Es muy bueno cambiar de tema ahora que ha terminado el Mundial. Fueron 40 días de torneo y una vigilia muy intensa hablando del deporte más popular de mundo, y precisamente por eso resulta sumamente reconfortante cambiar de tema y lanzarnos con la noticia del momento, la que está acaparando los rotativos de Estados Unidos y del plantea básquetbol en general: LeBron James se rehúsa a retirarse y todavía le queda un cuarto de gasolina en el tanque.

El mejor basquetbolista en la historia, tanto en méritos deportivos como en longevidad de su carrera, decidió que 41 años, casi 42, no son suficientes para decirle adiós a las duelas, y tras anunciar su salida de los Lakers de Los Ángeles tras 8 temporadas con el equipo lagunero, LeBron encontró refugio en los 76ers de Filadelfia para aventarse dos temporadas más a cambio de 8 millones de dólares.

El alero más laureado en la historia del básquetbol compartió un emotivo mensaje por sus redes sociales, donde asegura que aún tiene mucho por dar a este deporte que tanto ama; y siendo francos, con los 41 años que trae encima, su experiencia y forma física nos ha demostrado que tiene la capacidad para mantenerse compitiendo en el máximo nivel que representa la NBA.

Un atleta en toda la extensión de la palabra que tiene tres medallas de oro, cuatro anillos de campeón de la NBA más otros cuatro galardones de jugador más valioso de las finales, así como también cuatro galardones de jugador más valioso de toda la liga, y más de 1,600 partidos disputados; cuenta con todas las credenciales para él mismo pintarse la raya del “hasta aquí”.

James ha protagonizado junto a Michael Jordan un eterno debate entre los entusiastas de este deporte para determinar a la verdadera cabra de este deporte (goat en inglés), es decir, el mejor que ha pisado las duelas del mejor básquetbol del mundo.

Mucho de este debate se centra en lo que algunos aficionados vieron, es cierto, en su momento la NBA era más física y Michael Jordan logró brillar intensamente durante los años 90 cuando los Toros de Chicago fueron los absolutos dominadores de este deporte. Sin embargo, LeBron James ha logrado amasar una carrera de más de 20 años en este deporte, siendo absolutamente dominador en la gran mayoría de su trayectoria, y mostrando una capacidad de asociarse con básicamente cualquier individuo que ha jugado junto a él en los tres equipos, ahora cuatro, donde ha repartido su carrera.

Sin buscar meternos en mayores debates, y centrándonos estrictamente en lo que ha hecho LeBron James hasta ahora, nos encontramos a uno de esos casos extraños que el nuevo milenio le ha dado al deporte estadounidense, teniendo como ejemplos al propio James y al mariscal de campo Tom Brady, cuyas carreras se han desarrollado enteramente en estos primeros años del nuevo milenio.

El oriundo de Akron, Ohio, tuvo una carrera injusta y muy mal pagada mientras jugó para su equipo de la infancia y de su estado de origen, los Cavaliers de Cleveland; resulta hasta ingrato el hecho de que fueron 11 temporadas liderando a un modesto equipo de los “Cavs” en busca de un anillo de campeonato, y más injusto suena decir que solamente logró entregarles un título a cambio de cuatro descalabros dolorosos en las finales, en su primera etapa ante unos Spurs de San Antonio que fueron de auténtico escándalo con Tim Ducan y Tony Parker al frente. Y en su retorno a Cleveland, cuatro finales consecutivas ante los Guerreros de Golden State que de nueva cuenta fueron un auténtico equipo de época con Stephen Curry, Draymond Green y Klay Thompson como sus grandes figuras.

Eso sí, debemos reconocer que LeBron siempre estuvo rodeado de jugadores de nivel medio en Cleveland, salvo la excepción de Kyrie Irving que fue su mejor escudero, en sus múltiples temporadas con los “Cavs”, James siempre tuvo que cargar con el equipo hasta donde se pudiera; prueba de ello fue aquella inolvidable temporada 15-16 donde los Cavaliers, perdón, LeBron James, remontó un 1-3 adverso en la final contra Golden State, ganando tres juegos de manera consecutiva, y con la cereza en el pastel de que aquel legendario juego 7 se disputó en la Oracle Arena de Oakland, dándole a Cleveland su único campeonato en su larga historia.

Por Miami su paso también fue de igual forma de escándalo, formando un tridente sumamente demoledor junto a Dwyane Wade y Chris Bosh, formando al mejor Miami Heat que la NBA ha visto, y que le permitió conseguir dos campeonatos a cambio de dos derrotas en las finales durante los cuatro años que jugó en Florida. Y si conectamos la segunda etapa de LeBron con los Cavaliers, estamos hablando de que el alero jugó por ocho años consecutivos las finales de la NBA, algo que no es cosa menor, y la dejamos ahí botando.

Llegar a Los Ángeles fue uno de sus retos favoritos en palabras del mismo jugador, un equipo que estaba acostumbrado a tener grandes estrellas, y que ahora recaían sus esperanzas en las espaldas del titán de este deporte. LeBron no se achicó ante el reto y siguió con su cuota ganadora, consiguiendo el anillo del 2020 para los Lakers, el cual ha sido su último campeonato a la fecha.

La edad no pasa en balde, y sus últimas temporadas pasó a tener un rol más secundario en unos Lakers que urgían talento joven en su plantilla, prueba de ello fue el fichaje de Luka Dončić, con quien compartió un par de temporadas bastante discretas para el jugador, en gran medida por el hecho de ser un basquetbolista veterano cuyos años estaban pasándole factura; sin embargo, esto lejos de detenerlo, hizo que LeBron supiera elegir sus batallas y en postemporada regalara sus mejores actuaciones, eso sí, cargando con un equipo carente de talento a su altura, como lo fue un buen tramo de su carrera.

El destino ha querido que juegue un par de temporadas más, en un equipo como Filadelfia que se encuentra todavía buscando la fórmula para terminar de ser un contendiente y conseguir un campeonato, a pesar de que no han sabido definir si el personal veterano aún es suficiente para llegar lejos, o ya es hora de empezar a buscar nuevos jugadores jóvenes que renueven la plantilla.