Abrimos el mes de julio con la ilusión a tope, una ilusión que se siente en las calles y en todos los rincones de la muy extensa República Mexicana; la selección de México está ante la oportunidad más grande en los últimos 40 años de exorcizar todos los demonios que han azotado al plantel nacional Copa del Mundo tras Copa del Mundo.
De manera contundente y con una autoridad que hacía años no se veía, México se impuso a Ecuador por marcador de 2-0 en el Estadio Azteca, en lo que fue el penúltimo partido a celebrarse en nuestro territorio, dado que este domingo se celebrará el último encuentro pactado en nuestra nación, despidiendo así una localía que ha impresionado a propios y extraños en este verano, dado que ningún equipo participante ha mostrado un respaldo tan impresionante de su afición, y han convertido el Coloso de Santa Úrsula en una auténtica fortaleza.
El plantel tricolor ahora deberá enfrentar a una selección importante a nivel mundial, no potencia, pero sí integrante de ese selecto grupo de equipos que imponen respeto y que con su sola presencia causan que el rival sienta pesadas las piernas antes de salir a jugar. Pero si algo podemos asegurar, es que no son un equipo invencible.
Inglaterra llega a los octavos de final jugando un fútbol sumamente pragmático, mostrando un gran nivel contra Croacia en su debut, flaqueando y batallando en serio para apenas arañar un empate ante Ghana, y ganarle con lo justo a la selección de Panamá, en sí nada del otro mundo. En su partido de 16vos se tuvo que medir a la República Democrática del Congo, y pudimos ver a un equipo bastante cansado y en ocasiones completamente apático y bloqueado ante la situación, puesto que los africanos llevaron hasta el minuto 75’ la ventaja en el partido, pero el miedo al éxito los abrumó y terminaron doblando las manos.
En el caso de México, su triunfo ante Ecuador fue sumamente pletórico, nutrido por una provocación generalizada del aficionado ecuatoriano ante el reto, desprestigiando los resultados que ha obtenido hasta ahora el plantel de Javier Aguirre. Con un Julián Quiñones en gran momento, y Raúl Jiménez acrecentando su leyenda como jugador importante de la selección, el equipo tricolor sigue avanzando y jugando cada vez mejor, donde también Erik Lira y Gilberto Mora se alzan como los actores de reparto junto a Roberto Alvarado que más han empujado hacia adelante en miras de que el equipo logre llegar a esos cuartos de final.
Como dijimos hace un momento, Inglaterra en sí es una selección importante, claro, ellos inventaron el fútbol; sin embargo, su polémico campeonato obtenido en su tierra en 1966, sumado a su nulo palmarés en Eurocopas, y con apenas dos Juegos Olímpicos ganados en 1908 y 1912, nos dicen que es un equipo que presume más de lo que realmente tiene.
Claro, no estamos diciendo que los ingleses no tengan argumentos para poder conseguir la victoria, sería un despropósito ignorar y ningunear a jugadores como Harry Kane, Jude Bellingham, Declan Rice o Nico O’Reilly, pero lo que sí queremos dar a entender es que no tenemos por qué tenerle miedo a la selección de los tres leones.
Recordemos algo muy importante, tenemos el factor localía como punto a favor, y ciertamente el Azteca lleno y empujando al equipo tricolor es completamente imparable, lo dijo en su momento Agustín Marchesín cuando era portero del América antes de una semifinal del fútbol mexicano: “Cuando el Azteca está lleno, somos imparables”. Y ya lo ha demostrado México en sus tres compromisos previos, hay una atmósfera indescriptible que pocos estadios en el mundo pueden replicar.
En el Estadio Azteca se consiguió una Copa Confederaciones en 1999 ante la poderosa selección de Brasil, mostrando un fútbol total e imponiéndose con la fuerza y empuje de los aficionados. Jugadores como Jordan Pickford o el propio Bukayo Saka, que en sus clubes han mostrado una tendencia a tener piernas de gelatina ante escenarios importantes, cuando vean la magnitud del recinto pintado de verde, creemos que mermará su lado psicológico de igual forma.
Otra cosa por mencionar es el factor altitud que los ingleses jamás en sus carreras han experimentado; equipos como República Checa lo demostraron durante su partido ante México cuando comenzaron a arrastrar las piernas; Ecuador que se jactaba de estar impuesto a esas condiciones de altura, tampoco pudieron soportar el ritmo de juego durante todo el partido. Con esos antecedentes, y si le sumamos a las difíciles condiciones climáticas que Inglaterra ha acusado durante toda la Copa del Mundo, nos hace pensar que su visita a la Ciudad de México será muy compleja y les cobrará factura.
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Ahora bien, un punto importante a mencionar, y lo hablo desde el aspecto personal, es esta campaña que hemos visto durante la Copa del Mundo que hasta ahora nos ha llevado a este momento, la antesala de lo que puede ser un juego histórico, el popular “¿y si, sí?
Ha llegado a marcar el colectivo nacional a tal punto que lo vemos en cualquier lugar: paradas de autobuses, espectaculares en la calle, comerciales de televisión, vamos, hasta impreso en el producto de una popular marca de huevos. Es más, hasta Guillermo Ochoa salió con un sombrero con esta oración de tres simples palabras impresa en el frente.
Pero aquí es donde yo quisiera hacer mi apunte personal; al menos yo creo que esta frase ha pegado tan fuerte en la histeria colectiva porque representa bastante bien a lo que es el mexicano promedio: aspirar a algo consciente de que es difícil o imposible de lograr, más allá de una realidad, un simple anhelo.
Es como decir: “yo sé que no lo lograré, pero ¿y si en una de esas lo consigo?”.
Al menos para el autor de estas líneas, esta frase emite una mentalidad derrotista o agachona, como si subestimáramos nuestras capacidades y vamos a este partido con la idea de que hasta aquí llegamos siempre y bueno, ojalá pase lo contrario esta vez.
No amigos, este tipo de mentalidad es la que nos tiene en los mismos resultados de siempre, y aplica para cualquier aspecto de la vida, no solamente para un partido de fútbol donde nuestras esperanzas se depositan en 11 jugadores que en la vida nos hacen. Este tipo de pensamientos nos alejan de lo que queremos lograr, nos hacen ver como alguien chiquito y que no tiene la capacidad de conseguirlo.
En lugar de andar diciendo “¿y si, sí?”, cambiémoslo por el “¡claro que sí!”, porque tenemos la capacidad, tenemos el talento, y tenemos la manera de demostrar que no somos menos que otro país u otras personas, todo lo que queremos y vamos a lograr, parte de decirle a nuestro cerebro que “claro que se puede”, no de un “ojalá se pueda”.
Este equipo, a diferencia de otros mundiales, tiene el talento suficiente para hacerle frente a Inglaterra, además de ello han logrado integrar un grupo unido, con la mentalidad de que se pueden conseguir los objetivos que nos planteamos, y busquemos contagiarnos de esa mentalidad para nuestra vida diaria, así como la selección tiene los argumentos suficientes para avanzar de ronda, nosotros como mexicanos también tenemos los argumentos suficientes para salir adelante y cumplir nuestros sueños y alcanzar nuestras metas, por más distantes o grandes que sean.
Cambiemos el “¿y si, sí?”, por el “claro que sí”.
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Aquí le dejamos por hoy, nos leemos el próximo lunes con el festejo de alcanzar los cuartos de final.
Hasta la próxima.
