Reinventando la Política

 

Mientras millones de personas observaban la inauguración del Mundial, otro grupo de mexicanas buscaba aprovechar el mismo reflector para recordar una realidad menos festiva: la de los miles de desaparecidos que siguen sin regresar a casa.

La protesta de las madres buscadoras no fue un rechazo al futbol ni a la celebración deportiva. Fue algo más profundo. Fue un intento por colocar una pregunta incómoda en medio de una fiesta global: ¿Qué ocurre cuando un país es capaz de organizar por tercera vez uno de los eventos más importantes del planeta, pero tiene dificultades para encontrar a sus desaparecidos?

Ahora bien. Por un lado, un México moderno, capaz de recibir visitantes, garantizar logística, seguridad y proyección internacional. Por otro, la de miles de familias que continúan buscando respuestas sobre el paradero de sus seres queridos. Y que carecen de acompañamiento y apoyo institucional a las zonas donde hay fosas clandestinas.

En ese sentido. La protesta tiene una relevancia que va más allá del propio Mundial. Lo que expresa es una creciente distancia entre las expectativas de las víctimas y la capacidad de las instituciones para ofrecer resultados que generen confianza. Cuando las madres buscadoras deciden llevar su causa a un escenario internacional, el mensaje implícito es que los espacios ordinarios ya no les parecen suficientes.

En términos políticos, esto debería llamar la atención de cualquier gobierno, independientemente de colores partidistas. La legitimidad institucional no se construye únicamente mediante grandes obras, eventos internacionales o indicadores económicos. También se construye cuando los ciudadanos sienten que el Estado es capaz de protegerlos y, cuando falla, de ofrecer verdad y justicia.

La protesta también revela una transformación importante en la discusión pública sobre la violencia en México. Durante años, el debate estuvo centrado en los grupos criminales, las estrategias de seguridad y las estadísticas de homicidios. Hoy, una parte importante de la conversación gira alrededor de las víctimas. Las madres buscadoras han dejado de ser únicamente familiares afectados para convertirse en uno de los actores sociales con mayor autoridad moral dentro del país.

La presencia de las Madres Buscadoras y sus justas protestas durante la inauguración del Mundial confirma que la crisis de desapariciones ya no puede entenderse como un asunto más, sino que forma parte de la conversación nacional y, cada vez más, de la conversación internacional.

Por supuesto, algunos argumentarán que los grandes eventos deportivos no deberían mezclarse con demandas políticas o sociales. Sin embargo, la historia demuestra lo contrario. Los escenarios globales siempre han sido utilizados para visibilizar causas que, de otra manera, tendrían menos posibilidades de ser escuchadas. Lo que cambia son los actores y las demandas.

Detrás de las pancartas, las fotografías y las consignas existe una realidad difícil de ignorar: para miles de familias mexicanas la búsqueda no ha terminado. Y mientras esa búsqueda continúe, cualquier celebración nacional, por grande que sea, convivirá inevitablemente con el recordatorio de las ausencias.

El Mundial pasará. Los estadios se vaciarán. Las selecciones regresarán a casa.

¿Cómo se va a resolver el desafío de construir un país donde las familias sepan dónde están sus hijos? Sin que el crimen los desaparezca.

Es pregunta sin pena máxima.

Post Data: cuando el mundial de Argentina 1978 -vivían la dictadura- se dice que en los sótanos de la ESMA los secuestrados y torturados oían los festejos por el campeonato mundial.

¿Qué se escribirá del Mundial de México 2026?