sol de mediodía que se veía exactamente igual a los videos que he presenciado del Mundial de 1985, por momentos me sentía en otra época, y era algo increíble.

A escasos metros de mí estaba una alfombra verde en perfecto estado, la cancha estaba en inmejorables condiciones y engalanada con todos los patrocinadores y elementos visuales que solamente había podido ver en una televisión. Ocupé mi lugar en una cómoda butaca que me hizo olvidarme del sol que caía a plomo, y no les miento, lágrimas empezaron a correr por mis mejillas.

Llegó el momento del acto inaugural y la verdad lo disfruté mucho, muchísimos artistas de primer nivel, salvo mi comentario personal que la canción de Shakira que interpretó en vivo se me hizo sumamente flojita comparada al “Waka Waka” de 2010 que fue el hit mundial; “Dai Dai” se me hizo muy básica y debajo de las expectativas de una Copa Mundial, pero bueno.

EL PARTIDO

Llegó el momento de disfrutar por lo que habíamos venido: el encuentro. A las doce con diez minutos salieron los equipos al campo, y pese a que reconozco lo impactante que ha sido ver salir a calentar a clubes como el Real Madrid, el París Saint-Germain, la Juventus, el FC Barcelona o el Atlético de Madrid, este momento pegó diferente, no hay otra manera de explicarlo.

Más cuando las alineaciones se dieron, y al escuchar los nombres de Fidalgo, Raúl, Israel Reyes y Quiñones, simple y sencillamente volví a llorar, mis cuatro caudillos del Club América estaban en el campo, y ahora usando otra camiseta, pero eran mis águilas que tantas emociones me dieron al final de cuenta.

La ceremonia del himno nacional fue solemne y muy emotiva, con la única crítica hacia Alejandro Fernández quien cantó el himno, restándole protagonismo a los aficionados que en ediciones anteriores cantaban a todo pulmón simplemente siguiendo la orquesta que se pone en el sonido del estadio.

Arrancó el partido y jamás en mi vida había prestado tanta atención a un partido como al México – Sudáfrica, así como empezó ya estaba sufriendo porque se acababa la experiencia, y en esas ideas estaba cuando Julián Quiñones aprovechó una gran recuperación de Erik Lira y clavó el 1-0 que hizo rugir al Estadio Azteca como jamás lo había escuchado. Empecé a gritar con todas mis fuerzas el gol que de repente me desvanecí, por cinco segundos se me nubló la vista y caí en mi asiento sin saber dónde estaba, reincorporándome para seguir gritando y saltando la anotación que ponía a temblar a todo México.

Un partido que siempre vivirá en mi mente, recordando cada instante de este, y hasta el momento cuando bajé por más bebidas (que por cierto estaban incluidas en la butaca), me topé con el simpático Luis Gerardo Méndez, mejor conocido como “Javi Noble” o “Chava Iglesias”, a quien por supuesto le pedimos la foto para hacer aún más increíble la experiencia.

Para el segundo tiempo el gritar el gol de Raúl Jiménez también fue especial, con una mezcla de adrenalina y júbilo por ver a tu país meter un 2-0 en una Copa del Mundo. El tiempo se acababa y yo asimilando que todo gran momento llega a su fin, pero que cuando uno lo recuerda perdurará por siempre. El silbatazo final apareció y tocó agradecer por enésima ocasión lo vivido, recordamos que teníamos un asunto pendiente y volvimos al salón por el regalo prometido, el cual no decepcionó: un boleto impreso conmemorativo del encuentro, más pines de la Copa del Mundo y un llavero del balón oficial “Trionda” con el que se jugará el torneo.

El regreso a casa fue pesado por el hecho de que el Tren Ligero falló en su servicio y tocaba tomar otras opciones entre el pesado tráfico de la Ciudad de México, pero bueno, veníamos felices y muy emocionados por lo que se vivió en ese 11 de junio, el día perfecto para el aficionado al fútbol.

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Para cerrar, no cabe duda de que esta experiencia fue la más grande y emocionante de mi vida como aficionado a los deportes, es cierto, he tenido la fortuna y privilegio de haber presenciado muchos de los eventos deportivos más importantes del planeta en vivo, pero nada, nada, se compara con asistir a la inauguración de la Copa del Mundo de fútbol, y más cuando es en tu país y es quien abre las festividades de lo que será un gran mes futbolero.

87 mil personas estuvieron en el Estadio Azteca viendo el juego, y si lo ponemos en perspectiva, solamente el 0,066% de la población en México pudo asistir al partido de fútbol, 130 millones de personas vivimos en este país, y yo tuve la gran fortuna de estar en ese minúsculo porcentaje de aficionados que podremos decir que vimos a México ganarle a Sudáfrica en el primer partido de la Copa Mundial.

Aquí cerramos esta crónica, espero hayan disfrutado este viaje por estas líneas de lo que fue para mí una experiencia que rebasa cualquier límite posible, ya el próximo lunes analizamos bien lo que vimos, y los primeros juegos de este gran Mundial.

Hasta la próxima.