Reinventando la Política
En México cuando hablamos de inseguridad, casi siempre pensamos en el robo de vehículos, homicidios, desaparecidos, el huachicol, la extorsión o el narcotráfico. Pocas veces miramos hacia los hospitales públicos. Sin embargo, ahí también existe un mercado ilegal que cuesta millones de pesos y, peor aún, puede costar vidas.
Hasta ahorita, no existe en nuestro país una estadística nacional que informe cuántos trabajadores del IMSS o del ISSSTE han sido detenidos por el robo de medicamentos. Paradójicamente, conocemos con mayor precisión el número de vehículos robados que el de tratamientos oncológicos, medicamentos para VIH o fármacos para pacientes con diabetes que desaparecen de los hospitales públicos.
En ese sentido, la ausencia de información no significa que el problema no exista. Al contrario, los casos documentados muestran que el robo de medicamentos suele involucrar productos de alta especialidad cuyo valor alcanza decenas o incluso cientos de miles de pesos por caja. No se trata del analgésico común; se trata de medicamentos que representan la diferencia entre la vida y la muerte de un paciente.
Sinaloa no ha sido ajeno a este fenómeno. Hace años, las investigaciones realizadas en el Hospital Regional número 1 del IMSS en Culiacán evidenciaron que el problema puede ir mucho más allá de una conducta individual. Cuando desaparecen cientos de piezas de medicamentos de alto costo, el tema obligado es si estamos frente a actos aislados o ante redes que aprovechan las debilidades de los controles internos para alimentar un mercado clandestino.
Es por ello, que cada caja robada representa mucho más que una pérdida económica. Es tal vez, una quimio que no llega a tiempo, un tratamiento suspendido o una familia obligada a comprar en el mercado privado lo que el sistema público no pudo garantizar, no por provisión, sino por robo.
Tal vez la discusión ya no debería centrarse únicamente en el desabasto de medicamentos, sino también en su trazabilidad. En la logística: saber qué se compra, dónde se almacena, quién lo recibe, quién lo entrega y quién responde cuando desaparece debería ser una exigencia elemental de transparencia.
Porque mientras el robo de medicamentos siga siendo una estadística invisible, seguirá siendo un delito silencioso.
Y los delitos silenciosos suelen ser los que más tardan en corregirse, porque no se habla de eso, eso sí, en el tema del robo de medicamentos ya se empieza a hablar y empezó en Sinaloa.
¿Y esa red? ¿Y por donde es la vía del mercado negro? ¿Whastapp? ¿Dark web?
Y en ese sentido, ¿Se sigue investigando?
En este tema el desabasto de medicamentos, el robar… también… mata.
