El milagro mundialista ha sido muy benévolo y generoso conmigo, de eso estoy más que seguro. No recuperados del todo de la aventura que fue el haber ido al partido entre la Selección de México y su similar de Sudáfrica en el marco de la inauguración de la Copa del Mundo. El dios de este deporte me vio como alguien digno que disfrutó y apreció bastante la experiencia de estar en un Mundial, que el milagro volvió a hacerse presente en mi vida.
Hace unos pocos días, uno de mis jefes aquí en mi empleo se acercó diciéndome que tenía la ligera esperanza de asistir al partido de México contra la República Checa, quizás no con un boleto para sentarme en una butaca, pero sí con una acreditación de la FIFA para fungir como asistente y personal de apoyo del Embajador de República Checa durante el evento; no me prometía nada pero que la oportunidad estaba latente. Todo esto fue un par de días antes de saber que iría al juego inaugural, por lo que en ese momento tenía dos frentes abiertos de poder saborear las mieles de la Copa del Mundo.
El martes de esta semana llega un compañero mío de la oficina a mi escritorio y me entrega mi gafete emitido por la FIFA para ingresar al evento, y a diferencia del juego contra Sudáfrica, la verdad es que lo tomé con mucha más calma que aquella ocasión donde me híper ventilé y donde mi salud corrió riesgo ante tanta mezcla de emociones en un periodo tan breve de tiempo.
Las instrucciones para este partido eran diferentes, dado que el Embajador estaría asistiendo, nuestro viaje hacia el Estadio Ciudad de México comenzó desde muy temprano en una activación con aficionados checos que hicieron el viaje a nuestro país para ver el partido. En un conocido parque de sur de la Ciudad de México fue donde se reunieron los diplomáticos con sus compatriotas para comenzar con la fiesta y posterior caravana rumbo al Coloso de Santa Úrsula a fin de llegar todos en grupo y hacer su partido a manera de “intimidar” al aficionado mexicano.
Luego de lo que fue un auténtico galimatías para ingresar al estacionamiento del estadio, me informaron que mi gafete me daba acceso a la zona VVIP del estadio. A diferencia de aquel partido donde estuve en la zona “VIP”, ahora me llevaban a la zona “VVIP”, es decir “Very very important person”, o en español: “Personas muy MUY importantes. Y este párrafo no es a manera de chascarrillo, de verdad la señalización decía “VVIP”, quedándome un poco confundido ante la magnitud de lo que se venía.
Sin embargo, como si se tratara de una broma de proporciones cósmicas, al bajarme de la camioneta y tratar de ir a donde se supone que vería a mi jefe en su lugar, uno de los colaboradores de la FIFA me dijo que necesitaba de un boleto para poder entrar a la zona de gradas, y que mi gafete en sí no me daba acceso como tal a esa zona que se veía como un oasis en medio de Sahara. De nuevo Ícaro volaba muy cerca del sol y yo me quedaba en la explanada del estadio sin poder acceder al graderío, es decir, estaba sin estar.
Pero ahí fue cuando apareció Pablo Ampudia, ese héroe anónimo que terminó siendo un buen amigo luego de poder charlar en un periodo de tranquilidad entre este ajetreo mundialista, Pablo al trabajar en la FIFA se puso en contacto conmigo e inmediatamente fue por mí a la explanada para llevarme hasta el lugar donde mi jefe se encontraba, pasando todos los filtros con total rapidez y sin hacer preguntas o abordajes innecesarios a mi persona, en menos de 5 minutos había llegado hasta el lounge “VVIP” de la FIFA y rápidamente me subió al elevador que nos dejó en lo que puedo afirmar era un paraíso mejorado de la experiencia anterior.
El color que predominaba en la zona era un dorado que lo veía en todos lados, al preguntarme si tenía incapacidad por parte de mi jefe para estar degustando de los manjares que había en el lugar y yo contestarle que era un aficionado más, me dio luz verde para poder consumir lo que yo quisiera sin restricción alguna, era libre de ello. Eso sí, apenado me comentó que no tenía un asiento asignado y que si tenía problema para ver el juego de pie en el palco. Cosa que a este peculiar sujeto que le está narrando sus aventuras le importa en lo más mínimo… partidos así no se pueden ver sentado.
Una vez instalado en la suite de la FIFA del Estadio Azteca, la alfombra verde se desplegó frente a mis ojos, estando yo exactamente en el medio campo, teniendo la vista más privilegiada que el nido de las Águilas del América ofrece a los 87 mil aficionados que se dan cita en el recinto cada quince días. Era un palco de 3 filas donde la butaca era acolchada y parecía butaca de cine, techado incluso por si había alguna inclemencia del tiempo que se asomara de manera burlona sobre nuestras cabezas.
Pero bueno, no podíamos desaprovechar el buffet de alimentos que había en el salón, y desde tacos al pastor versión gourmet que afirmo estaban de otra galaxia, encontrábamos postres, hamburguesas de pollo, caviar, filetes de la mejor calidad, y mucho, muchísimo alcohol, disponible en cualquier presentación. De hecho, en el salón fui recibido con una copa de champán, algo que me tomó por sorpresa pero que por supuesto acepté y me mezclé entre la crema y nata de personas que había ahí.
Lo curioso vino al momento de pedir unas bebidas, porque de repente estaba en lo que era un símil de las Naciones Unidas y había anfitriones de todas las nacionalidades, y cuando quise pedir algo de tomar, me di cuenta de que no hablaban español y toda comunicación debía ser en inglés, lo cual no representó ningún problema, pero obviamente me hizo darme cuenta de que la cosa aquí tenía otro nivel al ya experimentado.
Al momento de regresar a mi “lugar” (porque la neta vi el juego parado y moviéndome de un lado a otro), comenzó el show de lo que en realidad había venido a ver: México contra República Checa, y lo que era mi lugar para ver el juego se convirtió en lo que bien puedo describir como mi área técnica, porque parecía entrenador de fútbol dando indicaciones a la auténtica nada.
El desfile de personalidades no se hizo esperar, y en mi palco parecía una constelación de leyendas y personajes del fútbol actual. Justo antes del silbatazo, Pavel Nedvěd, leyenda del fútbol de República Checa y actual directivo de la Federación Checa de fútbol, llegó al palco y tuve la oportunidad de cruzar palabras con él, comentándole que en mi infancia (2003-2007), él era mi jugador favorito de aquella Juventus de Turín que marcó época, creciendo y disfrutando de este deporte en mis primeros años viéndolo por la televisión, a lo que me agradeció el gesto y sellamos el bonito pasaje con una fotografía que vivirá para siempre en mi teléfono, y claro, en mi memoria.
De igual forma tuve la oportunidad de saludar a Jorge Campos, quien vivió la emotiva ceremonia de himnos nacionales en el lugar donde me encontraba, y quien antes de irse se acercó y pude saludarlo como si nos conociéramos de toda la vida, total, su querido amigo no se cohíbe con este tipo de personas y hasta bromeamos antes de irse, y si se lo pregunta, sí, Jorge iba en chanclas a la par que usaba traje.
Al darme cuenta de la magnitud de personalidades que estaba viendo, un amigo mío que trabaja en RP de Televisa y que coincidí con él en el salón me hizo el comentario que estaba en el palco donde Gianni Infantino, presidente de la FIFA, suele sentarse cuando viene a los juegos aquí en Ciudad de México… ahí entendí todo y comprendí dónde estaba parado.
El encuentro comenzó a tambor batiente y el primer tiempo fue sumamente frustrante con una República Checa que estaba imponiendo sus condiciones con un fútbol físico, y con México erróneamente buscando hacer daño mediante centros al área donde “El Memote” Martínez buscara ganar una pelota por arriba, spoiler: no ganó un solo balón y la más clara que tuvo le temblaron las piernitas y prefirió dar un pase a la auténtica nada.
El encuentro lo sufría y lo estaba viviendo de manera intensa desde esa zona que bauticé como mi área técnica, y las anfitrionas de FIFA que estaban conmigo se reían y me animaban a seguir viviendo el juego de esta manera. Una colombiana y una mexicana hasta me comentaron que le estaba poniendo bastante ambiente al palco, y que no les había tocado ver a un aficionado en esa zona tan metido en el partido y disfrutándolo de esa forma, lo cual consideraron como la esencia de lo que es una Copa del Mundo.
México desperdició 45 minutos de este partido, pero bueno, de cierta forma lo tenía presupuestado, si República Checa aspiraba a hacer algo en el encuentro era en esa ventana de tiempo, antes de que la altura comenzara a hacer estragos en su condición física, y las piernas perdieran fuerzas.
En esas andaba cuando una chica de Países Bajos que estaba atendiendo el palco se acerca conmigo a preguntarme si deseaba algo de beber (en inglés obviamente), y bueno, le dije que si había algún tipo de limitante o algo (porque bueno, primera vez en esos ambientes), y no, me dijo que lo que quisiera, sin problema alguno. Y como ya estaba bebiendo un whisky a las rocas, me dijo si quería otro, a lo que le comenté que dos “wisconsins” ya era mucho golpe para alguien desesperado viendo cómo su país perdía el tiempo en la cancha, por lo que le comenté si había problema con una cerveza, y a lo que me contestó con una sonrisa que para nada… y bueno, sin darme cuenta la siguiente hora y media veía como mágicamente aparecía una copa de cerveza en mi mesita junto a botanita, la magia de Disney que le dicen. Al medio tiempo coincidimos con Hugo Sánchez en el palco, a quien también aprovechamos para saludar y de manera amable nos recibió e intercambiamos unas breves palabras del partido; 45 minutos y ya había saludado y platicado con dos leyendas de México y una de República Checa.
La felicidad finalmente apareció en el segundo tiempo, cuando México salió más propositivo y buscando hacer daño con latigazos y descolgadas por las bandas, aprovechando la condición física del rival (como debía ser en un principio), el gol de Mateo Chávez lo viví con una emoción desbordada por estar gritando indicaciones y marcándole el pase al infinito y más allá, y al anotar el canterano de Chivas, el grito de gol no se hizo esperar. Eso sí, corrí hacia adentro del palco porque mi jefe y autoridades de la Federación Checa de Fútbol estaban ahí, por lo que mi euforia no se hizo pública, pero sí se hizo presente.
Luego vino el gol de Julián Quiñones orquestado por Gil Mora y una extraña asistencia de Jorge Sánchez, la cual de nueva cuenta me hizo saltar por los aires gritando gol, y compartiendo un breve momento con el actor culichi Alejandro Speitzer, que estaba en el palco y a quien abrazamos en el gol de Julián, gritando con mucha emoción y felicidad… no hubo foto porque en ese momento estábamos más preocupados por celebrar el hecho de que otra vez el ex americanista había metido gol que por andar tomando fotos.
El tercer tanto fue el más emotivo para mí, al ver como Álvaro Fidalgo anotó el definitivo 3-0 del juego, y presenciar cómo el asturiano nacionalizado mexicano derramaba lágrimas por haber metido su primer gol con México, en el estadio que tantas veces hizo su patio de juegos ante la afición que tanto lo arropó y hasta la fecha lo siguen extrañando y viéndolo con ojos de orgullo triunfar en el fútbol. Así es amigo lector, brotaron las lágrimas de mi rostro, lágrimas de felicidad. Un 3-0 que selló una fase de grupos perfecta para México, con tres triunfos consecutivos, 9 puntos de 9 posibles y sin goles en contra hasta ahora. Razones más que suficientes por las cuales al final del partido Mikel Arriola, presidente de la Liga MX y quien también estaba en ese palco, nos abrazara eufórico por haber obtenido un resultado tan increíble e histórico para la Selección Nacional, total, a esas alturas no hay nada como compartir la emoción con tu vecino de butaca.
El epílogo de este partido de antología fue cuando Guillermo Ochoa entró por última vez al campo a defender el arco mexicano, cerrando su ciclo de seis mundiales en su carrera y ser reconocido por la afición por su trayectoria, un visiblemente emocionado “Memo” fue vitoreado por todos nosotros durante los 15 minutos que jugó, y qué decir del arropo de sus compañeros como el “Tala” Rangel y Carlos Acevedo, quienes lo abrazaron y reconocieron como la figura que es: el mejor portero en la historia de México. Hasta Edson Álvarez le cedió el gafete de capitán para sus minutos en el campo, toda una leyenda que vivirá por siempre en nuestros corazones futboleros.
Se acercaba el final del partido y uno de los directivos de la Federación Checa, al ver como su equipo estaba siendo goleado y eliminado de la Copa del Mundo, lo mejor que pudo hacer fue disfrutar de las viandas que ofrecía el palco, y les puedo decir que hasta amigos terminamos siendo, conviviendo y disfrutando de los minutos finales del juego así como también de las bebidas y demás cosas que nos ofrecían… una amistad que trasciende grandes distancias y que con el fútbol fue posible.
Ya para irnos del estadio, nuevamente en la salida la FIFA me dio un regalo muy especial: una placa hecha en mármol con el grabado de los datos del partido que tuve el privilegio de presenciar, en una caja muy bonita que desde ya también forma parte de los souvenirs que vienen conmigo para toda la vida.
Antes de salir del Azteca, un último vistazo a la cancha me hizo procesar y apreciar el hecho de que por 90 minutos vi al América, mi amor de toda la vida, jugar con la camiseta de México, y donde generaciones de jugadores que marcaron época en ese mismo estadio jugaron juntos.
Guillermo Ochoa protegiendo el arco y siendo vitoreado por el Azteca; Israel Reyes el presente y referente de la defensa del Ave; Edson Álvarez como contención y emulando su época de aquel mágico 2018; Álvaro Fidalgo y Julián Quiñones jugando juntos y asociándose como aquel América del 2023-2024 que hizo ver diminutos a los 17 equipos restantes en México, y encima anotando un gol cada uno. ¿Qué más podía pedir?
Este es sin duda otro de esos partidos que vivirán en mi memoria, con una experiencia que me hace darme cuenta de que ya no es casualidad que en par de ocasiones me toque asistir a juegos de esta magnitud en zonas muy privilegiadas, y que ciertamente, me hacen agradecerle a la vida por tanto.
Aquí le dejamos por hoy, nos leemos el lunes con todo los 16vos de la Copa Mundial, hasta la próxima.
